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31 de diciembre de 2013

2014

Dice Facebook que nuestro año ha sido fabuloso. La red social ha ideado para estas fiestas un algoritmo que selecciona las mejores imágenes de nuestro muro -las que han obtenido más me gusta durante estos doce meses- y elabora un álbum personalizado de un 2014 sonriente y glorioso. Aparecemos siempre en buena compañía, celebrando algún acontecimiento destacado en el calendario o simplemente disfrutando de un almuerzo al que acudimos con la ropa perfecta. Porque, puestos a inmortalizar momentos y difundirlos, hemos aprendido que es fundamental elegir cómo y junto a quién queremos que sea el recuerdo. A fin de cuentas, nosotros nos iremos, pero las imágenes se quedarán.
Facebook, en realidad, sabe muy poco de cómo ha sido nuestro año. Tampoco lo sabía en diciembre de 2013, cuando construyó millones de vídeos personalizados usando el mismo surtido artificial de selfies y fotos de grupo. Es verdad que reímos hasta la madrugada con amigos que hacía meses, e incluso años, que no veíamos; que nos emocionamos durante las dos horas que duró aquel concierto; que hubo silencios más elocuentes que un discurso de mil palabras; que viajamos a ciudades nuevas para descubrir otros mundos, pero también a otras repetidas para revivir ese pasado que tanto añoramos; que leímos libros tan perfectos como estimulantes; que fuimos felices. El experimento de Zuckerberg no nos miente, pero solo nos cuenta una parte de la realidad. 2014 también fue el año que aprendimos cómo duelen las despedidas que son para siempre (y las que vendrán); que a veces renunciar es sinónimo de ganar; que sentirse realizado es indispensable para hacer un buen trabajo; que no podemos acabar con el dolor de los que tenemos al lado, pero sí compartirlo para que sea más llevadero; que el futuro solo es una excusa para continuar, pero que sin metas no se avanza. Por supuesto, 2014 también fue el año en que el ébola llegó a Europa y el miedo pudo más que la solidaridad; la justicia siguió arrastrando demasiadas derrotas, pero algún juez decidió sentar a la infanta en el banquillo de los acusados; García Márquez murió y las editoriales sacaron ediciones especiales de sus títulos; Podemos irrumpió en la escena política; continuaron los desahucios; y más de 3.000 personas murieron en el Mediterráneo intentando llegar a Europa.
2014 tuvo algo en común con el resto de todos los años: volvimos a hacer otra lista de propósitos. Nos convencimos de que 2015 sí sería ese año fantástico, que Facebook nos daría la razón y que no envidiaríamos el año del de al lado. Volvimos a olvidarnos de que es más importante ser feliz que grabarlo, y que a veces hacer las dos cosas a la vez es imposible.

18 de diciembre de 2013

Todo cabe en una lista

Las listas tuvieron que inventarse en Navidad. Cada vez que el año está a punto de terminar proliferan los decálogos, las listas y, en general, las enumeraciones de casi todo. Están los mejores libros, las canciones que más triunfan en las radiofórmulas, las series más vistas y los regalos más oportunos para hombres mayores de 40. La tendencia se repite durante todo el año -a quién no le gusta constreñir-, pero los balances siempre son más simbólicos si se ciñen a un marco temporal. Y todo el mundo sabe que los marcos temporales se miden, preferiblemente, en años.

Esta afición por agrupar, clasificar o catalogar tiene mucho que ver con la necesidad de controlar, de abreviar todo lo que ocurre y reducirlo a una expresión que se pueda entender. Los autores de las listas suelen situarse a una altura considerable desde la que es más fácil ver el horizonte. El resto, saturados de información, adaptan sus gustos a esas guías, se olvidan de matices y acaban creyendo que la calidad siempre se esconde en una lista. El problema de asumir esta certeza es que la capacidad de buscar, y también de hallar, se pierde. Es aburrido que todo sea homogéneo, pero es que además es peligroso.

Hace unos días recordaba Juan Cruz en Twitter que las librerías siempre esconden libros imprescindibles que no están entre los más vendidos y que nadie ha colocado en el top ten de algún suplemento cultural. Seguro que Jorge Carrión, que acaba de publicar un ensayo apasionante sobre la geografía que ha dibujado recorriendo librerías, está totalmente de acuerdo. Cuando uno entra en una librería, el menor de sus deseos es ir a tiro hecho -aunque a veces sea un imperativo por el tiempo- o que el dependiente le mire con incomodidad si pasa más tiempo del recomendado ojeando libros. Lo que necesita es perderse entre estanterías para poder encontrar lo que necesita en ese instante. Las recomendaciones, las últimas publicaciones o los best seller pueden situarse a la entrada, en un mueble dedicado en exclusiva a ellos. No hay problema siempre y cuando recordemos que detrás hay mucho más.

Es verdad que todo cabe en una lista, pero solo porque pueden existir tantas listas como estemos dispuestos a elaborar. Quizá el problema no sean los repertorios o los inventarios, sino nuestra disposición y nuestra habilidad para hacer recuentos. Hay que dejar que las voces autorizadas nos guíen, pero hay una parte que únicamente se hace con la originalidad que da la experiencia propia, no la ajena.

9 de diciembre de 2013

La desigualdad de PISA

Pasan los años y el panorama es demasiado parecido como para albergar esperanzas. Los alumnos de 15 años se han estancado en matemáticas y apenas han avanzado en comprensión lectora y ciencias. El último informe PISA, referente al año 2012, ha vuelto a demostrar que algo falla en España y que seguimos sin averiguar qué es. ¿De quién es la culpa? ¿Son más responsables los padres, las leyes o los profesores?

Hay cuestiones que no tienen una única respuesta, pero también hay problemas que exigen preguntas que no estamos formulando. Las leyes incompletas y diseñadas a gusto del gobierno de turno, el desprestigio o la inapreciable motivación del profesorado (depende del caso) y el nivel de implicación de los padres influyen mucho en el rendimiento académico. Estas tres variables, sin embargo, no explican por sí solas los índices de abandono y fracaso. La desigualdad social alimenta estas estadísticas. Está comprobado que el nivel formativo de los padres tiene un efecto claro y contundente sobre el desarrollo académico de los hijos. Por ese motivo algunos sociólogos establecieron hace tiempo el vínculo entre fracaso escolar y clase social.

El ranking de PISA es un buen momento para analizar en qué áreas tenemos conocimientos deficientes o para criticar que alguna comunidad -esta vez Canarias es una de ellas- haya decidido no participar para obtener una muestra detallada. Pero, más allá de diagnósticos superficiales, el estudio sobre competencias tiene que ser el punto de partida para un debate profundo donde se desgranen dos variables tristemente entrelazadas: la desigualdad y el conocimiento. Ese es el verdadero reto, pero en los medios de comunicación se avivan siempre las mismas discusiones: la presencia de la religión en las aulas, la violencia en los centros escolares o los contenidos de Educación para la Ciudadanía. Mientras tanto, el fracaso escolar sigue siendo un ejemplo clamoroso de cómo el origen socioeconómico es capaz de determinar el futuro de una persona que, solo por azar, nació en una familia que no supo valorar la formación.

La educación no acabará con la desigualdad: los maestros solo son maestros. ¿Queremos mejorar el rendimiento dentro del aula? No podemos olvidarnos de otros retos, pero hay que marcarse uno fundamental: luchar para que se implanten políticas que garanticen la igualdad de oportunidades. Solo así cambiará la educación y, de paso, cambiará todo lo demás.


28 de noviembre de 2013

¿Por qué Europa necesita una nueva estrategia global?

Francisco de Borja Lasheras, director adjunto de ECFR Madrid, presenta la nueva publicación de ECFR Why Europe needs a new global strategy, y nos explica por qué es tan importante una nueva estrategia global europea.

27 de noviembre de 2013

Cines y despedidas



Era cuestión de tiempo, pero la noticia no fue menos horrible por eso. Los multicines Price no pudieron esperar hasta enero, la fecha prevista pero no anunciada, para el cierre. La falta de espectadores obligó a su dueño a adelantar la despedida y el lunes tuvo lugar la última sesión. Fue un día triste para los amantes del cine, pero sobre todo fue un día para pensar en lo que está haciendo la crisis con la cultura, especialmente en un territorio alejado y fragmentado como es un archipiélago.

Desde 2008 muchos cines han cerrado en todo el país. Algunos pertenecían, igual que los Price de Santa Cruz, a la cadena Renoir. Esta empresa llevaba muchos años funcionando como un gueto cultural en el mejor sentido de la palabra: ofrecía lo que era imposible encontrar en cualquier otro lugar de la Isla. Las películas que se proyectaban en la calle Salamanca no tenían sitio en el resto de las carteleras. Esas producciones, ese circuito de cine alternativo, no llegará ya a Tenerife. Por eso duele tanto.

Lo mismo ocurre desde hace tiempo con la música. Alquilar una furgoneta, llenarla de instrumentos y viajar hasta una ciudad española es caro. Aterrizar en una isla que está a más de dos mil kilómetros es una utopía. El momento de las bandas de rock se ha terminado.

Hace unos días, Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, alertaba del efecto devastador de la ausencia de mecenas: “Para la cultura, la gran tragedia de esta crisis es la quiebra de las cajas de ahorro. Con todo el derroche y el gasto inmotivado que haya podido haber, las cajas producían también una enorme cantidad de actividad cultural muy valiosa: exposiciones, ciclos de conferencias, premios literarios o artísticos, conciertos… Y todo eso no va a volver”.

El fin de los Renoir tiene una carga emotiva ineludible para muchos de nosotros, que hemos sido protagonistas de otras vidas dentro de esas salas, pero, además, deja al descubierto un déficit del que nunca hablamos: el déficit de civilización. Ese margen solo se cubre con más cultura, pero no hemos sabido, no hemos querido o no hemos necesitado -que es mucho peor- defenderla. Esta despedida es también una buena oportunidad para recordar Cinema Paradiso y aquella gran frase: “Tarde o temprano llega un momento en el que callar y hablar es la misma cosa”.

23 de noviembre de 2013

Emilio Lledó: “La verdadera crisis es la de la inteligencia”


Acaba de cumplir 86 años, pero irradia felicidad y esperanza. Emilio Lledó (Sevilla, 1927 ) ha impartido su vocación en universidades extranjeras y españolas, entre ellas la de La Laguna. Esta semana asistió como invitado de honor a una nueva edición de El mundo que queremos, de la Fundación CajaCanarias.

-¿La crisis ha reducido nuestra capacidad de pensar, de replantearnos las cosas?

“Creo que no estamos tanto ante una crisis económica, sino en una crisis de la mente, de nuestra forma de entender el mundo. La crisis más real -con independencia de los problemas económicos, que son muy reales- es la crisis de la inteligencia. No estamos solo ante una corrupción de las cosas, sino ante una corrupción de la mente. A mí me llama la atención que siempre se habla, y con razón, de libertad de expresión. Es obvio que hay que tener eso, pero lo que hay que tener, principal y primariamente, es libertad de pensamiento. ¿Qué me importa a mí la libertad de expresión si no digo más que imbecilidades? ¿Para qué sirve si no sabes pensar, si no tienes sentido crítico, si no sabes ser libre intelectualmente? También ocurre que uno intenta pensar y escribe cuatro especulaciones y no puede hacer nada. Piensas pero no tienes poder. De ahí el poder de la política”.

-¿Cómo consigue no caer en el pesimismo después de decir eso?

“No soy nada pesimista. Solo soy pesimista, en cierto sentido, porque ya soy mayor y me queda poco tiempo, o menos tiempo, pero a mí me parece que la vida es algo muy hermoso y muy estimulante. Tenemos que darnos cuenta y no podemos olvidarnos de la posibilidad que tenemos de mirar. Los filósofos griegos me enseñaron que la palabra ‘idea’, que nos remite al idealismo, significa mirar. Mirar con los ojos, no con la mente. Y después de eso viene la educación…”.

-Hablando de educación, la nueva reforma educativa elimina la obligatoriedad de dos de las tres asignaturas de Filosofía en Secundaria y Bachillerato. ¿Qué consecuencias tendrá en el futuro?

“Me parece un disparate, una cosa inconcebible, cuando hoy precisamente en el mundo tecnológico es tan importante la reflexión sobre los sentimientos, sobre las acciones, y a eso ayuda la filosofía”.

-Dice que le preocupa más la corrupción de la mente que la corrupción tradicional. ¿Quién está corrompiendo nuestras mentes?

“Una política de la mentira y una educación que no se ha tomado en serio. La educación es la esencia de partida social y si eso falta la sociedad de va a pique. Filosofía significaba apego a entender. Preocupación por saber qué mundo es el tuyo, qué sociedad es la tuya y cómo compartir la vida con otros. Por eso es tan importante la política, aunque hoy se hable de la destrucción de la política”.

-Lo que quizás ha conseguido la situación actual es que la gente tenga más apego por saber, más necesidad de filosofía… 

“Sí. Quizá la crisis nos ha dejado al aire, al descubierto, y eso nos estimula, por eso es tan importante que los jóvenes se formen, y que tengan acceso a una educación de calidad. Yo he vivido mucho tiempo fuera de España en grandes países tecnológicos, y en un país como Alemania nunca apostarían por una universidad privada”.

-A nosotros nos han obligado a pensarlo todo en términos de rentabilidad económica..

“Exacto. La economía es importante, pero es solo una parte. Hay que dejar que los muchachos, los cinco o seis años que están en la universidad, se entusiasmen con algo, que no se obsesionen con cómo ganarse la vida, ya se la ganarán o la lucharán. La obsesión por ganarse la vida es la forma más radical de perderla”.

-Después de ser un niño de la Guerra Civil en España y de vivir en Berlín la caída del muro, ¿cómo ve la situación actual en cuanto a libertades y derechos?

“Como niño de la Guerra Civil sé lo que es el hambre, pero no el hambre como metáfora. El hambre, hambre, hambre de Madrid de los años 40. No tener qué comer durante años. Era una situación patológica, había acabado una guerra, y había unos vencedores y unos vencidos. Eso hoy no existe, hoy se nos ofrecen un montón de cosas. Estamos en la sociedad del consumo, en una sociedad que acaba consumiendo al consumidor. Pero es consumo vacío, consumo consumiente, que te consume, que te deteriora”.

-Eso lleva a otra pregunta: ¿Cómo nos está deteriorando el uso perverso del lenguaje?

“De una manera increíble. Una forma de deteriorar la mente es deteriorar el lenguaje. Utilizamos palabras sin pensarlas. Por ejemplo, ahora hay que ponerlo todo en valor. Sin embargo, no sabemos qué es el valor porque no sabemos lo que son los valores. La universidad tiene que fomentar un debate sobre los ideales. Los creadores de riqueza son necesarios, pero unos pasos más adelante hay que crear algo que rompa la pura pragmacia. O la practiconería, que es una palabra que seguro que la Real Academia no aceptaría, pero que me parece muy expresiva”.

-¿Confía en que en el futuro seremos menos pragmáticos?

“Yo creo que sí. Si no sería la muerte. Tenemos que dejar esa herencia de idealismo”.

20 de noviembre de 2013

La ley del miedo

Corren malos tiempos para los rebeldes. El borrador de la nueva ley de Seguridad Ciudadana, que se hizo público ayer, revela que el miedo campa a sus anchas. El texto recoge como infracción muy grave participar en una manifestación ante el Congreso o cualquier otra institución del Estado si la protesta no se ha comunicado previamente o no ha sido autorizada. Además, quienes utilicen Facebook o Twitter para convocarla o difundirla también se enfrentarán a multas que pueden llegar a los 600.000 euros. Hay muchas más novedades, como castigar el botellón, el daño al mobiliario urbano o deslumbrar con punteros láser a pilotos, maquinistas o conductores de autobús, pero estas propuestas han quedado eclipsadas por la batería de medidas que los populares parecen haber redactado para evitar más réplicas del movimiento 15-M.

La norma, como casi todas, incorpora algunas sanciones que la mayoría de los ciudadanos aplaudiría, y que tienen que ver con la cultura cívica, pero también demuestra algo preocupante: la incapacidad de abordar la realidad sin ampliar el listado de prohibiciones. En tiempos de permanente desasosiego, la realidad ha sorprendido a más de uno. También al Estado, que ha perdido gran parte de su capacidad transformadora en favor de multinacionales y mercados, y ahora cree que podrá redecorar el paisaje nacional a golpe de ley. Es muy peligroso reprimir la frustración, pero también identificar a cualquier persona indignada con un maleante anarquista. El Estado no solo lo ha hecho, sino que se ha olvidado de que mientras no se reduzca el enorme margen de incertidumbre en el que viven millones de personas, nada será diferente.

El sociólogo Zygmunt Bauman explicaba, en sus múltiples trabajos sobre la sociedad actual, que el miedo se ha hecho más profundo al hacerse más disperso y más difícil de cuantificar. El miedo en la globalización tiene mucho que ver con la cultura laboral de la flexibilidad. El ser humano siempre ha intentado transformar los miedos cotidianos en temores asumibles, pero la falta de control sobre casi todo lo que nos ocurre cada día arruina cualquier previsión de futuro. Nuestros dirigentes deberían estar trabajando para reducir ese margen de incertidumbre, mas, están tan asustados que se dedican a protegerse de sus ciudadanos. Pero, ¿no los habíamos contratado para gobernar?

13 de noviembre de 2013

Se chove, que chova!






La cadena de supermercados gallegos ha estrenado su nuevo spot 'Se chove, que chova!' y ya lleva más de 722.000 visualizaciones. El anuncio, además de ser original, es un canto al optimismo que, aunque no seas gallego, merece la pena ver. Pone de buen humor y una acaba pensando: pues si llueve, ¡que llueva!

Los aguafiestas




Música a todas horas y a todo volumen casi todos los días de la semana durante cuatro largos años. Vivir al lado de una pianista puede ser un infierno, por mucho que una disfrute con la música. Llega un momento en que la soledad que solo otorga el silencio es imprescindible. Sonia cree que se le negó y que esa contaminación acústica le generó problemas de ansiedad. Por eso, después de muchas denuncias, acudió a los tribunales y esta semana, su vecina, la pianista incansable, ha tenido que sentarse en el banquillo para enfrentarse a una pena de siete años y medio de cárcel. Además, la fiscalía ha exigido su inhabilitación para ejercer cualquier profesión que tenga que ver con el piano durante cuatro años, una multa de 10.800 euros y una indemnización de 9.900 euros. Y todo por dar rienda suelta a su vocación, por tocar el piano en casa.

Solo la justicia podrá determinar quién tiene razón, y cuánta, en el sorprendente caso de la pianista de Gerona. Sin embargo, que esta historia haya encontrado un lugar privilegiado en periódicos nacionales es la excusa perfecta para hablar de la necesidad de silencio y de cómo el ruido sacude nuestras vidas. La mayoría de nosotros, por pura estadística, no tiene como vecino a un artista enamorado de su instrumento, pero tampoco encuentra muchos momentos de silencio. Las ciudades -en España casi por definición- son extremadamente ruidosas. Camiones de basura a las doce de la noche, obras antes de las ocho de la mañana y sirenas que suenan desde que amanece. A ese ruido ambiental hay que añadir, además, el que hacen esos bares contra los que no es de recibo alzar la voz. En Santa Cruz de Tenerife, según publicó el Boletín Oficial de Canarias el 14 de agosto de 2013, los establecimientos de restauración pueden abrir todos los días de seis a dos de la mañana.

Seguramente este reglamento, matizado a través de una ordenanza y que legaliza solo cuatro o seis horas de silencio en función del día, no es una excepción en el resto del territorio español. Tampoco que la única compensación que corra a cargo de los bares sea que la policía, si lo estima oportuno, acuda a verificar que el bar de abajo está haciendo más ruido de la cuenta y abra expediente. Por lo visto, de momento, lo único que nos queda es armarnos de paciencia y comprar más antiojeras, porque nuestros dirigentes nos han condenado a vivir en la eterna era del ruido, donde la única solución oficial para hacerse escuchar es gritar más. Y así nos va.

8 de noviembre de 2013

La periodista de Canal 9 y las derrotas ajenas




Supongo que siempre ha ocurrido. Antes sólo pasaba en las plazas y en las cafeterías y no en Twitter, al alcance de cualquiera. Estos días hemos podido seguir en directo la cruzada contra la periodista de Canal 9 -la televisión autonómica valenciana- que decidió contar su verdad una vez que el imperio propagandístico se vino abajo. La necesidad humana de destruir quedó reflejada en los incontables tuits que se escribieron entonces. Muchos usuarios -una gran mayoría periodistas- no entendieron que aquella joven hubiera sido capaz de callarse tantas injusticias, de haber (mal) informado del accidente de metro a sabiendas de que se estaba ocultando parte de la verdad y de haber ayudado a construir una perversa red de televisiones autonómicas al servicio de los gobiernos de turno.



Recuerdo que el periodista Javier Bernabé -que acuñó el término de periodismo preventivo- dijo una vez en una entrevista que admiraba el juramento de los médicos, una promesa de solidaridad que es capaz de traspasar todas las fronteras, las geográficas y las empresariales, y que le gustaría que algún día el periodismo fuera capaz de comprometerse así, de asumir unos principios generales y de defenderlos en cualquier momento y en cualquier lugar. Su hipótesis tiene mucho que ver con aquello que decía Ryszard Kapuscinski, que las malas personas no valen para ser periodistas. El problema surge cuando tenemos que trazar la línea que separa a los buenos de los malos. ¿La periodista de Canal 9 es la mala? Si la respuesta es afirmativa, ¿quiénes son los buenos?



Todo el mundo tiene derecho a opinar, pero siempre confiaré más en las opiniones que vienen avaladas por un modo de vida. En unos tiempos en que los medios están excesivamente controlados por las empresas y las administraciones -sí, se aprovechan de la crisis-, ¿quién no está haciendo demasiadas concesiones?


Bernabé estuvo esta semana en Tenerife en una jornada organizada por la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Laguna. Antes de sentarse en la mesa redonda que le tocó estuvimos hablando de la situación que vive el sector y me adelantó el mensaje principal de su intervención: "Monten algo". Hace años era imposible: no estábamos en la era de internet, donde poner en marcha un medio es factible. "¿Es difícil? Sí, pero por primera vez es posible".


Deberíamos concentrarnos en eso. En las posibilidades que tienen los que vienen y los que estamos, en analizar nuestras derrotas antes de acribillar al que reconoce públicamente que se equivocó y en idear mecanismos para evitar más renuncias.  Exigir a los demás lo que somos incapaces de exigirnos a nosotros mismos es de cobardes. Y eso sirve para el periodismo y para casi todo.

6 de noviembre de 2013

Mentiras europeas

Cuando el programa Erasmus cumplió 25 años, el ex vicepresidente de la Comisión Europea Manuel Marín recordó públicamente cómo y cuándo surgió ese invento académico que acabó convirtiéndose en uno de los engranajes del proyecto europeo.

Corrían los años 80 y, como ahora, muchos habían olvidado el papel que el carbón y el acero habían tenido en la reconciliación franco-alemana y en la instauración de la paz en el continente. El derrumbe de las dos dictaduras ibéricas, la portuguesa y la española, ofrecía en aquellos años una oportunidad para apostar por la ampliación y la culminación del mercado común. Se hizo, y también se impulsó lo que se llamó la Europa de los Ciudadanos. Ahí apareció el proyecto Erasmus, un programa de intercambio de estudiantes que ha hecho más por la integración europea de lo que entenderemos jamás. Esta semana volvió a ser noticia, pero en un contexto distinto al de entonces. En pleno descrédito de la Unión Europea, y tras años de recortes, el ministerio que dirige José Ignacio Wert decidió, con el curso ya empezado, suprimir las ayudas estatales a los erasmus que no reciban beca general. Su decisión llegó después de cambiar las exigencias para ser beneficiario de una beca y elevar la nota a un 6,5.

El enfado nacional colapsó Twitter. España es uno de los países que más estudiantes envía y recibe, y la mayoría se encontraba ya en sus países de acogida. Algunos de esos alumnos aprovecharon la plataforma de queja colectiva change.org para formular una petición que ayer ya habían firmado más de 200.000 personas. El malestar, además, llegó hasta la propia Comisión Europea, que pidió al gobierno de Rajoy que rectificara y, para sorpresa de todos los españoles -nada acostumbrados a las disculpas políticas-, lo hizo. Lo curioso es que antes de que se produjera el milagro algunas comunidades anunciaron que sacarían de sus arcas el dinero necesario para ayudar a los erasmus. También José Miguel Pérez tuvo su momento épico y se mostró partidario de compensar a los jóvenes. Su propuesta habría significado algo si no se tratara del mismo consejero que hace menos de un año decidió suprimir las ayudas de movilidad a los jóvenes que estudiaran fuera una carrera que se ofertara en el Archipiélago y a los erasmus. Entonces argumentó lo mismo que Wert: darle más a los que menos tienen.

Europa necesita que los jóvenes sigan siendo sus mejores embajadores, pero también a políticos que sepan capaces de aprender del pasado y, aun así, de debatir y analizar cómo debe ser el futuro en un momento extremadamente complicado. Pero sin mentiras, por favor. Si los ciudadanos no son lo primero, no habrá Europa, pero tampoco España o Canarias.

Combinación explosiva: crimen organizado + terrorismo yihadista

Dos periodistas de Radio France International, Ghislaine Dupont y Claude Verlon, fueron asesinados el sábado en Kidal (norte de Malí). En el Sahel el terror tiene un componente distinto a otras zonas donde se mueve Al Qaeda o sus franquicias. Jesús Díez Alcalde, teniente del coronel del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), tiene claro que la combinación de crimen organizado y terrorismo yihadista es clave en esta zona de África, y sus efectos aparecen constantemente en los titulares de los periódicos. Son los cooperantes secuestrados, los inmigrantes que mueren de sed por el desierto y también los periodistas que son asesinados por intentar contar lo que está ocurriendo.  Merece la pena escuchar este audio de La Brújula sobre el tema:



Más audios en Onda Cero
Aquí puedes leer algunas informaciones interesantes relacionadas con lo ocurrido:
Asesinados a tiros dos periodistas franceses secuestrados en el norte de Malí

Un análisis del IEEE sobre el terrorismo global: Yihad, Martirio y Evolución del Terrorismo Islámico Global 

Elecciones presidenciales de 2013 en Malí: el difícil reto de instaurar la democracia tras el conflicto



1 de noviembre de 2013

Pues sí: son los mismos inmigrantes




Un grupo de niños, mujeres y algunos hombres que intentaba llegar desde Níger a Argelia murió en el pleno desierto del Sáhara a principios de mes, posiblemente de sed. Los cadáveres de 92 inmigrantes fueron recuperados en territorio nigerino a solo diez kilómetros de la frontera con Argelia. La tragedia no pasó desapercibida, pero casi. Soledad Gallego habló en la Cadena Ser sobre esos muertos sin nombre que se comió el desierto y nos recordó que hace poco ellos morían en nuestras costas. Entonces esas desgracias copaban portadas de periódicos. Conviene mucho escuchar o leer lo que piensa la periodista. La historia debería habernos enseñado que mirar para otro lado no tiene ningún sentido y, además, es inhumano. Aquí tienen el texto y el enlace de audio. 

"Todos los sofisticados sistemas de comunicaciones, los increíbles mecanismos de control de millones de personas en todo el mundo no les sirvieron de nada a los 52 niños, 32 mujeres y siete hombres que murieron de sed este mismo mes en un camino de Niger, cerca ya de la frontera con Argelia. Quizás eran refugiados, quizás intentaban ser inmigrantes. Quizás simplemente eran madres con hijos que creyeron que podrían sobrevivir mejor mendigando en las calles de Oran. Iban en un camión que se averió y quedó atrapado en un camino, una ruta muy bien conocida por ser vía para el transporte de personas que huyen de la miseria en Níger y países del Sahara. Echaron a andar y murieron. Dicen que muchos de los niños llevaban cuadernos y que eran posiblemente alumnos de alguna de las misérrimas escuelas coránicas que jalonan Níger. Es posible que los mas viejos de los siete hombres fueran sus profesores. Toda una expedición: madres, niños y maestros. Ayer los medios internacionales no les prestaron mucha atención. No nos sentimos tan responsables de los muertos de sed en las rutas a Argelia como de los ahogados en Lampedusa. Bueno. Pero conste que las rutas que atraviesan el Sahara se abrieron cuando se cerraron las playas de Mauritania y Senegal desde las que salían las pateras que hace pocos años llegaban a las Islas Canarias. Son los mismos".









Para entender la tragedia de Níger:
La travesía de Agadez o cómo morir en el desierto



30 de octubre de 2013

El presente no puede esperar

Los números, por mucho que se dividan por dos o por tres, siguen siendo muy duros. Hace solo unos días, la consejera de Empleo, Francisca Luengo, cuantificó en 55.000 los parados que se verán afectados por la inevitable disminución de ayudas después de que se aprueben las cuentas estatales para 2014. Su estimación coincidió con la publicación de un informe de la agencia Randstad que coloca a Canarias como la segunda comunidad con más parados de larga duración y advierte de que el 66% de los desempleados lleva más de un año buscando un trabajo. Seguramente todas las cifras son ciertas. Sin embargo, los porcentajes pasaron disimuladamente por los titulares de los periódicos. La repetición siempre logra ese efecto atenuante: la ausencia de novedad termina por adormecer. Ocurre con todas las tragedias, no importa el tipo.

Esa ausencia de novedad es lo que explica que las quejas de los dirigentes canarios se diluyan incluso cuando tienen razón. Hay quien dice que mirar para atrás no tiene sentido en estos tiempos de estrechez y que el camino se demuestra andando, pero tanto (injusto) recorte obliga a repensar el pasado más cercano, cuando el Archipiélago vivía su época de esplendor, y el turismo y la construcción convertían a Canarias en la ilusión de un nuevo Eldorado europeo. También entonces la comunidad era líder en número de desempleados y se situaba muy lejos de los estándares que Europa consideraba normales. No importó el lugar privilegiado en el mapa, su envidiable clima o las ayudas que se generaron durante todos los años que siguieron al ingreso en la Unión Europea.

La educación canaria siguió a la cola en todo el país, con unos índices de fracaso y abandono escolar que a nadie importaban. A fin de cuentas, cobrar 3.000 euros sin acabar la enseñanza obligatoria era posible y en ciertos ámbitos hasta habitual. Entonces, los ayuntamientos, los cabildos y el ejecutivo regional entendían sus planes de empleo como subvenciones. Ahora no queda dinero para mantener a miles de ciudadanos seis meses trabajando y seis meses cobrando el paro. Y es una tragedia saberlo y no poder hacer nada. Les dimos el pescado en vez de la caña. Ahora, con las arcas vacías, es cuando las aulas comienzan a llenarse. Buenas noticias para el futuro. Lástima que el presente no pueda esperar.

23 de octubre de 2013

#LaFiestadelCine: El precio sí importa

Un incremento de asistencia de un 550% de un lunes a otro. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero en el caso del cine -que esta semana anda de celebración- los datos son más impactantes que las imágenes de largas colas que han alegrado las secciones de Cultura de los periódicos. No es la primera vez que ocurre. Una vez al año, desde hace cinco, las salas se unen en su lucha contra el descenso de espectadores y venden entradas a bajo coste. En esta ocasión, en plena crisis y con la austeridad dictando las prioridades, un millón y medio de personas solicitaron su acreditación para escaparse de la rutina y colarse en una de las salas adheridas a la iniciativa.

El breve paréntesis, que solo se prolonga durante tres días, demuestra que las declaraciones recientes del ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, -“yo no habría subido el IVA pero el verdadero problema es la piratería”- son, como mínimo, discutibles. El precio influye tanto como la defensa personal y colectiva que hagamos de la cultura. Por eso, la masiva asistencia es como un oasis en medio del desierto. Hace que olvidemos, durante algunos días, que los Renoir Price ya no ofrecen películas en versión original y que ver una película extranjera sin doblar solo es posible en alguno de los reducidos pases de la Filmoteca Canaria y en TEA Tenerife Espacio de las Artes. O que meses atrás, para ahorrar, muchos cines decidieron vender entradas en la cantina, en lugar de en las taquillas. Sin embargo, cuando la Fiesta del Cine llega a su fin, la crisis vuelve a instalarse con fuerza en las salas, nos recuerda que los Renoir están agonizando en la calle Salamanca, y en otras muchas calles españolas, y que el TEA batalla cada día por mantener una programación estable.

Pero la crisis de la industria no solo reduce las oportunidades de adentrarnos en mentes ajenas y vivir otras vidas. También hace que miles de películas ni siquiera lleguen a aterrizar en nuestras islas. Por eso, hoy más que nunca, hay que agarrarse a experiencias que duran un par de días. Una de ellas tuvo lugar el fin de semana pasado. El TEA ofreció seis pases de The act of killing, una crónica del horror que recorrió Indonesia en los años 60 y su vigencia hoy. Hay otras películas, otros documentales, que no pueden derribar la frontera que estamos construyendo. El consuelo de los ignorantes es que para verlas no tendremos que viajar porque siempre nos quedará la piratería. Lo que yo me pregunto es si quedarán películas por las que hacer cola.

9 de octubre de 2013

Comunismo intelectual


Pagar o no pagar. Desde que Internet cambió nuestra forma de consumir el cine y la música, el reto ha sido el mismo: lograr que las descargas ilegales no se conviertan en la única fórmula para democratizar la cultura. El debate, sin embargo, se ha estancado, y la llegada de la crisis ha hecho que las oportunidades de reavivarlo se esfumen. La crisis ha puesto el candado a cientos de salas de cine, ha recortado el número de conciertos -especialmente en las ciudades pequeñas- y ha convertido el teatro en una actividad casi testimonial. Los empresarios son incapaces de hacer frente al IVA, el público fiel no puede permitirse los pequeños lujos de otros tiempos y la gran mayoría entiende que la propiedad intelectual es el nuevo campo experimental del comunismo. A fin de cuentas, si se puede ir al cine sin levantarse del sofá y a coste cero, ¿para qué ir? ¿Dónde está el incentivo?

Escribía Emilio Lledó días atrás que la música no solo amplía y enriquece nuestra capacidad de sentir, sino que nos permite entender mejor, pensar mejor, ser mejores. El argumento es igualmente válido para explicar por qué es importante el teatro o el cine; responde, en definitiva, a la pregunta de por qué la cultura nos humaniza. Lo que no consigue, ni conseguirá, es convencer a los indiferentes de que la cultura es patrimonio de la humanidad, pero que esa distinción no implica que tenga que ser gratis.

Hace unos días, en un reportaje publicado en Rockdelux sobre las ventajas y las desventajas de Spotify, un músico contaba la tristeza que sentía cada vez que escuchaba a alguien decir que en los últimos diez años no había comprado un disco.

No hay una sola explicación para esta tendencia. Los precios tienen su cuota de responsabilidad: incentivan la piratería. También influyen el comportamiento cortoplacista de las discográficas y la subida del IVA cultural o, lo que es casi lo mismo, tener un ministro de Hacienda que, en un exceso de simplicidad y prepotencia, achaca el descenso de taquilla del cine español a su mala calidad. Todo eso es cierto, pero hay una parte de responsabilidad que no estamos teniendo en cuenta. Hay gente que no puede pagar, pero hay mucha más que simplemente no quiere pagar. En ese grupo se encuentran, sin ir más lejos, los políticos y los periodistas, que intentan conseguir invitaciones de manera indiscriminada. Ahí está el gran problema de la cultura (que afecta al periodismo y a casi todo): si los que pueden pagar no pagan, la cultura jamás será democrática. De hecho, mucha dejará de existir.

2 de octubre de 2013

El derecho a veto

Cuando Libia se convirtió en un caos, la comunidad internacional exigió una respuesta y Naciones Unidas acabó invocando el principio de la responsabilidad de proteger. Fue un hecho histórico. Hasta entonces la promesa de que Ruanda, Sbrenica o Camboya no se repetirían era solo teoría; nunca se había llevado a la práctica. Se pudo hacer porque ninguno de los cinco miembros del Consejo de Seguridad -Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Rusia y China- utilizó su derecho a veto. En el conflicto sirio no ha ocurrido lo mismo. Los cinco ni siquiera se han sentado en la misma mesa: saben que no habrá acuerdo, que sus intereses particulares no permitirán que haya consenso y que la guerra siria seguirá su curso sin una acción coordinada.

Cada vez que Naciones Unidas tiene que tomar una decisión de este tipo se repiten las mismas cuestiones: ¿hasta qué punto es legítimo que un solo país pueda imponer su voluntad al resto? ¿Cuándo se reformará la estructura del organismo encargado de velar por la paz mundial?

Todos los sistemas que cuentan con derecho a veto son son una anomalía dentro de las democracias. Nos damos cuenta cuando vemos cómo funciona Naciones Unidas o la Organización Mundial del Comercio (OMC). Buscar el consenso absoluto tiene el riesgo de ignorar el pensamiento de la mayoría.

En estos tiempos en los que se habla tanto de que las democracias están en crisis porque los gobiernos nacionales no tienen autonomía frente a los mercados, deberíamos pensar en otro derecho al veto más cotidiano. La crisis no sólo está dando pie a más injusticias, sino que nos está haciendo más injustos. Cada vez queremos ceder menos y nos esforzamos más en anteponer nuestros deseos a los del resto. La explicación es muy simple: no confiamos en que exista un proyecto común. Estamos seguros de que nadie nos tenderá la mano cuando caigamos. Es exactamente lo mismo que llevó a las naciones vencedoras de la Segunda Guerra Mundial a mantener su exclusivo club tantos años después: la desconfianza y la certeza de que sólo ellos velarían por su propia seguridad. Ahora, sus intereses condicionan la política internacional y la vida de millones de personas; y nuestro individualismo boicotea nuestro propio modelo de convivencia. No podemos pedir democracia si nos la seguimos cargando en las distancias cortas.

Marca personal

Las redes sociales son el lugar perfecto para comprobarlo: vivimos en la era del envoltorio. O lo que es lo mismo, en un mundo donde el continente le ganó la partida al contenido. Sucedió sin que nos diéramos cuenta. El marketing ya se había apoderado del lenguaje mucho antes de que las nuevas tecnologías transformaran nuestros hábitos, pero nunca antes había ocurrido lo que está pasando ahora. Internet nos ha demostrado que sin una marca personal no eres nadie, no existes. Pero, ¿cómo se crea esa imagen? ¿Qué similitudes tiene el narcicismo digital con el nacionalismo de hoy?

Escribía hace unos días Antonio Muñoz Molina que el nacionalismo actual es kitsch y que “el kitsch es el imperio de los aspavientos incontrolados de la emoción y la sensibilidad, de la desproporción entre la sustancia y el envoltorio, del subrayado inexistente, del golpe de efecto seguro por encima de la sugerencia”.

Su definición del sentimiento independentista me recordó inevitablemente el comportamiento de muchos alter egos en Twitter o Facebook, que se pasan la vida demostrando lo asombrados que están de su propia elocuencia y sensibilidad. Algunos simplemente se han enamorado de sí mismos y necesitan mostrarse ante el mundo, buscar admiradores por doquier con los que garantizar una autoestima sin fisuras. Otros, simplemente, han entendido cómo funcionan las cosas hoy, que ya no vale con trabajar, tener inquietudes, divertirse o formarse. Saben que una de las fórmulas para triunfar pasa por comunicar, porque lo que no se publica en alguna red no ha sucedido.

En esta vertiente virtual del histrionismo es donde nos ha tocado vivir. La tecnología ha puesto a nuestro alcance un altavoz desde el que mostrarnos al mundo. Es una oportunidad fabulosa para compartir con otras personas sueños y batallas. El reto, ahora, es que sepamos separar, entre tanta propaganda, lo que de verdad merece la pena. No dejemos que el envoltorio sea más importante que el caramelo. No podemos permitirnos dejar de buscar, de indagar, de perseguir la excelencia. No debemos conformarnos con las apariencias. Cuando el sabio señala la luna con el dedo, el imbécil se queda mirando el dedo. ¿Seremos capaces de no hacer lo mismo?

11 de septiembre de 2013

Qué suerte vivir aquí

No sé cuándo escuché por primera vez que como aquí no se vive en ningún sitio o que “esto” no lo tienen en Madrid. Supongo que, como la mayoría, interioricé ese eslogan entrañable y chovinista del que luego se apropió Dorada y que protagonizó incontables campañas turísticas. Nunca lo cuestioné. Pero no fui realmente consciente de que era “esto” hasta que me fui y volví, hasta que añoré y odié el sitio en el que me tocó nacer. Ahora, cada vez que tengo la oportunidad de salir de Canarias, y de España, acabo preguntándome lo mismo: ¿de verdad se vive tan bien aquí?

Las vacaciones sirven para descansar, para alejarnos del trabajo, pero también para observar y analizar la realidad con la perspectiva que sólo da la distancia. Casi siempre que aterrizo en alguna ciudad de la península me encuentro con amplias y sólidas carreteras capaces de descongestionar ciudades que cuadruplican el número de habitantes de toda el área metropolitana de Tenerife. Entonces pienso en muchas de nuestras infraestructuras nuevas, que tienen la costumbre de estar obsoletas antes de inaugurarse. En otras ocasiones, como este último verano, descubro en Letonia y Estonia, a toda una generación de jóvenes -y no tan jóvenes- que dominan el inglés a la perfección, además de su idioma propio y del ruso. Ambos países comparten una historia casi idéntica. Sufrieron la ocupación soviética y la nazi, y no lograron la independencia hasta 1991, cuando se desintegró la Unión Soviética y el mundo dejó de ser bipolar. Durante ese tiempo han logrado ser los tigres del Báltico y ahora forman parte de la Unión Europea, pero de momento sólo Estonia está dentro de la zona monetaria (Letonia entrará, previsiblemente, en enero de 2014). Igual que nosotros, ellos también tienen cascos históricos que son patrimonio de la humanidad (Riga y Tallín, además de Vilnius, en Lituania), impresionantes parques nacionales y una envidiable gastronomía rica en pescados. Eso sí: hay una gran diferencia, entre los tres países bálticos viven siete millones de personas, el porcentaje de paro, que se incrementó con la crisis (a ellos les llegó antes), está sobre el 12% y la temperatura en invierno puede llegar a 30 grados bajo cero. También ellos tienen amplios debates sobre hasta dónde debe llegar la memoria histórica.

En definitiva, pueden ser tan diferentes a nosotros como parecidos. Todo depende de cómo se mire. Cuando estaba allí yo también pensé que sería una suerte vivir allí. ¿O no?

9 de septiembre de 2013

Cerati, el Papa y el olvido





El Papa recuerda a Gustavo Cerati. El titular es de la revista Efe Eme, una de las pocas publicaciones de actualidad musical que sortea las complicaciones del mercado y que cada mañana llega a mi buzón de correo (electrónico).

Hoy me ha sorprendido con esa curiosa noticia. Es sólo una anécdota, pero ha hecho que inmediatamente tenga la necesidad de escuchar a Gustavo. No recuerdo cuándo lo descubrí, pero como tantos otros rockeros argentinos llegó a mí gracias a mi padre. Sí recuerdo, en cambio, el momento en el que me enteré de que había sufrido un infarto cerebral después de dar un concierto.

"El exlíder del mítico grupo de rock de los ochenta y noventa Soda Stereo tuvo que ser ingresado en un hospital de Caracas", decía El País. "Al artista le fue diagnosticado un "evento vascular isquémico" con asfaxia de expresión y problemas en el habla". Tenía 51 años.

Fue hace ya tres años. Desde entonces vive postrado en un cama. Todos supimos en ese instante que jamás volvería a subirse a un escenario y que sólo nos quedarían los discos y los vídeos.

Siempre que su nombre se cuela en la actualidad me vuelve a doler.

Decía el Papa en esa carta que "el acostumbramiento nos va archivando la vida. Y la vida sigue. Espera. Desaparece y vuelve a aparecer. El archivista más cruel es el olvido. Tenía razón nuestro Borges cuando nos decía que ‘solo una cosa no hallé: es el olvido’".

Pues eso, que hay cosas que una nunca puede olvidar.





¿Hasta dónde llega el comercio justo?

En los años 80 comenzó a desarrollarse el comercio justo en pequeñas tiendas concienciadas con la ayuda a los más pobres. Ahora este tipo de productos está en todas partes, incluidas las grandes cadenas de hipermercados. Pero ¿realmente la venta de estos productos beneficia a los agricultores pobres, para quienes se supone que van los beneficios obtenidos?

Este reportaje fue emitido en Televisión Española hace cerca de dos años. Quienes tienen interés en este tipo de comercio, y sobre todo quienes quieren ayudar eligiendo qué compran, no deben perdérselo (Consta de cuatro vídeos subidos a Youtube).







4 de septiembre de 2013

Imperialismos y guerras


A veces es conveniente releer el diccionario de la Real Academia Española y recordar algunos conceptos.


Guerra: "Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación".

Imperialismo:  "Actitud y doctrina de quienes propugnan o practican la extensión del dominio de un país sobre otro u otros por medio de la fuerza militar, económica o política".

Si tenemos en cuenta estas dos definiciones no nos queda otro remedio que reconocer dos realidades:

1) Siria lleva dos años en guerra. 

2) Estados Unidos tiene claros intereses en la región y, entre otros asuntos, quiere evitar a toda costa que el islamismo radical, que ya se ha colado en el bando rebelde, encuentre otro sitio donde campar a su anchas.

Después de tener claro, como mínimo, esos dos conceptos, hay que preguntarse qué debe hacer la comunidad internacional. Todas las respuestas son válidas. Todas las dudas. Todos los miedos. Lo único que debería ser intolerable es seguir diciendo no a una guerra sólo porque es imperialista. La historia debería habernos enseñado que a las víctimas no les importan las ideologías (el caso nazi y el soviético son los ejemplos más evidentes). El sufrimiento no entiende de colores, ni de patrias ni de doctrinas. Cuando opinemos tenemos que pensar en las víctimas.  

Y leer. Leer todo lo que podamos, lo que nos guste y lo que no, para poder, realmente, tener una opinión ecuánime y formada. 

Aquí dejo una selección de textos interesantes elaborados por expertos que pueden ayudarnos a decidir si queremos que haya una intervención o no, porque guerra ya hay.

Siria, el día después. Rafael Calduch

Las lógicas de la intervención en Siria. José Ignacio Torreblanca 

¿Por quién doblan las campanas en Siria? José Ignacio Torreblanca

¿Cuántas más? Las personas refugiadas por el conflicto de Siria superan los dos millones. Charlotte Philips

Agresión a Siria: el fraude, 12 objetivos y 8 consecuencias. Nazanín Armanian.

Guerra en Siria: cita en Damasco. Miguel Bastenier 

Ocho errores que Estados Unidos no quiere cometer en Siria. Carlos Hernández Echeverría. 

Siria y las falsas dicotomías. Leila Nachawati.

Obama, Siria y los dilemas imposibles. Roger Senserrich. 



Canarias sí es una plataforma tricontinental

"Canarias es una plataforma tricontinental". La mayoría hemos crecido escuchando hablar de la posición geoestratégica del lugar donde nos tocó nacer, pero casi nunca hemos podido comprobar en qué consiste.

 Aquí tienes una historia que demuestra que sí estamos donde dicen que estamos y que sí que se le puede sacar partido. En realidad sólo hace falta querer.

Si te interesa el tema puedes leer: Centro logístico de Cruz Roja en Canarias, enlace humanitario tricontinental, un reportaje publicado en el Blog de El País África no es un país.


Razón frente a identidad



Cuando Hannah Arendt decidió cubrir el juicio del nazi Adolf Eichmann para el New Yorker, ya había sido prisionera en un campo de concentración y sabía hasta dónde podía llegar la maldad humana. El día que se enteró de que el Mossad, incumpliendo la legislación internacional, había capturado al hombre que permitió tantas muertes, no pudo mirar hacia otro lado. Supo que tenía que dejar Nueva York y viajar hasta Israel, ser testigo de ese acontecimiento histórico. Sin embargo, a medida que avanzaba el proceso, se dio cuenta de algo terrible: que el horror más impensable puede ser cometido por cualquiera, que la crueldad puede ser sólo un trámite burocrático. Eichmann autorizaba que los vagones partieran llenos de posibles víctimas sólo porque tenía que obedecer las órdenes. Arendt escribió muchos ensayos para la prestigiosa revista, que luego se convirtieron en libro, y acuñó un nuevo concepto filosófico, la banalidad del mal. Su decisión hizo que muchos amigos la despreciaran y recibiera amenazas del pueblo judío. Lo más irónico de todo eso es que ella también era parte de ese pueblo. Por esa razón fue apresada e internada en Francia.

El error de Hannah Arendt fue, por lo visto, renunciar a su identidad, no sentir el fervor obligado de pertenecer a un grupo, no dejarse arrastrar por la manada, intentar nadar a contracorriente simplemente porque creía que el camino correcto no era ese. Su determinación se parece mucho a lo que pensaba Tony Judt. Una vez escribió que identidad es una palabra peligrosa y que el amor a un país, a un dios o a un partido político habían llegado a aterrorizarle. Judt prefería a la gente fronteriza, la que pensaba que el cosmopolitismo era una forma de entender la vida y que el patriotismo, parafraseando a Samuel Johnson, era el refugio de los sinvergüenzas.

La personalidad de Hannah Arendt, tan necesaria en nuestros días, ha quedado fielmente reflejada en una película que -contra todo pronóstico, según su directora- ha tenido buena acogida en los cines. Es difícil hacer una película sobre una filósofa, pero es absolutamente imprescindible seguir demandando la necesidad de acabar con las trincheras del pensamiento. “Comprender no significa perdonar”, dijo Arendt cuando decidió explicar a sus alumnos sus escritos. “Eichamnn dejó de ser humano cuando renunció a pensar” y permitió que el mal se adueñara de media Europa. ¿Hay mejor manera de reivindicar la necesidad de pensar y de huir de los guetos de todo tipo?

22 de julio de 2013

Lo peor es la gente

Lo peor del periodismo son los lectores”. Lo dijo Enric González hace algunos meses en una entrevista. No importa qué periódico lea una cada mañana o en cuál escriba. Cuando llega al final de cualquier información y comienza a leer la ristra de mensajes groseros siempre acaba preguntándose lo mismo: ¿a esto se referían cuando decían que la democracia no era solo ir votar cada cuatro años?

La crítica de Enric González tiene varias cosas buenas. La primera es que la hace un periodista, es decir, alguien que sabe perfectamente qué es preparar un tema con esmero y dedicación y que un anónimo visitante destroce todo tu trabajo imaginando conspiraciones inexistentes o atacando tu capacidad intelectual. La segunda, que los periodistas, por obligación profesional y, en teoría, vocación, estamos destinados a ser lectores empedernidos de diarios, aunque no siempre lo seamos. Somos, por tanto, tan críticos como criticables.

Estos días me ha venido a la memoria aquel momento de valentía, cobardía y miedo -todo a la vez- del conocido periodista. Supuse que nuestro presidente Mariano Rajoy pensaría lo mismo mientras intentaba sortear todos las acusaciones del extesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas.

Lo imagino pensando: “Lo peor de la democracia son los ciudadanos”. Sobre todo cuando tienes mayoría absoluta y alguien se empeña en recordarte que la legitimidad no se consigue sólo en las urnas, que la credibilidad se pierde cuando mientes, ignoras y menosprecias a tu pueblo.

Como periodista y como lectora de periódicos coincido con Enric. Lo peor son los lectores. Los lectores que no nos gustan, claro. Los que se dedican a usar Facebook, Twitter y el espacio de comentarios de la web del diario para acabar con tu autoestima. Para mi sorpresa también coincido con Mariano: lo peor de la democracia también son los ciudadanos/votantes, aquellos que eligieron un gobierno que no me representa.

El problema es que no puedo sostener ninguna de estas afirmaciones durante mucho tiempo si quiero seguir pensando que no hay democracia sin ciudadanos y que no hay periódicos sin lectores.

9 de julio de 2013

Todavía puede, y debe, llover 'A cántaros'

La canción es de 1972, pero a alguien se le ha ocurrido recordar sus cuarenta años y, con algo de retraso, llega este viernes a Santa Cruz de Tenerife. Pablo Guerrero está mayor, pero no tanto como para no venir a recordarnos unas cuantas verdades. Todavía estás a tiempo de ir. Aquí tienes lo que escribió Diego Manrique el año pasado. Merece la pena echarle un ojo y... escuchar 'A cántaros' una vez más. “Hay que doler de la vida hasta creer / que tiene que llover / que tiene que llover a cántaros”.



Y no me puedo resistir y recordar también la versión de Sueños Sencillos, de Quique González para el disco homenaje con el que Ismael Serrano inauguró su sello.





En realidad, todo el homenaje merece la pena mucho.

20 de junio de 2013

Literatura de crisis



La crisis también se refleja en la literatura. Letras Libres nos recuerda en su edición de junio a algunos escritores que están tratando de analizar el convulso momento que nos ha tocado vivir. Como dice Jordi Canal, "los autores de nuestro país no se prodigan en demasía, a diferencia de lo que ocurre en Francia, en Italia o en el mundo anglosajón, en este tipo de ensayos. Sean bienvenidos de entrada, así pues, estos ejercicios de compromiso moral frente a la falta de responsabilidad campante, que nos ahoga y paraliza". Aquí puedes leer una reseña de El futuro es un país extraño, de Josep Fontana.

Becas y desigualdad

No se exige bastante, basta con ser pobre. José Ignacio Wert no usó esas palabras para explicar por qué el Gobierno quiere cambiar el sistema de acceso a las becas, pero el fondo se parece mucho. El ministerio pretende que a partir del próximo curso se reduzca la cantidad básica a la que tienen derecho los becarios (entre 500 y 2.000 euros menos) y que el resto se complete con una partida variable que dependerá del nivel de renta, del rendimiento académico y del presupuesto que se destine a la convocatoria. El objetivo es premiar la excelencia y favorecer la meritocracia, pero ¿a costa de qué?

A pesar de todas sus carencias, el sistema de becas de nuestro país ha funcionado bastante bien durante décadas. El acceso a la universidad se socializó generaciones atrás y dejó de ser privilegio de unos pocos. La propuesta ministerial supone un retroceso: es la implantación del sálvese quien pueda -tan de moda- en el modelo de educación pública. El fin primigenio de las becas ha sido siempre garantizar que aunque todos no seamos iguales sí tengamos las mismas oportunidades. Esa premisa, clave en la ideología socialdemócrata, es, más que nunca, una utopía. Desde que empezó la crisis la desigualdad se ha disparado de una manera asombrosa en España. La fórmula que propone Wert es injusta, pero es que encima llega en el peor momento para muchos: la renta de las familias sigue hundiéndose, las tasas académicas están expulsando a muchos jóvenes de las aulas y todo apunta a que la crisis reducirá el dinero para becas.

Creo firmemente en la excelencia, en la motivación y en la cultura del esfuerzo como motor del cambio de cualquier sociedad, pero no así. Los datos demuestran que hoy los alumnos becados obtienen mejores calificaciones que el resto en todas las ramas académicas. Es decir, el sistema actual puede ser mejorable, pero no es un desastre. El dinero siempre ha tenido la capacidad de dibujar el futuro, pero no podemos permitir que se ponga en marcha un sistema que dejará a muchos estudiantes sin la posibilidad de seguir formándose. Es inadmisible que el Estado implante una reforma que se sustenta en criterios economicistas: disimuladamente nos están diciendo que no es rentable formar a gente que no vaya a ser excelente. Es posible que hayamos olvidado que el Estado no tiene que garantizar la viabilidad económica; su obligación es intervenir para que el dinero no nos aleje más. La pregunta que tenemos que hacernos cuando leemos noticias así es si es justo o no. Solo la respuesta nos dirá qué debemos hacer.

19 de junio de 2013

¿Periodismo comprometido?

¿Hay periodismo no-comprometido y periodismo comprometido? Minidocumental para reflexionar.... pero no sobre el futuro, sino sobre el presente.

En este vídeo Juan Luis Sánchez (eldiario.es), Elsa Gónzalez (FAPE), Sindo Lafuente (PorCausa), Virginia Pérez (20 Minutos), Ramón Lobo (Jot Down, El Periódico, Mongolia), Javier del Pino (SER), Óscar Gutiérrez (El País) y Marta Nebot (Tele5) nos explican cómo ven la realidad de los medios hoy:



Respuesta humanitaria en Sahel 2012 - La fuerza de las personas contra la pobreza



La ayuda sirve, aunque no soluciones todos los males del mundo. No te olvides. Los cuatro minutos de Intermon Oxfam ayudan a mantener la esperanza.




13 de junio de 2013

Burbujas y burbujas

Todo lo que no se puede explicar y todo lo que no tiene solución es una burbuja. Antes de que empezara la crisis se habló mucho de la economía española. Se dijo que era un monocultivo intensivo que acabaría desgastándose y que nos pasaría factura. Nadie quiso hacer caso a los malos augurios, pero la burbuja un buen día estalló. Lo hizo al mismo tiempo que reventó la de las hipotecas subprime en Estados Unidos. Hasta entonces habíamos escuchado hablar poco de las burbujas económicas, pero la crisis trajo clases de economía para todos, y una vez que aprendimos qué significaba el concepto algunos decidieron que se podía usar para casi todo. Lo último que he escuchado al respecto es que hay una burbuja universitaria. Es curioso, durante años el sueño de nuestros padres fue que acabáramos las carreras que ellos nunca empezaron y nos aseguraran un futuro idílico. Muchos se mataron a trabajar, renunciaron a vacaciones, almuerzos y salidas para financiar esa excelencia. Eran buenos tiempos para hacerlo. Las universidades ya no eran patrimonio de las grandes ciudades: tenían sedes en casi todo el país. Y el discurso institucional había calado: si querías triunfar en la vida debías tener un título universitario. Nadie lo decía abiertamente, pero estudiar FP era la segunda opción. ¿Cómo no se iban a sacrificar nuestras familias?

Es verdad que muchas universidades pusieron más énfasis de la cuenta en levantar infraestructuras, que el mercado quiso marcar demasiado la pauta en las competencias de los licenciados y que los gobiernos autonómicos exigieron títulos a la carta. Las prioridades cambiaron y se perdió en excelencia. Hasta ahí puede llegar la burbuja, pero decir que este país tiene más universitarios de la cuenta es un tremendo error y, sobre todo, una falta de respeto, especialmente hacia los padres. Hoy, muchos de sus hijos no trabajan, forman parte de ese escalofriante porcentaje de desempleados juveniles. Pero es que ellos, después del esfuerzo, tampoco tienen empleo. Les ha tocado ser parte del desempleo estructural, del que no sabe si reír o llorar cuando escucha hablar de elevar la edad de la jubilación, del que no pudo ir a la universidad, del que no podrá emigrar, del que no podrá retornar, del que no sabe cómo sobrevivir. Ellos estuvieron en la burbuja incorrecta. Porque, afotunadamente, el conocimiento y la juventud siempre tendrán más oportunidades. El paro de larga duración sí es una burbuja, y todavía no ha estallado. Empecemos a hablar de eso.

La vida de los semáforos




Era la primera vez que lo intentaba allí. El reloj marcaba casi las tres de la tarde, el sol de junio quemaba y ella llevaba dos bolsas de Mercadona repletas de cosas que nadie veía. Cuando llegó a la esquina soltó el cargamento, se limpió el sudor de la frente con la mano, respiró hondo y corrió hacia los coches. Estaba muy cansada, pero el semáforo acababa de ponerse en rojo: era la oportunidad perfecta para intentar que algún conductor le regalara un par de monedas. La luz se volvió verde y la joven -no tenía más de 30 años- regresó cabizbaja a la esquina donde había dejado sus bolsas. Solo llevaba un par de céntimos en una de sus manos. Los apretaba con fuerza. Al levantar la cabeza se encontró con un chico que miraba fijamente hacia la carretera. Repitió la misma operación que segundos antes: le dijo que quería comer, que si podía ayudarla. Pero cuando él se disponía a darle parte de la calderilla que llevaba en la cartera ella lo miró y le preguntó: “¿No podrías comprarme un bocadillo? Estoy esperando por mi marido. Vengo de limpiar en casa de una señora. He estado allí toda la mañana y me ha dado dos muslos de pollo, pero no están cocinados. Mira, los tengo en la bolsa…”.


Minutos después se despidieron. Un coche se paró muy cerca. Venían a buscarlo. Ella siguió allí, con la mirada perdida, esperando. Antes de irse él le dio unas monedas para que se comprara un bocadillo. Era 3 de junio de 2013 y el cruce era el de la avenida La Salle con San Sebastián, en Santa Cruz. Las cifras del paro saldrían al día siguiente: bajaría en toda España menos en Canarias. La escena es trágica, pero lo más dramático es que se puede repetir en muchas esquinas de nuestra ciudad. ¿A cuántas personas nos encontramos pidiendo cada vez que cogemos el coche?


Un par de días antes, el Banco de España había aprovechado la publicación de su memoria anual para hacer una polémica recomendación: impulsar los contratos por debajo del salario mínimo. Cuando vi a esa mujer en el cruce me pregunté si querría trabajar por menos de 600 euros. Seguramente sí. Casi todos nos hemos sentido así alguna vez: totalmente desesperados. Es mejor tener poco que no tener nada. Lo que no soy capaz de responder es cuántas personas podrían sobrevivir con 600 euros sin tener que ir al semáforo más cercano a pedir. Pensé que esos contratos eran como los muslos de pollo crudos. Apetecibles, pero imposibles de tragar.

Sociedad subestimada

Cuando hace unos días le preguntaron al vicepresidente de la Comisión Europea Joaquín Almunia por los efectos de la intervención europea en Grecia, él -algo molesto- respondió: “Hubo que actuar con urgencia. Nadie puede estar satisfecho analizando lo ocurrido ahora y me parece que en política es sano revisar lo que se está haciendo para corregir el tiro” (…) “Entonces no había posibilidad de decir espere, que voy a la universidad a estudiar un doctorado en Economía”. Había que actuar y así se hizo. Ahora, tres años después, el Fondo Monetario Internacional ha publicado un informe sobre los ajustes impuestos por la troika en 2010. La principal conclusión a la que ha llegado es que se subestimó el impacto de la austeridad en la vida de las personas.

Joaquín Almunia se equivocó. También Olli Rehn, Christine Lagarde, Angela Merkel, Yorgos Papandreu y muchos más. Equivocarse es la práctica más común que existe. La cuestión es qué responsabilidades adquieren los políticos cuando deciden postularse para sus cargos. Muchos de ellos tienen capacidad para dibujar nuestro futuro, son artífices de la pesadilla o el sueño de toda una generación, pero ya no son elegidos democráticamente. Los ciudadanos corrientes solo tienen derecho a decidir lo que ocurre dentro de sus fronteras; el nuevo siglo les ha enseñado que pueden elegir gobiernos, pero no políticas. La crisis ha logrado que la Unión Europea avance en el proceso de integración y que muchos caminos se tomen conjuntamente desde Bruselas, pero la factura que estamos pagando es desproporcionada.

Aún suscribo esa máxima que una vez le leí al periodista gallego Manuel Jabois y que sintetizaba la cultura de la picaresca de nuestro país: “Una de las cosas más extravagantes de España es que los políticos piensen que para dimitir tienen que cometer un delito”. Sigo sorprendiéndome muchísimo de que eso continúe ocurriendo, pero también sigo esperando que algún día nuestros políticos sean conscientes de que incumplir sus programas electorales o no estar a la altura de las circunstancias es una razón bastante buena para abandonar un despacho. Según el diccionario de la Real Academia Española, subestimar es “estimar a alguien o algo por debajo de su valor”. No se trata de que nuestros políticos, los españoles o los europeos, hayan subestimado la austeridad. Nos han subestimado a nosotros: nuestro dolor, nuestro sufrimiento, nuestras vidas

7 de junio de 2013

César Manrique, un líder más necesario que nunca




Un visionario, un luchador o un artista. Se han usado muchos calificativos para definir a César Manrique, pero solo hay una palabra en la que cabe toda su personalidad: fue un líder. Un trágico accidente de coche dejó desangelados a los conejeros a principios de los noventa, pero veinte años después, Lanzarote sigue impregnada de un pensamiento que va mucho más allá del ecologismo y que se respira entre el picón y las olivinas. En Lanzarote nadie olvida a César. CajaCanarias quiso acabar anoche su ciclo Enciende la Tierra con un homenaje al hombre que levantó un Camelot en la isla y que le devolvió la dignidad a sus habitantes.

La obra Social invitó a tres personas eternamente ligadas a la figura de César: Fernando Gómez Aguilera, el director de la Fundación César Manrique; Alberto Corazón, diseñador responsable de la imagen de la entidad; y Fernando Prats, arquitecto urbanista y director de la Estrategia para la Reserva de la Biosfera en Lanzarote.

Gómez Aguilera: “El poder está para ser vigilado: la realidad no es inexorable”

“Fue el líder de los campesinos, de los jóvenes, de toda la sociedad. Hoy sería el líder del 15-M”. La frase pertenece a Fernando Prats, pero el diálogo -moderado por José David Santos, director de DIARIO DE AVISOS- demostró que la reflexión es unánime. Los tres invitados insistieron en lo que ya se sabía: es imposible hablar de César Manrique y no hacerlo de ecología y sostenibilidad. Pero, además, explicaron por qué su pensamiento es una forma de entender el mundo y de enfrentar la vida.

“Lo que más me fascinó de César cuando lo conocí fue su capacidad arrolladora para vincularse a lo mejor de la vida. Y, a la vez, su capacidad para convertirse en la mosca cojonera del poder”. Supo aportar “ideas conductoras, credibilidad”, justo “lo que falta ahora en nuestros dirigentes”. Consiguió convencer a toda una isla de que había vida más allá del boom turístico que prometía progreso ilimitado. “La gente renunció a crecer por crecer. Y eso tiene un significado increíble. Las personas se dieron cuenta de que podían ser más felices si no estaban pensando en tener más y más”, señaló Fernando Prats.

Prats: “En Lanzarote la gente renunció a crecer por crecer; eso es fascinante”

Su gran victoria se debió a que tuvo la habilidad de construir un relato distinto de Lanzarote y embelesó a sus habitantes. En el mundo actual los líderes están en grave peligro de extinción: “Se vive con una mediocridad muy violenta y con falta de liderazgo de la clase política”. Lo peor “no es que nuestros hijos lo pasen mal ahora”. Lo terriblemente dramático es que la palabra futuro no existe, lamentó con tristeza Prats. “Nos dicen que no hay alternativas, pero no es cierto. La realidad es un relato que fabrica el poder. Nuestra obligación es poner siempre por delante la duda. Hay que disgustarse, hay que inquietarse, pero también hay que inquietar. El poder está para ser vigilado. La realidad no es inexorable”, subrayó Gómez Aguilera.

César Manrique nos demostró que otro mundo era posible, y edificó un pequeño refugio en una isla donde las carreteras se han amoldado a las curvas de la naturaleza. Hace más de dos décadas los ayuntamientos de Lanzarote tenían proyectadas 450.000 camas turísticas; hoy no hay ni 100.000. “Eso no habría pasado sin una población que creyera en una utopía”. Hoy necesitamos otra.

2 de junio de 2013

Josep Borrell: "Los ciudadanos pueden elegir gobiernos, pero no políticas"








Estudió Ingeniería Aeronáutica, pero dedicó más de 30 años de su vida a la política. Empezó como concejal de Majadahonda y terminó en las altas esferas de la Unión Europa. El socialista Josep Borrell (Lleida, 1947), expresidente del Parlamento Europeo, estuvo esta semana en la Universidad Europea de Canarias hablando de la crisis.

-Usted ganó unas primarias en 1998, pero no fue el candidato a la presidencia del Gobierno. Todavía hoy el PSOE no ha sido capaz de celebrar unas primarias. ¿Considera que falta democracia?
“En el último congreso en Sevilla ya se decidió que el próximo candidato a la presidencia del Gobierno sería elegido por un proceso democrático abierto no solo a los militantes, sino también a los simpatizantes. Deberían participar millones de personas, no solo los afiliados”.

-¿Cree que existe una falta de liderazgo dentro de los partidos políticos tradicionales?
“Es una queja que se oye en casi todos los países. La gente cree que ya no hay liderazgos como los de Kohl, Mitterrand, o González, pero este no es el problema más importante que tenemos ahora…”.

-¿Cuál es?
La crisis económica. Lo importante es encontrar una terapia adecuada para que Europa salga de esta crisis, que al principio pensamos que no iba con nosotros y que se ha convertido en la crisis más grave desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”.

-El europeísmo parece que se ha convertido más en una fe, y como en toda fe, se pide a los ciudadanos que crean aunque no vean resultados. ¿Cuánto durará?
“La terapia que se está aplicando es equivocada. Es natural que los ciudadanos cambien la visión que tienen de Europa. Antes, para España Europa era una especie de hada buena que nos daba subvenciones. Ahora es una madrastra”.

-Estaba en el Gobierno cuando se produjo la primera intervención a un banco, el caso Banesto. Cuando ve lo que está ocurriendo ahora, ¿encuentra algún tipo de paralelismo?
“Lo de Banesto fue un caso aislado, un caso muy concreto de una gestión delictiva. Su responsable acabó en la cárcel…”.

-¿Y ahora no debería acabar nadie así?
“(Ríe) Desgraciadamente ahora la situación es mucho más grave: tenemos un problema que afecta a una parte muy importante del sistema financiero español que no era, desgraciadamente, el más sólido del mundo, como pensaba y decía Zapatero. Al contrario, era uno de los más débiles del mundo”.

-¿Qué opina de las prospecciones petrolíferas en Canarias un exministro de Medio Ambiente y expresidente del Parlamento Europeo que, además, ha trabajado en empresas energéticas?

“No conozco el tema bien, pero comprendo que después de las experiencias del Golfo de México la gente que vive en una zona de interés turístico sienta temor. Las prospecciones tienen que ser evaluadas cuidadosamente por el Gobierno de España”.

- ¿Se preocupan en Europa por el Archipiélago canario?

“En Bruselas no son suficientemente conscientes del dramatismo que tiene el paro en España e Italia, y dentro de España, en particular en Canarias. Aquí las cifras de paro, sobre todo juvenil, son terribles. Esta semana el primer ministro italiano advirtió del riesgo político que representa el paro juvenil: se corre el riesgo de movimientos antisistema. Seguramente Canarias es uno de los sitios donde ese nivel de paro es más insoportable”.

-Los ciudadanos están cansados de elegir gobiernos que incumplen sus promesas con la excusa de rendirle cuentas a Bruselas. ¿La democracia está en peligro?
“Los ciudadanos perciben que sus gobiernos no son los dueños de sus políticas, que pueden cambiar de gobierno pero no cambiar de política. La democracia pierde poder en la escena nacional y no lo recupera en la escena internacional. Cuando se anunció la intervención de Chipre había cinco personas y ninguna era un cargo electo directo”.

-A eso hay que sumar lo que ha ocurrido en países como Italia…
“Bueno, en Italia se eligió democráticamente…”.

-Bueno…
“Las formas se guardaron. A Monti lo votó el Parlamento. ¿Por qué? Seguramente porque no le dejaron más remedio…”.

-Es decir, vivimos en un mundo en el que no podemos elegir o elegimos entre dos opciones idénticas. ¿Hasta qué punto eso es libertad?

“Es preocupante que la crisis no haya contribuido al ejercicio de la democracia. El déficit democrático del que tanto se habla no se ha corregido, se ha agravado”.

28 de mayo de 2013

Hispabonos

Le estamos pidiendo a Europa que apueste por los eurobonos, pero ¿por qué no impulsamos nosotros los hispabonos? La pregunta podría parecer absurda si no la hubiera hecho el expresidente del Parlamento Europeo Josep Borrell ayer ante el discreto público que acudió a la conferencia que impartió en la Universidad Europea de Canarias, en La Orotava. El político socialista dedicó más de dos horas a explicar los orígenes de la crisis y la situación que atraviesa en este momento la Unión Europea como proyecto político. Hizo un recorrido por la historia de los últimos sesenta años, recordó los motivos que propiciaron la unión y cómo hoy todo eso está a punto de derrumbarse. Pero, además, quiso dejar claro que España ni ningún país del sur puede pedir fuera de sus fronteras lo que son incapaces de garantizar dentro. No hizo falta que hablara de la situación política española, ni de las desavenencias de los barones del Partido Popular a cuenta del déficit asimétrico, ni de las desigualdades de nuestro estado de las autonomías. Podría haberlo hecho con la autoridad que da la experiencia: fue ministro de Transportes, Obras Públicas y Medio Ambiente, además de secretario de Estado de Economía y candidato fallido a la presidencia del Gobierno español. Pero se limitó a hablar de Europa y de los desencuentros que está propiciando la crisis entre los países miembros. Sin embargo, sin señalar ningún aspecto concreto de la política nacional dijo mucho sobre la última propuesta del Gobierno. Hace tiempo que el Gobierno que lidera Mariano Rajoy está intentando implantar un déficit a la carta. Nadie sabe en qué quedará la propuesta, pero sí que nuestro país está cada vez más dividido entre las comunidades que exigen más flexibilización porque son incapaces de cumplir y las que, habiendo cumplido, quieren que se les premie. Todas demandan un déficit adaptado a sus necesidades. Se olvidan de que esas necesidades cambiarán -siempre lo hacen- y que ellas seguirán sin garantizar que los ciudadanos españoles tengan los mismos derechos sin importar dónde vivan.

En el año 1792 Alexander Hamilton mutualizó la deuda de todos los estados americanos. Los estados se habían endeudado de forma muy diferente mientras duró la guerra contra los británicos, pero decidieron sumar esas cantidades y convertir el resultado en deuda federal. Entonces nacieron los Estados Unidos que conocemos. También lo recordó Borrell ayer, y sin decirlo nos dijo que en Europa es imposible que se abra un debate que ni siquiera ha comenzado dentro de España.

24 de mayo de 2013

Ramonet: "La única manera de cambiar la política es desde dentro"



“La pregunta es para qué sirve cambiar de equipo si la política sigue siendo la misma”. Ignacio Ramonet acudió ayer a la tercera sesión del foro de CajaCanarias Enciende la Tierra y reconoció que desde que comenzó la crisis se ha planteado las mismas cuestiones que el resto de los ciudadanos. “¿De qué sirven las elecciones si la política la marca Europa? ¿Vivimos en una verdadera democracia? ¿Cuándo acabará la crisis?”. El director de Le Monde Diplomatique no tiene todas las respuestas, pero ha pensado mucho en las preguntas y ha sacado algunas conclusiones. Todas parten de una idea principal: “La única forma de cambiar la política es desde dentro”. Eso sí, “teniendo mucho cuidado de que la política no te cambie a ti”.

“Si seguimos con la austeridad no saldremos de esta situación; iremos a un infierno social”

El catedrático de Semiología e Historia de la Cultura de la Universidad de la Sorbona, que protagonizó la sesión Después de la tempestad, dedicó gran parte de su exposición a hablar de la falta de representatividad política actual y de los movimientos sociales que han aparecido. En su alegato apostó por que el 15M dé el salto a la política. Además, puso especial énfasis en la necesidad de luchar contra la deslegitimación institucional: “Tenemos que elegir si queremos más o menos democracia”. Se trata de un proceso muy complejo, porque la sociedad está sufriendo una crisis brutal -“más que la de 1929”-, al tiempo que ve cómo la clase política sigue disfrutando de privilegios. La historia ha demostrado que situaciones similares pueden derivar en extremismos. También que hay que tener cuidado con el alcance del mercado. Margaret Thatcher y Ronald Reagan “fueron los primeros en privatizar algo”. “Ya solo queda lo más rentable: la educación, la sanidad y las jubilaciones” y “tenemos un mercado totalitario”.

En un escenario tan trágico como el español, Ramonet encontró algunas razones para explicar por qué no se ha producido un estallido social. Utilizó el argumento de la solidaridad familiar, pero fue más allá y lo relacionó con el patrimonio. “El país con más patrimonio familiar es Chipre. Le siguen Grecia y España, y el que menos tiene es Alemania”.

Este extraño ranking refleja parte de la cultura de los países mediterráneos, que tradicionalmente han sido más pobres y han preferido comprar para sentirse más seguros, apuntó. Esa es una explicación, pero lo cierto es que “no sabemos cuánta elasticidad tiene el sistema y si finalmente habrá un estallido”, como ocurrió cuando Latinoamérica pasó de las dictaduras a las democracias neoliberales. Lo que sí sabemos es que si continuamos con las políticas de austeridad diseñadas por Ángela Merkel y su séquito “no saldremos de la crisis, sino que profundizaremos en ella y nos quedaremos ahí”. “La política de austeridad nos condena a más crisis; nos lleva directos a un infierno social”.

8 de mayo de 2013

La estafa de emprender

La estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno. Lo dijo el escritor irlandés George Bernard Shaw hace más de un siglo, pero es una definición que se ajusta bastante a la realidad. Las matemáticas nos permiten hacer casi de todo, pero sin el contexto que otorga la cercanía se vuelven mucho más inexactas y pobres. Esta semana el Ministerio de Empleo publicó los datos sobre desempleo referentes al mes de abril y volvió a dibujar una realidad desoladora en España y en el Archipiélago. El Gobierno, para explicar el desastre, ha dicho que la recesión se ha ralentizado y que el desempleo ha crecido a menor ritmo los últimos meses, pero eso es como decir, en palabras de Fernando Aramburu, que el Titanic se hundió más despacio en sus últimos metros. Sin embargo, entre tanto dato negativo se coló uno que algunos quisieron calificar de esperanzador: 13 personas se dieron de alta como autónomos cada día durante el mes de abril en Canarias. ¿Es el autoempleo la única salida que nos queda?

Hace años que la palabra emprendimiento se coló en nuestras conversaciones. Al principio parecía que era la solución a todos los problemas, pero el tiempo ha demostrado que se trataba de una estafa más. Desde que empezó la crisis nuestros gobiernos nos han dicho, con algo de disimulo al principio, que tener trabajo depende solo de nosotros. En un mundo globalizado, con las nuevas tecnologías al alcance de todos, el que no triunfa es porque no quiere. La idea es muy bonita pero, igual que ocurre con la literatura de autoayuda, es mentira. No todos tenemos aptitudes para ser emprendedores. Convencernos de lo contrario para traspasar la responsabilidad de esta crisis es injusto, pero además pone de manifiesto que el Gobierno no ha diseñado una política económica. Pretende que la gente, a base de montar chiringuitos -unos rentables, otros no- lidere la salida de la crisis. Y la mejor opción que encuentra es rebajar la cuota de los nuevos autónomos durante los primeros seis meses a cincuenta euros.

El emprendimiento puede convertirse en la próxima burbuja. Ya hay expertos que están comparando este fenómeno con lo que ocurrió con las puntocom en los años 90. Una vez más, no hemos aprendido de la historia. No todo el mundo puede emprender y no todos los autónomos encajan dentro de la definición moderna de emprendedor. Pero lo más triste es que el Gobierno no tiene ni idea de cómo va a crecer este país. Ni siquiera sabe qué viene después del turismo. Supongo que ya nos lo contarán las estadísticas.

6 de mayo de 2013

Nuestra tele

Miles y miles de millones tirados a la basura. A veces la perspectiva solo se consigue después de una gran tragedia, porque es entonces cuando se puede ver el horizonte arrasado. Este es uno de esos momentos. Después de la Dictadura España entró en un proceso de transformación profundo y caminó con firmeza hacia un sistema descentralizado. Quería construir un estado repleto de autonomías, todas excepcionales a su manera, y cedió muchas competencias, pero también permitió que se construyera un imperio audiovisual con sede en casi todas las comunidades. Primero llegaron las televisiones de las comunidades históricas; luego las demás. La historia reciente explicaba el fenómeno. Se venía de tiempos muy distintos a los de ahora. Decir centralización equivalía a decir opresión. En los años 70 el estatuto catalán era defendido en Madrid por jóvenes de izquierda que sabían que cuando gritaban por los derechos de los catalanes estaban luchando por los derechos de todos. A medida que avanzó la democracia no hubo gobierno que no quisiera colocar a los suyos en un mapa donde solo se veía con claridad la metrópoli. ¿Qué mejor idea que contar, también, con un canal hipersubvencionado desde el que mostrar la idiosincrasia del pueblo?

Hace unos días Willy García intervino en el Parlamento de Canarias para hablar de nuestra tele: “Los canarios somos verbeneros, folcloristas, nos gusta y eso es la Tele Canaria”. Su frase me recordó otra que dijo hace unos meses Paulino Rivero: “No entiendo que haya canarios que no sean nacionalistas”. Pues miren: resulta que hay canarios a los que no les entusiasman las verbenas, pero, sobre todo, los hay que están hartos de seguir tragándose un sistema putrefacto, una administración que ignora los méritos y las capacidades, y que premia la mediocridad complaciente. Tenemos televisiones públicas que no cumplen con su función -¿dónde está el servicio público ajeno a las exigencias de la audiencia?- y gobiernos nacionalistas -¿alguno no lo es ya?- que no tienen capacidad para gobernar. Y encima tienen la poca vergüenza de decirnos quiénes somos y cómo no deberíamos ser.

3 de abril de 2013

Ladrones y banqueros



Seguramente antes también se colaba en las conversaciones, pero no nos dábamos cuenta. La gestión de los bancos nunca ha colonizado tantos encuentros casuales entre amigos, tantas cervezas y cafés. La crisis ha provocado una indignación generalizada hacia esos que, encargados de administrar nuestro dinero, decidieron jugar en el gran casino del mercado. Durante muchos años a nadie le importó demasiado. La banca siempre gana, decían, y era verdad. Ellos seguían anotando ceros en sus cuentas y nosotros -ilusos- creímos que hacíamos lo mismo, pero a otra escala. Guardaban nuestro capital de clase media a cambio de unos euros por el mantenimiento de la cuenta. Cuando nos dimos cuenta de que todo se iba al garete ya era tarde. Los gigantes bancarios habían perdido mucho dinero y el nuestro, encima, era prestado. Los gobiernos decidieron que para evitar el colapso los ciudadanos tenían la obligación de costear la desgracia.

A partir de ese momento nuestra indignación, con razón, se multiplicó. De repente aprendimos qué era la desregulación bancaria y no nos hizo ninguna gracia.

Ahora, cuando una hace cola en un cajero, casi siempre escucha alguna queja triste. Algunos no pueden llegar a fin de mes y otros tienen miedo de que el pseudo corralito chipriota termine llegando a una España que se empeña en no ser Uganda y en no ser Chipre, pero donde casi todo va mal. Hay muchas variantes, pero en más de una ocasión me he encontrado con distintas versiones de la misma cantinela. Gente que se queja de que los bancos cobren comisiones. “Con lo que ganan con mi dinero, ¿cómo es posible que encima me cobren?” Si realmente estuviéramos tan hartos de este sistema y de esta desregulación sin fin no nos haríamos esa pregunta. No es el mejor momento para decirlo, pero yo quiero pagar por que me guarden el dinero, por sacarlo de miles de cajeros repartidos por todo el país y por poder hacer transferencias desde el sillón de mi casa. Lo que no quiero es que encontrar una entidad que practique la “banca ética” sea un auténtico milagro. La transparencia, el civismo y los valores no pueden ser la excepción.

La banca, por impopular que sea hoy, todavía es una buena idea. Eso sí, debemos tener claro que nos corresponde a nosotros decir cómo queremos que sea. En la gran pantalla y en la literatura los ladrones de bancos suelen ser los héroes. Cambiemos el esterotipo.

23 de marzo de 2013

Leopoldo y la responsabilidad de aprender



Podría enumerar muchas de las cosas que me (nos) enseñó, pero me voy a quedar con una: la responsabilidad de aprender. El periodista no puede ejercer su profesión si no adquiere el compromiso de aprender todos los días, para informar y para opinar. Si no, la honradez no existe. Nadie me lo ha demostrado tanto como él. Ayer nos enteramos de que el Premio Canarias de Comunicación de 2013 es para Leopoldo Fernández. La redacción se alegró, pero en realidad ya le había otorgado ese premio mucho antes.

Después de conocer el galardón, Leopoldo estuvo en su habitual tertulia de Teide Radio. Nadie se quiso perder ese momento.