Páginas

10 de octubre de 2012

Tiempo de gurús

Los líderes siempre son necesarios, pero en épocas convulsas son simplemente imprescindibles. Es una cuestión de supervivencia nacional. El ministro de Economía, Luis de Guindos, explicaba ayer que hay gobiernos, como el nuestro, que estos días se ven abocados a nadar a contracorriente, a luchar contra las previsiones del Fondo Monetario Internacional para demostrar que no todo está escrito en bronce. Lo decía después de que el organismo que dirige Christine Lagarde vaticinará un 2013 absolutamente dramático.

La mayoría de los españoles no se habrá sorprendido con la noticia. Llevan cinco años levantándose cada mañana con augurios catastróficos. Los periódicos, convertidos en cronistas de una muerte anunciada, no han dejado de dar cuenta de todas las cifras de la tragedia y ellos han tenido que aprender que, de momento, el futuro siempre será malo. Pero ¿cuánto dura ese futuro? 

Hubo un tiempo en el que se puso fecha exacta para el final de la crisis. El único problema fue que la realidad no estuvo de acuerdo con el titular. No nos importó, persistimos en el empeño. Nos afanamos en publicar todos los augurios que hallamos porque creímos que así estábamos desvelando una verdad escondida. Lo que no nos preguntamos, sin embargo, fue qué podíamos hacer para cambiar esa realidad. Seguimos sin hacerlo y sin darnos cuenta de que en algún instante todo cambió: la información se volvió descriptiva y no transformadora. Quizá entonces nosotros perdimos la batalla periodística y los ciudadanos se quedaron sin algunos de sus líderes. Los medios dejaron de engendrar el debate y prefirieron convertirse en gurús. Ganamos algo: se supone que ahora sabemos qué va a ocurrir. El problema es que no tenemos ni idea de cómo evitarlo.

Nos empeñamos tanto en conseguir las respuestas que no nos dimos cuenta de que ni siquiera nos habíamos hecho las preguntas. A De Guindos le ocurre lo mismo. Ya sabe que el FMI se equivoca, que no ha usado bien la calculadora y que la caída del PIB no será tan grande. Prefirió responder antes de leerse el informe. A lo mejor algún día el ministro, y todo su equipo, empiezan a formularse todas esas cuestiones que han pasado desapercibidas. ¿Qué va a hacer este país para no convertirse en la clase baja de Europa? ¿Cómo le va a devolver la dignidad a sus habitantes? Ya está bien, como contaba la viñeta de ayer de El Roto, de crear desiertos con la esperanza de que surjan oasis. Necesitamos líderes, no gurús.

6 de octubre de 2012

Los presupuestos más peligrosos de la historia



“El futuro es imprevisible, pero nosotros lo condicionamos”. Desde que comenzara la crisis -allá por 2008- España no ha dejado de apretarse el cinturón. Las comunidades autónomas han sufrido estos ajustes cada vez que un nuevo presupuesto ha visto la luz. Las cuentas que el Consejo de Ministros acaban de aprobar no han sido una excepción: 2013 será todavía más difícil que el año que todavía no ha acabado. El Estado asegura que se trata de unos presupuestos austeros, propios del período de turbulencias económicas que vive el mundo. Sin embargo, si se tienen en cuenta los efectos devastadores que los números pronostican, los presupuestos no son austeros: son peligrosos, porque anteponen el déficit a todo lo demás.

Canarias es, probablemente, una de las regiones donde estos riesgos planean con más fuerza. Con una tasa de paro que no tardará en llegar al 35%, una histórica desviación per cápita a la baja (menos PIB y salarios más reducidos) y la importante merma de recursos en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) en 2013, el Archipiélago está condenado a alejarse de España y del resto de Europa. No lo dice solo el consejero de Economía y Hacienda del Ejecutivo canario, Javier González Ortiz. Las cifras dejan poco espacio para el error. Eso es lo que piensa José Miguel González, economista y miembro de Comisiones Obreras Canarias. La ecuación, por mucho que se repita, da el mismo resultado: el presente será muy, muy duro e hipotecará el futuro. González lo tiene claro: “Ya sabemos lo que no podemos solucionar, pero lo que vamos a provocar es muy peligroso”. “No existe un país, en ninguna parte del mundo ni en ningún momento de la historia, que se haya sometido a una corrección del déficit” tan dura como la que ha propuesto el Gobierno.


Déficit=más deuda

El Gobierno español lo ha reconocido desde el principio: reducir el déficit es la prioridad. Eso tiene consecuencias en los presupuestos. En primer lugar, hay muchas áreas -como la sanidad y la educación, base del modelo de garantías sociales- que se ven afectadas por esta decisión y contribuyen a la pérdida de cohesión. En segundo lugar, genera problemas de liquidez. “Cuando un gobierno o una comunidad autónoma corrige el déficit y a cambio amplía su deuda pública, las políticas económicas generan tensiones de tesorería. Esa idea de que corrigiendo el déficit saldremos antes de la crisis porque podremos acceder mejor a los mercados financieros y solicitar créditos es falso”, sentencia González.


Empleo

El tijeretazo ha sido considerable en todas las partidas, pero a la hora de elegir qué área ha sido más esquilmada siempre sale el empleo. Canarias y el Estado habían firmado un convenio plurianual -una nueva edición del Plan Integral de Empleo para Canarias (PIEC)- dotado con 42 millones de euros. Se trataba de una prolongación más de un acuerdo que se impulsó en la época de José María Aznar y que tenía como objetivo luchar contra el desempleo y compensar los efectos negativos de la insularidad. El Estado ya no tiene esas prioridades: en su política de recortes y de apuesta por corregir el déficit ha decidido reducir su aportación a solo 10 millones.

“El PIEC se ha descapitalizado y su eficacia no es solo que sea baja, es que es nula”, explica González. “El empleo, desde el punto de vista de la formación, de las oportunidades, se capa”. ¿Cómo evita así una región que su paro siga desbordándose? ¿Hay alguna alternativa para que las Islas no alcancen los 400.000 parados?

Es difícil recurrir a la esperanza con un 70% de recursos menos para políticas de empleo. El Archipiélago terminó septiembre con 288.813 personas sin trabajo. “Uno puede llegar a entender que se baje la proyección de un plan de empleo en la comunidad de Navarra o en País Vasco, donde el desempleo no es crucial. En Canarias no se entiende”. Y a estas cifras habría que añadir otras que también son devastadoras: “En 2008 había 72.000 personas sin prestación; este año ya son 112.000 personas. Es decir, 45.000 familias. Es un tema social muy grave”.

González Ortiz tiene la misma sensación. “Tenemos una de las peores asignaciones presupuestarias de todo el país y somos una de las regiones con mayor desempleo. Es incomprensible. Los presupuestos traerán más pobreza y paro. Agravarán los problemas que ya se generaron a raíz de las cuentas de 2012. Es un castigo”.


El agua, a precio de oro

Hay partidas que se reducen. Otras, directamente, desaparecen y disparan el precio de recursos básicos. Es el caso de la asignación prevista para las potabilizadoras. En 2011 Canarias contaba con 9,7 millones de euros y en 2012 con algo más de cuatro. El próximo año los recortes irán mucho más allá: se suprimirán todas las ayudas para la desalación de agua.

“La desaparición de esta subvención solo se explica de dos formas: o hay un profundo desconocimiento de la realidad de Canarias o es un acto de maldad. Nosotros tenemos que producir energía para tener agua”, recuerda Ortiz. Suprimir las ayudas de los Presupuestos Generales del Estado es ahondar en las diferencias que ya existen entre las islas y el territorio continental. El Gobierno de Canarias está convencido de que esta decisión condena a los isleños a una subida de la tarifa del agua doméstica que puede alcanzar el 50%. Es decir, les obliga a comprar agua embotellada.


Adiós a las inversiones ‘keynesianas’

España -y Canarias- han optado siempre por “esa política keynesiana que consiste en contratar a alguien para que abra un hueco y luego contratar a otra persona para que lo tape”. Esas medidas, con sus ventajas y sus inconvenientes, se han terminado. Y eso es un problema: “Gran parte de esas infraestructuras estaban planteadas para mejorar la conectividad. Las políticas que haga Canarias tienen que ir destinadas siempre a corregir esa vulnerabilidad. Necesita potentes aeropuertos y puertos para que el coste de las mercancías baje”, subraya José Miguel González. A pesar de esta certeza, los cabildos y el Gobierno autonómico ya han advertido de que se quedarán muchas obras a la mitad y no se podrán llevar a cabo otras que había previstas. Estas previsiones tienen mucho que ver con que otro de los convenios que el Estado ha decidido obviar es el de carreteras. El Estado ingresará 54,2 millones en 2013 frente a los 207 previstos. Según el Ejecutivo regional, este incumplimiento supondrá que unas 17.000 personas que trabajan en la construcción perderán su empleo.

Todos estos incumplimientos han puesto sobre la mesa un debate que no es nuevo: ¿hasta dónde llega la autonomía de las comunidades cuando existe una dependencia tan grande de los recursos del Estado?


El federalismo fiscal

“Lo que le falta al modelo fiscal es que al entregar una competencia se delegue también la capacidad tributaria para financiarla. Lo que ocurre hoy es que se delegan competencias pero quien financia es el Estado”. Esta relación entraña muchos riesgos: “La velocidad a la que la comunidad ejerce la competencia no es la misma velocidad a la que se compensa esa gestión”. La región, en el mejor de los casos, tiene que hacer frente a intereses por los retrasos. En el peor, a la eliminación financiera de la partida.

En los últimos años, “el presupuesto se ha vuelto cada vez más dependiente de las transferencias corrientes del Estado. Eso significa que se pierde autonomía financiera”. Canarias “está cargando mucho sobre sus recursos propios -IGIC- pero el debate sobre la tarifa territorializada del IRPF se ha quedado durmiendo el sueño de los justos desde hace muchísimo tiempo”. Las comunidades autónomas, al asumir las competencias pero no gestionarlas, no asumen el coste político de los ajustes,de subir impuestos, pero el coste social sí que lo sufre la población”.

¿Hasta cuándo aguanta una sociedad con una tasa de paro del 35% y un escenario social tan complejo? José Miguel González lo tiene claro: “Hasta que se quiera”. El estallido social no ha llegado gracias a la economía sumergida, el ahorro, las prestaciones y el trabajo reglado. Las soluciones escasean, pero no pasan por seguir el ejemplo catalán y reactivar el sentimiento independentista en las Islas: “La idea de que Canarias fuera de España viviría mejor está superada. El Archipiélago tendría que subir la presión fiscal un 400% para tener lo mismo que ahora”. De lo que se trata ahora es de “gestionar la escasez”.