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11 de septiembre de 2013

Qué suerte vivir aquí

No sé cuándo escuché por primera vez que como aquí no se vive en ningún sitio o que “esto” no lo tienen en Madrid. Supongo que, como la mayoría, interioricé ese eslogan entrañable y chovinista del que luego se apropió Dorada y que protagonizó incontables campañas turísticas. Nunca lo cuestioné. Pero no fui realmente consciente de que era “esto” hasta que me fui y volví, hasta que añoré y odié el sitio en el que me tocó nacer. Ahora, cada vez que tengo la oportunidad de salir de Canarias, y de España, acabo preguntándome lo mismo: ¿de verdad se vive tan bien aquí?

Las vacaciones sirven para descansar, para alejarnos del trabajo, pero también para observar y analizar la realidad con la perspectiva que sólo da la distancia. Casi siempre que aterrizo en alguna ciudad de la península me encuentro con amplias y sólidas carreteras capaces de descongestionar ciudades que cuadruplican el número de habitantes de toda el área metropolitana de Tenerife. Entonces pienso en muchas de nuestras infraestructuras nuevas, que tienen la costumbre de estar obsoletas antes de inaugurarse. En otras ocasiones, como este último verano, descubro en Letonia y Estonia, a toda una generación de jóvenes -y no tan jóvenes- que dominan el inglés a la perfección, además de su idioma propio y del ruso. Ambos países comparten una historia casi idéntica. Sufrieron la ocupación soviética y la nazi, y no lograron la independencia hasta 1991, cuando se desintegró la Unión Soviética y el mundo dejó de ser bipolar. Durante ese tiempo han logrado ser los tigres del Báltico y ahora forman parte de la Unión Europea, pero de momento sólo Estonia está dentro de la zona monetaria (Letonia entrará, previsiblemente, en enero de 2014). Igual que nosotros, ellos también tienen cascos históricos que son patrimonio de la humanidad (Riga y Tallín, además de Vilnius, en Lituania), impresionantes parques nacionales y una envidiable gastronomía rica en pescados. Eso sí: hay una gran diferencia, entre los tres países bálticos viven siete millones de personas, el porcentaje de paro, que se incrementó con la crisis (a ellos les llegó antes), está sobre el 12% y la temperatura en invierno puede llegar a 30 grados bajo cero. También ellos tienen amplios debates sobre hasta dónde debe llegar la memoria histórica.

En definitiva, pueden ser tan diferentes a nosotros como parecidos. Todo depende de cómo se mire. Cuando estaba allí yo también pensé que sería una suerte vivir allí. ¿O no?

9 de septiembre de 2013

Cerati, el Papa y el olvido





El Papa recuerda a Gustavo Cerati. El titular es de la revista Efe Eme, una de las pocas publicaciones de actualidad musical que sortea las complicaciones del mercado y que cada mañana llega a mi buzón de correo (electrónico).

Hoy me ha sorprendido con esa curiosa noticia. Es sólo una anécdota, pero ha hecho que inmediatamente tenga la necesidad de escuchar a Gustavo. No recuerdo cuándo lo descubrí, pero como tantos otros rockeros argentinos llegó a mí gracias a mi padre. Sí recuerdo, en cambio, el momento en el que me enteré de que había sufrido un infarto cerebral después de dar un concierto.

"El exlíder del mítico grupo de rock de los ochenta y noventa Soda Stereo tuvo que ser ingresado en un hospital de Caracas", decía El País. "Al artista le fue diagnosticado un "evento vascular isquémico" con asfaxia de expresión y problemas en el habla". Tenía 51 años.

Fue hace ya tres años. Desde entonces vive postrado en un cama. Todos supimos en ese instante que jamás volvería a subirse a un escenario y que sólo nos quedarían los discos y los vídeos.

Siempre que su nombre se cuela en la actualidad me vuelve a doler.

Decía el Papa en esa carta que "el acostumbramiento nos va archivando la vida. Y la vida sigue. Espera. Desaparece y vuelve a aparecer. El archivista más cruel es el olvido. Tenía razón nuestro Borges cuando nos decía que ‘solo una cosa no hallé: es el olvido’".

Pues eso, que hay cosas que una nunca puede olvidar.





¿Hasta dónde llega el comercio justo?

En los años 80 comenzó a desarrollarse el comercio justo en pequeñas tiendas concienciadas con la ayuda a los más pobres. Ahora este tipo de productos está en todas partes, incluidas las grandes cadenas de hipermercados. Pero ¿realmente la venta de estos productos beneficia a los agricultores pobres, para quienes se supone que van los beneficios obtenidos?

Este reportaje fue emitido en Televisión Española hace cerca de dos años. Quienes tienen interés en este tipo de comercio, y sobre todo quienes quieren ayudar eligiendo qué compran, no deben perdérselo (Consta de cuatro vídeos subidos a Youtube).







4 de septiembre de 2013

Imperialismos y guerras


A veces es conveniente releer el diccionario de la Real Academia Española y recordar algunos conceptos.


Guerra: "Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación".

Imperialismo:  "Actitud y doctrina de quienes propugnan o practican la extensión del dominio de un país sobre otro u otros por medio de la fuerza militar, económica o política".

Si tenemos en cuenta estas dos definiciones no nos queda otro remedio que reconocer dos realidades:

1) Siria lleva dos años en guerra. 

2) Estados Unidos tiene claros intereses en la región y, entre otros asuntos, quiere evitar a toda costa que el islamismo radical, que ya se ha colado en el bando rebelde, encuentre otro sitio donde campar a su anchas.

Después de tener claro, como mínimo, esos dos conceptos, hay que preguntarse qué debe hacer la comunidad internacional. Todas las respuestas son válidas. Todas las dudas. Todos los miedos. Lo único que debería ser intolerable es seguir diciendo no a una guerra sólo porque es imperialista. La historia debería habernos enseñado que a las víctimas no les importan las ideologías (el caso nazi y el soviético son los ejemplos más evidentes). El sufrimiento no entiende de colores, ni de patrias ni de doctrinas. Cuando opinemos tenemos que pensar en las víctimas.  

Y leer. Leer todo lo que podamos, lo que nos guste y lo que no, para poder, realmente, tener una opinión ecuánime y formada. 

Aquí dejo una selección de textos interesantes elaborados por expertos que pueden ayudarnos a decidir si queremos que haya una intervención o no, porque guerra ya hay.

Siria, el día después. Rafael Calduch

Las lógicas de la intervención en Siria. José Ignacio Torreblanca 

¿Por quién doblan las campanas en Siria? José Ignacio Torreblanca

¿Cuántas más? Las personas refugiadas por el conflicto de Siria superan los dos millones. Charlotte Philips

Agresión a Siria: el fraude, 12 objetivos y 8 consecuencias. Nazanín Armanian.

Guerra en Siria: cita en Damasco. Miguel Bastenier 

Ocho errores que Estados Unidos no quiere cometer en Siria. Carlos Hernández Echeverría. 

Siria y las falsas dicotomías. Leila Nachawati.

Obama, Siria y los dilemas imposibles. Roger Senserrich. 



Canarias sí es una plataforma tricontinental

"Canarias es una plataforma tricontinental". La mayoría hemos crecido escuchando hablar de la posición geoestratégica del lugar donde nos tocó nacer, pero casi nunca hemos podido comprobar en qué consiste.

 Aquí tienes una historia que demuestra que sí estamos donde dicen que estamos y que sí que se le puede sacar partido. En realidad sólo hace falta querer.

Si te interesa el tema puedes leer: Centro logístico de Cruz Roja en Canarias, enlace humanitario tricontinental, un reportaje publicado en el Blog de El País África no es un país.


Razón frente a identidad



Cuando Hannah Arendt decidió cubrir el juicio del nazi Adolf Eichmann para el New Yorker, ya había sido prisionera en un campo de concentración y sabía hasta dónde podía llegar la maldad humana. El día que se enteró de que el Mossad, incumpliendo la legislación internacional, había capturado al hombre que permitió tantas muertes, no pudo mirar hacia otro lado. Supo que tenía que dejar Nueva York y viajar hasta Israel, ser testigo de ese acontecimiento histórico. Sin embargo, a medida que avanzaba el proceso, se dio cuenta de algo terrible: que el horror más impensable puede ser cometido por cualquiera, que la crueldad puede ser sólo un trámite burocrático. Eichmann autorizaba que los vagones partieran llenos de posibles víctimas sólo porque tenía que obedecer las órdenes. Arendt escribió muchos ensayos para la prestigiosa revista, que luego se convirtieron en libro, y acuñó un nuevo concepto filosófico, la banalidad del mal. Su decisión hizo que muchos amigos la despreciaran y recibiera amenazas del pueblo judío. Lo más irónico de todo eso es que ella también era parte de ese pueblo. Por esa razón fue apresada e internada en Francia.

El error de Hannah Arendt fue, por lo visto, renunciar a su identidad, no sentir el fervor obligado de pertenecer a un grupo, no dejarse arrastrar por la manada, intentar nadar a contracorriente simplemente porque creía que el camino correcto no era ese. Su determinación se parece mucho a lo que pensaba Tony Judt. Una vez escribió que identidad es una palabra peligrosa y que el amor a un país, a un dios o a un partido político habían llegado a aterrorizarle. Judt prefería a la gente fronteriza, la que pensaba que el cosmopolitismo era una forma de entender la vida y que el patriotismo, parafraseando a Samuel Johnson, era el refugio de los sinvergüenzas.

La personalidad de Hannah Arendt, tan necesaria en nuestros días, ha quedado fielmente reflejada en una película que -contra todo pronóstico, según su directora- ha tenido buena acogida en los cines. Es difícil hacer una película sobre una filósofa, pero es absolutamente imprescindible seguir demandando la necesidad de acabar con las trincheras del pensamiento. “Comprender no significa perdonar”, dijo Arendt cuando decidió explicar a sus alumnos sus escritos. “Eichamnn dejó de ser humano cuando renunció a pensar” y permitió que el mal se adueñara de media Europa. ¿Hay mejor manera de reivindicar la necesidad de pensar y de huir de los guetos de todo tipo?