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28 de mayo de 2013

Hispabonos

Le estamos pidiendo a Europa que apueste por los eurobonos, pero ¿por qué no impulsamos nosotros los hispabonos? La pregunta podría parecer absurda si no la hubiera hecho el expresidente del Parlamento Europeo Josep Borrell ayer ante el discreto público que acudió a la conferencia que impartió en la Universidad Europea de Canarias, en La Orotava. El político socialista dedicó más de dos horas a explicar los orígenes de la crisis y la situación que atraviesa en este momento la Unión Europea como proyecto político. Hizo un recorrido por la historia de los últimos sesenta años, recordó los motivos que propiciaron la unión y cómo hoy todo eso está a punto de derrumbarse. Pero, además, quiso dejar claro que España ni ningún país del sur puede pedir fuera de sus fronteras lo que son incapaces de garantizar dentro. No hizo falta que hablara de la situación política española, ni de las desavenencias de los barones del Partido Popular a cuenta del déficit asimétrico, ni de las desigualdades de nuestro estado de las autonomías. Podría haberlo hecho con la autoridad que da la experiencia: fue ministro de Transportes, Obras Públicas y Medio Ambiente, además de secretario de Estado de Economía y candidato fallido a la presidencia del Gobierno español. Pero se limitó a hablar de Europa y de los desencuentros que está propiciando la crisis entre los países miembros. Sin embargo, sin señalar ningún aspecto concreto de la política nacional dijo mucho sobre la última propuesta del Gobierno. Hace tiempo que el Gobierno que lidera Mariano Rajoy está intentando implantar un déficit a la carta. Nadie sabe en qué quedará la propuesta, pero sí que nuestro país está cada vez más dividido entre las comunidades que exigen más flexibilización porque son incapaces de cumplir y las que, habiendo cumplido, quieren que se les premie. Todas demandan un déficit adaptado a sus necesidades. Se olvidan de que esas necesidades cambiarán -siempre lo hacen- y que ellas seguirán sin garantizar que los ciudadanos españoles tengan los mismos derechos sin importar dónde vivan.

En el año 1792 Alexander Hamilton mutualizó la deuda de todos los estados americanos. Los estados se habían endeudado de forma muy diferente mientras duró la guerra contra los británicos, pero decidieron sumar esas cantidades y convertir el resultado en deuda federal. Entonces nacieron los Estados Unidos que conocemos. También lo recordó Borrell ayer, y sin decirlo nos dijo que en Europa es imposible que se abra un debate que ni siquiera ha comenzado dentro de España.

24 de mayo de 2013

Ramonet: "La única manera de cambiar la política es desde dentro"



“La pregunta es para qué sirve cambiar de equipo si la política sigue siendo la misma”. Ignacio Ramonet acudió ayer a la tercera sesión del foro de CajaCanarias Enciende la Tierra y reconoció que desde que comenzó la crisis se ha planteado las mismas cuestiones que el resto de los ciudadanos. “¿De qué sirven las elecciones si la política la marca Europa? ¿Vivimos en una verdadera democracia? ¿Cuándo acabará la crisis?”. El director de Le Monde Diplomatique no tiene todas las respuestas, pero ha pensado mucho en las preguntas y ha sacado algunas conclusiones. Todas parten de una idea principal: “La única forma de cambiar la política es desde dentro”. Eso sí, “teniendo mucho cuidado de que la política no te cambie a ti”.

“Si seguimos con la austeridad no saldremos de esta situación; iremos a un infierno social”

El catedrático de Semiología e Historia de la Cultura de la Universidad de la Sorbona, que protagonizó la sesión Después de la tempestad, dedicó gran parte de su exposición a hablar de la falta de representatividad política actual y de los movimientos sociales que han aparecido. En su alegato apostó por que el 15M dé el salto a la política. Además, puso especial énfasis en la necesidad de luchar contra la deslegitimación institucional: “Tenemos que elegir si queremos más o menos democracia”. Se trata de un proceso muy complejo, porque la sociedad está sufriendo una crisis brutal -“más que la de 1929”-, al tiempo que ve cómo la clase política sigue disfrutando de privilegios. La historia ha demostrado que situaciones similares pueden derivar en extremismos. También que hay que tener cuidado con el alcance del mercado. Margaret Thatcher y Ronald Reagan “fueron los primeros en privatizar algo”. “Ya solo queda lo más rentable: la educación, la sanidad y las jubilaciones” y “tenemos un mercado totalitario”.

En un escenario tan trágico como el español, Ramonet encontró algunas razones para explicar por qué no se ha producido un estallido social. Utilizó el argumento de la solidaridad familiar, pero fue más allá y lo relacionó con el patrimonio. “El país con más patrimonio familiar es Chipre. Le siguen Grecia y España, y el que menos tiene es Alemania”.

Este extraño ranking refleja parte de la cultura de los países mediterráneos, que tradicionalmente han sido más pobres y han preferido comprar para sentirse más seguros, apuntó. Esa es una explicación, pero lo cierto es que “no sabemos cuánta elasticidad tiene el sistema y si finalmente habrá un estallido”, como ocurrió cuando Latinoamérica pasó de las dictaduras a las democracias neoliberales. Lo que sí sabemos es que si continuamos con las políticas de austeridad diseñadas por Ángela Merkel y su séquito “no saldremos de la crisis, sino que profundizaremos en ella y nos quedaremos ahí”. “La política de austeridad nos condena a más crisis; nos lleva directos a un infierno social”.

8 de mayo de 2013

La estafa de emprender

La estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno. Lo dijo el escritor irlandés George Bernard Shaw hace más de un siglo, pero es una definición que se ajusta bastante a la realidad. Las matemáticas nos permiten hacer casi de todo, pero sin el contexto que otorga la cercanía se vuelven mucho más inexactas y pobres. Esta semana el Ministerio de Empleo publicó los datos sobre desempleo referentes al mes de abril y volvió a dibujar una realidad desoladora en España y en el Archipiélago. El Gobierno, para explicar el desastre, ha dicho que la recesión se ha ralentizado y que el desempleo ha crecido a menor ritmo los últimos meses, pero eso es como decir, en palabras de Fernando Aramburu, que el Titanic se hundió más despacio en sus últimos metros. Sin embargo, entre tanto dato negativo se coló uno que algunos quisieron calificar de esperanzador: 13 personas se dieron de alta como autónomos cada día durante el mes de abril en Canarias. ¿Es el autoempleo la única salida que nos queda?

Hace años que la palabra emprendimiento se coló en nuestras conversaciones. Al principio parecía que era la solución a todos los problemas, pero el tiempo ha demostrado que se trataba de una estafa más. Desde que empezó la crisis nuestros gobiernos nos han dicho, con algo de disimulo al principio, que tener trabajo depende solo de nosotros. En un mundo globalizado, con las nuevas tecnologías al alcance de todos, el que no triunfa es porque no quiere. La idea es muy bonita pero, igual que ocurre con la literatura de autoayuda, es mentira. No todos tenemos aptitudes para ser emprendedores. Convencernos de lo contrario para traspasar la responsabilidad de esta crisis es injusto, pero además pone de manifiesto que el Gobierno no ha diseñado una política económica. Pretende que la gente, a base de montar chiringuitos -unos rentables, otros no- lidere la salida de la crisis. Y la mejor opción que encuentra es rebajar la cuota de los nuevos autónomos durante los primeros seis meses a cincuenta euros.

El emprendimiento puede convertirse en la próxima burbuja. Ya hay expertos que están comparando este fenómeno con lo que ocurrió con las puntocom en los años 90. Una vez más, no hemos aprendido de la historia. No todo el mundo puede emprender y no todos los autónomos encajan dentro de la definición moderna de emprendedor. Pero lo más triste es que el Gobierno no tiene ni idea de cómo va a crecer este país. Ni siquiera sabe qué viene después del turismo. Supongo que ya nos lo contarán las estadísticas.

6 de mayo de 2013

Nuestra tele

Miles y miles de millones tirados a la basura. A veces la perspectiva solo se consigue después de una gran tragedia, porque es entonces cuando se puede ver el horizonte arrasado. Este es uno de esos momentos. Después de la Dictadura España entró en un proceso de transformación profundo y caminó con firmeza hacia un sistema descentralizado. Quería construir un estado repleto de autonomías, todas excepcionales a su manera, y cedió muchas competencias, pero también permitió que se construyera un imperio audiovisual con sede en casi todas las comunidades. Primero llegaron las televisiones de las comunidades históricas; luego las demás. La historia reciente explicaba el fenómeno. Se venía de tiempos muy distintos a los de ahora. Decir centralización equivalía a decir opresión. En los años 70 el estatuto catalán era defendido en Madrid por jóvenes de izquierda que sabían que cuando gritaban por los derechos de los catalanes estaban luchando por los derechos de todos. A medida que avanzó la democracia no hubo gobierno que no quisiera colocar a los suyos en un mapa donde solo se veía con claridad la metrópoli. ¿Qué mejor idea que contar, también, con un canal hipersubvencionado desde el que mostrar la idiosincrasia del pueblo?

Hace unos días Willy García intervino en el Parlamento de Canarias para hablar de nuestra tele: “Los canarios somos verbeneros, folcloristas, nos gusta y eso es la Tele Canaria”. Su frase me recordó otra que dijo hace unos meses Paulino Rivero: “No entiendo que haya canarios que no sean nacionalistas”. Pues miren: resulta que hay canarios a los que no les entusiasman las verbenas, pero, sobre todo, los hay que están hartos de seguir tragándose un sistema putrefacto, una administración que ignora los méritos y las capacidades, y que premia la mediocridad complaciente. Tenemos televisiones públicas que no cumplen con su función -¿dónde está el servicio público ajeno a las exigencias de la audiencia?- y gobiernos nacionalistas -¿alguno no lo es ya?- que no tienen capacidad para gobernar. Y encima tienen la poca vergüenza de decirnos quiénes somos y cómo no deberíamos ser.