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22 de enero de 2014

Desahucios hospitalarios

No está muy claro quién hizo el cálculo, pero el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, anunció a principios de esta semana que en los hospitales de las Islas hay 400 camas ocupadas por pacientes que ya han recibido el alta. El dirigente nacionalista, al que automáticamente se le acusó de vincular esa situación con la desastrosa gestión de la sanidad pública, llamó la atención sobre un problema muy grave y que irá empeorando a medida que pasen los años: qué futuro tienen los enfermos crónicos, los dependientes y todos los jubilados que malviven. Es decir, qué hacemos cuando nos hacemos viejos.

Su intervención, más o menos acertada según los gustos, habría salido en medios nacionales de cualquier forma, pero la repercusión tuvo mucho que ver con su definición de esta realidad. “Se trata de un problema cultural y nuevo”, aclaró. Es curioso. Numerosos organismos nacionales y foráneos llevan años alertando de las consecuencias del envejecimiento de la población. Antes de la crisis ya sabíamos que la esperanza de vida no dejaba de aumentar en los países desarrollados mientras descendía vertiginosamente la natalidad. Además, ahora, cinco años después de que la tormenta financiera empezara a descargar, la desigualdad se ha apoderado del debate público. España es el país donde más se empobrecen los pobres, por mucho que Mariano Rajoy dude del coeficiente Gini, el indicador usado internacionalmente para medir la desigualdad. Y esa certeza, corroborada por expertos, no es solo consecuencia de que nuestros bolsillos cada vez están más vacíos: es el resultado del sostenimiento de una determinada estructura económica y de la forma de gestionar esa crisis. Son los efectos de recortar el estado de bienestar.

En un debate reciente entre Irene Lozano, Félix de Azúa y José A. Rojo sobre el papel de los intelectuales publicado en la revista Letras Libres del mes de enero, la escritora decía: “El conocimiento técnico es importante para tomar decisiones. Pero la gran diferencia entre el intelectual y el experto es que el primero te da una visión moral, aunque en estos tiempos suene algo antiguo. No la visión utilitaria, sino las consecuencias que tienen las cosas más allá de lo que es práctico”.
Es interesante reflexionar sobre el papel de intelectuales y expertos. La tragedia, sin embargo, es evidente cuando ni los unos ni están ni se les espera en los puestos de responsabilidad. Y afecta a la infancia, a la juventud y a la vejez.

20 de enero de 2014

Kamikazes en Twitter

Un código de conducta para comportarse en la web. Hay muchos medios de comunicación que ya han ampliado sus guías de estilo y han incorporado directrices para navegar en las redes sociales. ¿Pueden posicionarse políticamente los periodistas en Internet? ¿Cómo se debe contestar a una crítica a una información? ¿Qué hacemos con los usuarios destructivos?

El defensor del lector de El País se hizo públicamente estas preguntas hace unos días, después de que alguien se quejara del trato dispensado por un redactor en la famosa red de microblogging.

Seguramente no era la primera vez que reflexionaba sobre los sinuosos límites de Internet. Explicaba Tomás Declós que los diarios anglosajones son mucho más estrictos y dan menos margen de maniobra a sus trabajadores. En algunas empresas informativas no se permite que los jefes añadan a sus subordinados a su Facebook (siempre ha de ser al revés para evitar la coacción) y la BBC, incluso, obliga a los periodistas a mantener relaciones idénticas con los partidos. Es decir, si un redactor pulsa en Facebook sobre el botón de ‘me gusta’ de la formación laborista también debe hacerlo en el perfil digital de la conservadora. ¿La razón? Evitar dudas sobre su imparcialidad.

El País, a pesar de los problemas que tuvo que atender el defensor, ya cuenta con un código de conducta en la web. Está muy lejos de los diarios ingleses. Solo son dos páginas que constituyen un alegato en favor de la cordura cuando uno se encuentra en el centro de un escaparate como es Twitter. El código está formado por 10 puntos: compromiso con los valores de la empresa, confidencialidad interna, veracidad, legalidad, respeto, corrección gramatical y ortográfica, responsabilidad en la relación con las fuentes, tratamiento de la información, diligencia en la resolución de crisis y sentido común. Hay, además, un apartado específico para los momentos de crisis que cuenta con otros cinco apartados: proporcionalidad, precaución, honestidad, agilidad y, una vez más, sentido común.
La guía establece una manera de relacionarnos con la empresa para la que trabajamos y a la que representamos. Muchos lectores echan de menos, a veces con razón, que los periodistas cumplan con estas directrices. Las pautas, sin embargo, son las mismas que debemos seguir en cualquier relación -del tipo que sea- que estemos dispuestos a mantener. La vida es empatía; Internet no iba a ser menos.

10 de enero de 2014

Una campaña de turismo alternativo: 7 artistas internacionales graban lo mejor de Canarias

Otra forma de exportar la marca Canarias. El Gobierno decidió hace unos meses apostar por una novedosa forma de hacer turismo: traer a siete de los videoartistas internacionales más seguidos en Internet, asignarles un presupuesto a cada uno que rondó los 5.000 euros, encargarles una Isla y pedirles que convirtieran en imágenes todas sus sensaciones. Los trabajos se proyectaron anoche en el Espacio Cultural Aguere con amplia acogida de público y, acto seguido, se colgaron en la plataforma Vimeo.

Rick Mereki, Matty Brown, Juan Rayos, Andro Kajzer, Günter Gherraert, Lea Amiel y Jean-Julien Pous participaron en esta iniciativa que cuenta con la colaboración del videomaker canario Derek Pedrós.


Este es el espectacular resultado:



TENERIFE

Tenerife - Matty Brown for #7stories #IslasCanarias from Canary Islands on Vimeo.

EL HIERRO

El Hierro from Jean-Julien on Vimeo.


GRAN CANARIA

MIRRORLAPSE from Rick Mereki on Vimeo.


LA GOMERA

A volcano in the sea from Juan Rayos on Vimeo.

LANZAROTE

The Lanzarote Effect from Lea et Nicolas Features on Vimeo.

FUERTEVENTURA

7 Stories - This is Fuerteventura from Andro Kajzer on Vimeo.

LA PALMA

Frames of Life from Günther Gheeraert on Vimeo.

8 de enero de 2014

Creer o no creer

“Es muy difícil vivir sin creer. La historia de la humanidad es el relato de los relatos que los hombres inventaron para escapar del horror del vacío, para no resignarse a que las cosas suceden porque sí y que la muerte es el fin de cada vida y que no hay un orden superior. No hay nada más lindo que creer aunque no te paguen, aunque no te amenacen: nada ha justificado más barbaridades que una buena creencia. Porque no hay nada más lindo que creer aunque, para eso, haya que cerrar muy fuerte los ojos y gritar amén más fuerte todavía”. Martín Caparrós, el argentino que practica con maestría un periodismo impertinente, hizo este elogio irónico de la fe hace justo un año en su blog -Pamplinas- cuando intentaba entender el férreo apoyo de algunos artistas de su país al gobierno de Cristina de Kirchner. En su balance de año nuevo ha recuperado un fragmento de este texto que se publicó a cuenta del cruce de cartas entre Ricardo Darín y la presidenta argentina, y en que el que decía que él no creía que el vínculo político de estrellas mediáticas como Fito Páez tuviera mucho que ver con la plata. Es algo que va más allá y que solo se explica si entendemos algo de las pasiones humanas.
Hay muchas listas sobre los acontecimientos más impactantes de este año que acaba de concluir. En todas se habla de la renuncia de Benedicto XVI y del ascenso de un nuevo papa que ha traído aires de cambio al Vaticano. La religión sigue teniendo un protagonismo innegable en el contexto mundial, pero ¿qué queda para quienes son incapaces de aferrarse a un Dios?

Las incertidumbres son mucho más difíciles de aplacar a medida que pasan los años, pero Caparrós tiene una respuesta que a mí me sirve y mucho: “A los que no conseguimos creer en inventos sobrenaturales, la política nos ofreció un remedio: creer en la posibilidad de cambiar radicalmente el mundo. Yo creí en ella -y, de otro modo, que intento hacer menos religioso-, creo todavía”.

Tampoco yo encontré ningún panteón que me convenciera. Solo personas corrientes, algunas que te entusiasman, otras que te defraudan y unas pocas que te molestan profundamente. Lo bueno de que no sean dioses es que no son eternos. El ser humano necesita creer para seguir caminando. Nuestra misión no es solo perfeccionar nuestras creencias, sino intentar ser personas más creíbles. Solo así seguiremos creyendo en algo, aunque ese algo cambie.

2 de enero de 2014

Un propósito incombustible

Las historias de Leila Guerriero suelen ser inusuales. Quizás porque ella tiene una habilidad que es también una rareza: sabe ver lo que otros no ven.  El escritor Jorge Carrión la describió hace unos días para El País Semanal como "una luminosa lectora de realidades". Me pareció la descripción más acertada. Solo así se explica que para escribir su último libro, Guerriero viajara hace dos años hasta un pequeño pueblo del interior de Argentina para contar la historia de un concurso de baile folklórico: el Festival Nacional de Malambo de Laborde. El malambo es un baile tradicional que practican los gauchos argentinos. Pero la historia que ella cuenta va mucho más allá de una competición. Trata sobre los retos y las metas que nos trazamos, sobre la necesidad de marcarnos objetivos y, además, de alcanzarlos con dignidad.

El relato de esta argentina que me deslumbró hace algunos años, y a la que desde entonces sigo con entusiasmo, me hizo pensar en ese ritual de retos y listas que hacemos cada vez que un año llega a su fin. La fecha solo es una excusa, pero me parece muy saludable que exista una fecha que nos obligue a hacer balance. Si no existiera, algunos encontrarían el momento de sentarse frente a la balanza y pensar qué fue de todo aquello que un día deseamos. Yo no sería una de ellos.

Por eso, por fortuna existe el 31 de diciembre. Aunque una llegue a esa despedida con un resfriado cogido a última hora.  Sea el 31, el 30 o el 2 de enero, al final se produce ese viaje en el tiempo, tanto hacia el pasado como hacia el futuro. Esta vez, con todos los fracasos y las sonrisas que también ha traído 2013, he llegado a la conclusión de que mi gran éxito de este año ha vuelto a ser un propósito que me trazo cada fin de año: ser consciente de que siempre tendremos que hacer renuncias, soportar mediocridades, pero que el verdadero éxito es saber dónde está el límite. Hay situaciones que no se deben soportar jamás: ni por una persona, ni por un trabajo, ni por nada. La combinación de ambas certezas es indispensable para no caer en la frustración. Solo así seguiremos encontrando tan luminosos muchos aspectos de nuestras vidas.

Feliz 2014.