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20 de junio de 2013

Literatura de crisis



La crisis también se refleja en la literatura. Letras Libres nos recuerda en su edición de junio a algunos escritores que están tratando de analizar el convulso momento que nos ha tocado vivir. Como dice Jordi Canal, "los autores de nuestro país no se prodigan en demasía, a diferencia de lo que ocurre en Francia, en Italia o en el mundo anglosajón, en este tipo de ensayos. Sean bienvenidos de entrada, así pues, estos ejercicios de compromiso moral frente a la falta de responsabilidad campante, que nos ahoga y paraliza". Aquí puedes leer una reseña de El futuro es un país extraño, de Josep Fontana.

Becas y desigualdad

No se exige bastante, basta con ser pobre. José Ignacio Wert no usó esas palabras para explicar por qué el Gobierno quiere cambiar el sistema de acceso a las becas, pero el fondo se parece mucho. El ministerio pretende que a partir del próximo curso se reduzca la cantidad básica a la que tienen derecho los becarios (entre 500 y 2.000 euros menos) y que el resto se complete con una partida variable que dependerá del nivel de renta, del rendimiento académico y del presupuesto que se destine a la convocatoria. El objetivo es premiar la excelencia y favorecer la meritocracia, pero ¿a costa de qué?

A pesar de todas sus carencias, el sistema de becas de nuestro país ha funcionado bastante bien durante décadas. El acceso a la universidad se socializó generaciones atrás y dejó de ser privilegio de unos pocos. La propuesta ministerial supone un retroceso: es la implantación del sálvese quien pueda -tan de moda- en el modelo de educación pública. El fin primigenio de las becas ha sido siempre garantizar que aunque todos no seamos iguales sí tengamos las mismas oportunidades. Esa premisa, clave en la ideología socialdemócrata, es, más que nunca, una utopía. Desde que empezó la crisis la desigualdad se ha disparado de una manera asombrosa en España. La fórmula que propone Wert es injusta, pero es que encima llega en el peor momento para muchos: la renta de las familias sigue hundiéndose, las tasas académicas están expulsando a muchos jóvenes de las aulas y todo apunta a que la crisis reducirá el dinero para becas.

Creo firmemente en la excelencia, en la motivación y en la cultura del esfuerzo como motor del cambio de cualquier sociedad, pero no así. Los datos demuestran que hoy los alumnos becados obtienen mejores calificaciones que el resto en todas las ramas académicas. Es decir, el sistema actual puede ser mejorable, pero no es un desastre. El dinero siempre ha tenido la capacidad de dibujar el futuro, pero no podemos permitir que se ponga en marcha un sistema que dejará a muchos estudiantes sin la posibilidad de seguir formándose. Es inadmisible que el Estado implante una reforma que se sustenta en criterios economicistas: disimuladamente nos están diciendo que no es rentable formar a gente que no vaya a ser excelente. Es posible que hayamos olvidado que el Estado no tiene que garantizar la viabilidad económica; su obligación es intervenir para que el dinero no nos aleje más. La pregunta que tenemos que hacernos cuando leemos noticias así es si es justo o no. Solo la respuesta nos dirá qué debemos hacer.

19 de junio de 2013

¿Periodismo comprometido?

¿Hay periodismo no-comprometido y periodismo comprometido? Minidocumental para reflexionar.... pero no sobre el futuro, sino sobre el presente.

En este vídeo Juan Luis Sánchez (eldiario.es), Elsa Gónzalez (FAPE), Sindo Lafuente (PorCausa), Virginia Pérez (20 Minutos), Ramón Lobo (Jot Down, El Periódico, Mongolia), Javier del Pino (SER), Óscar Gutiérrez (El País) y Marta Nebot (Tele5) nos explican cómo ven la realidad de los medios hoy:



Respuesta humanitaria en Sahel 2012 - La fuerza de las personas contra la pobreza



La ayuda sirve, aunque no soluciones todos los males del mundo. No te olvides. Los cuatro minutos de Intermon Oxfam ayudan a mantener la esperanza.




13 de junio de 2013

Burbujas y burbujas

Todo lo que no se puede explicar y todo lo que no tiene solución es una burbuja. Antes de que empezara la crisis se habló mucho de la economía española. Se dijo que era un monocultivo intensivo que acabaría desgastándose y que nos pasaría factura. Nadie quiso hacer caso a los malos augurios, pero la burbuja un buen día estalló. Lo hizo al mismo tiempo que reventó la de las hipotecas subprime en Estados Unidos. Hasta entonces habíamos escuchado hablar poco de las burbujas económicas, pero la crisis trajo clases de economía para todos, y una vez que aprendimos qué significaba el concepto algunos decidieron que se podía usar para casi todo. Lo último que he escuchado al respecto es que hay una burbuja universitaria. Es curioso, durante años el sueño de nuestros padres fue que acabáramos las carreras que ellos nunca empezaron y nos aseguraran un futuro idílico. Muchos se mataron a trabajar, renunciaron a vacaciones, almuerzos y salidas para financiar esa excelencia. Eran buenos tiempos para hacerlo. Las universidades ya no eran patrimonio de las grandes ciudades: tenían sedes en casi todo el país. Y el discurso institucional había calado: si querías triunfar en la vida debías tener un título universitario. Nadie lo decía abiertamente, pero estudiar FP era la segunda opción. ¿Cómo no se iban a sacrificar nuestras familias?

Es verdad que muchas universidades pusieron más énfasis de la cuenta en levantar infraestructuras, que el mercado quiso marcar demasiado la pauta en las competencias de los licenciados y que los gobiernos autonómicos exigieron títulos a la carta. Las prioridades cambiaron y se perdió en excelencia. Hasta ahí puede llegar la burbuja, pero decir que este país tiene más universitarios de la cuenta es un tremendo error y, sobre todo, una falta de respeto, especialmente hacia los padres. Hoy, muchos de sus hijos no trabajan, forman parte de ese escalofriante porcentaje de desempleados juveniles. Pero es que ellos, después del esfuerzo, tampoco tienen empleo. Les ha tocado ser parte del desempleo estructural, del que no sabe si reír o llorar cuando escucha hablar de elevar la edad de la jubilación, del que no pudo ir a la universidad, del que no podrá emigrar, del que no podrá retornar, del que no sabe cómo sobrevivir. Ellos estuvieron en la burbuja incorrecta. Porque, afotunadamente, el conocimiento y la juventud siempre tendrán más oportunidades. El paro de larga duración sí es una burbuja, y todavía no ha estallado. Empecemos a hablar de eso.

La vida de los semáforos




Era la primera vez que lo intentaba allí. El reloj marcaba casi las tres de la tarde, el sol de junio quemaba y ella llevaba dos bolsas de Mercadona repletas de cosas que nadie veía. Cuando llegó a la esquina soltó el cargamento, se limpió el sudor de la frente con la mano, respiró hondo y corrió hacia los coches. Estaba muy cansada, pero el semáforo acababa de ponerse en rojo: era la oportunidad perfecta para intentar que algún conductor le regalara un par de monedas. La luz se volvió verde y la joven -no tenía más de 30 años- regresó cabizbaja a la esquina donde había dejado sus bolsas. Solo llevaba un par de céntimos en una de sus manos. Los apretaba con fuerza. Al levantar la cabeza se encontró con un chico que miraba fijamente hacia la carretera. Repitió la misma operación que segundos antes: le dijo que quería comer, que si podía ayudarla. Pero cuando él se disponía a darle parte de la calderilla que llevaba en la cartera ella lo miró y le preguntó: “¿No podrías comprarme un bocadillo? Estoy esperando por mi marido. Vengo de limpiar en casa de una señora. He estado allí toda la mañana y me ha dado dos muslos de pollo, pero no están cocinados. Mira, los tengo en la bolsa…”.


Minutos después se despidieron. Un coche se paró muy cerca. Venían a buscarlo. Ella siguió allí, con la mirada perdida, esperando. Antes de irse él le dio unas monedas para que se comprara un bocadillo. Era 3 de junio de 2013 y el cruce era el de la avenida La Salle con San Sebastián, en Santa Cruz. Las cifras del paro saldrían al día siguiente: bajaría en toda España menos en Canarias. La escena es trágica, pero lo más dramático es que se puede repetir en muchas esquinas de nuestra ciudad. ¿A cuántas personas nos encontramos pidiendo cada vez que cogemos el coche?


Un par de días antes, el Banco de España había aprovechado la publicación de su memoria anual para hacer una polémica recomendación: impulsar los contratos por debajo del salario mínimo. Cuando vi a esa mujer en el cruce me pregunté si querría trabajar por menos de 600 euros. Seguramente sí. Casi todos nos hemos sentido así alguna vez: totalmente desesperados. Es mejor tener poco que no tener nada. Lo que no soy capaz de responder es cuántas personas podrían sobrevivir con 600 euros sin tener que ir al semáforo más cercano a pedir. Pensé que esos contratos eran como los muslos de pollo crudos. Apetecibles, pero imposibles de tragar.

Sociedad subestimada

Cuando hace unos días le preguntaron al vicepresidente de la Comisión Europea Joaquín Almunia por los efectos de la intervención europea en Grecia, él -algo molesto- respondió: “Hubo que actuar con urgencia. Nadie puede estar satisfecho analizando lo ocurrido ahora y me parece que en política es sano revisar lo que se está haciendo para corregir el tiro” (…) “Entonces no había posibilidad de decir espere, que voy a la universidad a estudiar un doctorado en Economía”. Había que actuar y así se hizo. Ahora, tres años después, el Fondo Monetario Internacional ha publicado un informe sobre los ajustes impuestos por la troika en 2010. La principal conclusión a la que ha llegado es que se subestimó el impacto de la austeridad en la vida de las personas.

Joaquín Almunia se equivocó. También Olli Rehn, Christine Lagarde, Angela Merkel, Yorgos Papandreu y muchos más. Equivocarse es la práctica más común que existe. La cuestión es qué responsabilidades adquieren los políticos cuando deciden postularse para sus cargos. Muchos de ellos tienen capacidad para dibujar nuestro futuro, son artífices de la pesadilla o el sueño de toda una generación, pero ya no son elegidos democráticamente. Los ciudadanos corrientes solo tienen derecho a decidir lo que ocurre dentro de sus fronteras; el nuevo siglo les ha enseñado que pueden elegir gobiernos, pero no políticas. La crisis ha logrado que la Unión Europea avance en el proceso de integración y que muchos caminos se tomen conjuntamente desde Bruselas, pero la factura que estamos pagando es desproporcionada.

Aún suscribo esa máxima que una vez le leí al periodista gallego Manuel Jabois y que sintetizaba la cultura de la picaresca de nuestro país: “Una de las cosas más extravagantes de España es que los políticos piensen que para dimitir tienen que cometer un delito”. Sigo sorprendiéndome muchísimo de que eso continúe ocurriendo, pero también sigo esperando que algún día nuestros políticos sean conscientes de que incumplir sus programas electorales o no estar a la altura de las circunstancias es una razón bastante buena para abandonar un despacho. Según el diccionario de la Real Academia Española, subestimar es “estimar a alguien o algo por debajo de su valor”. No se trata de que nuestros políticos, los españoles o los europeos, hayan subestimado la austeridad. Nos han subestimado a nosotros: nuestro dolor, nuestro sufrimiento, nuestras vidas

7 de junio de 2013

César Manrique, un líder más necesario que nunca




Un visionario, un luchador o un artista. Se han usado muchos calificativos para definir a César Manrique, pero solo hay una palabra en la que cabe toda su personalidad: fue un líder. Un trágico accidente de coche dejó desangelados a los conejeros a principios de los noventa, pero veinte años después, Lanzarote sigue impregnada de un pensamiento que va mucho más allá del ecologismo y que se respira entre el picón y las olivinas. En Lanzarote nadie olvida a César. CajaCanarias quiso acabar anoche su ciclo Enciende la Tierra con un homenaje al hombre que levantó un Camelot en la isla y que le devolvió la dignidad a sus habitantes.

La obra Social invitó a tres personas eternamente ligadas a la figura de César: Fernando Gómez Aguilera, el director de la Fundación César Manrique; Alberto Corazón, diseñador responsable de la imagen de la entidad; y Fernando Prats, arquitecto urbanista y director de la Estrategia para la Reserva de la Biosfera en Lanzarote.

Gómez Aguilera: “El poder está para ser vigilado: la realidad no es inexorable”

“Fue el líder de los campesinos, de los jóvenes, de toda la sociedad. Hoy sería el líder del 15-M”. La frase pertenece a Fernando Prats, pero el diálogo -moderado por José David Santos, director de DIARIO DE AVISOS- demostró que la reflexión es unánime. Los tres invitados insistieron en lo que ya se sabía: es imposible hablar de César Manrique y no hacerlo de ecología y sostenibilidad. Pero, además, explicaron por qué su pensamiento es una forma de entender el mundo y de enfrentar la vida.

“Lo que más me fascinó de César cuando lo conocí fue su capacidad arrolladora para vincularse a lo mejor de la vida. Y, a la vez, su capacidad para convertirse en la mosca cojonera del poder”. Supo aportar “ideas conductoras, credibilidad”, justo “lo que falta ahora en nuestros dirigentes”. Consiguió convencer a toda una isla de que había vida más allá del boom turístico que prometía progreso ilimitado. “La gente renunció a crecer por crecer. Y eso tiene un significado increíble. Las personas se dieron cuenta de que podían ser más felices si no estaban pensando en tener más y más”, señaló Fernando Prats.

Prats: “En Lanzarote la gente renunció a crecer por crecer; eso es fascinante”

Su gran victoria se debió a que tuvo la habilidad de construir un relato distinto de Lanzarote y embelesó a sus habitantes. En el mundo actual los líderes están en grave peligro de extinción: “Se vive con una mediocridad muy violenta y con falta de liderazgo de la clase política”. Lo peor “no es que nuestros hijos lo pasen mal ahora”. Lo terriblemente dramático es que la palabra futuro no existe, lamentó con tristeza Prats. “Nos dicen que no hay alternativas, pero no es cierto. La realidad es un relato que fabrica el poder. Nuestra obligación es poner siempre por delante la duda. Hay que disgustarse, hay que inquietarse, pero también hay que inquietar. El poder está para ser vigilado. La realidad no es inexorable”, subrayó Gómez Aguilera.

César Manrique nos demostró que otro mundo era posible, y edificó un pequeño refugio en una isla donde las carreteras se han amoldado a las curvas de la naturaleza. Hace más de dos décadas los ayuntamientos de Lanzarote tenían proyectadas 450.000 camas turísticas; hoy no hay ni 100.000. “Eso no habría pasado sin una población que creyera en una utopía”. Hoy necesitamos otra.

2 de junio de 2013

Josep Borrell: "Los ciudadanos pueden elegir gobiernos, pero no políticas"








Estudió Ingeniería Aeronáutica, pero dedicó más de 30 años de su vida a la política. Empezó como concejal de Majadahonda y terminó en las altas esferas de la Unión Europa. El socialista Josep Borrell (Lleida, 1947), expresidente del Parlamento Europeo, estuvo esta semana en la Universidad Europea de Canarias hablando de la crisis.

-Usted ganó unas primarias en 1998, pero no fue el candidato a la presidencia del Gobierno. Todavía hoy el PSOE no ha sido capaz de celebrar unas primarias. ¿Considera que falta democracia?
“En el último congreso en Sevilla ya se decidió que el próximo candidato a la presidencia del Gobierno sería elegido por un proceso democrático abierto no solo a los militantes, sino también a los simpatizantes. Deberían participar millones de personas, no solo los afiliados”.

-¿Cree que existe una falta de liderazgo dentro de los partidos políticos tradicionales?
“Es una queja que se oye en casi todos los países. La gente cree que ya no hay liderazgos como los de Kohl, Mitterrand, o González, pero este no es el problema más importante que tenemos ahora…”.

-¿Cuál es?
La crisis económica. Lo importante es encontrar una terapia adecuada para que Europa salga de esta crisis, que al principio pensamos que no iba con nosotros y que se ha convertido en la crisis más grave desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”.

-El europeísmo parece que se ha convertido más en una fe, y como en toda fe, se pide a los ciudadanos que crean aunque no vean resultados. ¿Cuánto durará?
“La terapia que se está aplicando es equivocada. Es natural que los ciudadanos cambien la visión que tienen de Europa. Antes, para España Europa era una especie de hada buena que nos daba subvenciones. Ahora es una madrastra”.

-Estaba en el Gobierno cuando se produjo la primera intervención a un banco, el caso Banesto. Cuando ve lo que está ocurriendo ahora, ¿encuentra algún tipo de paralelismo?
“Lo de Banesto fue un caso aislado, un caso muy concreto de una gestión delictiva. Su responsable acabó en la cárcel…”.

-¿Y ahora no debería acabar nadie así?
“(Ríe) Desgraciadamente ahora la situación es mucho más grave: tenemos un problema que afecta a una parte muy importante del sistema financiero español que no era, desgraciadamente, el más sólido del mundo, como pensaba y decía Zapatero. Al contrario, era uno de los más débiles del mundo”.

-¿Qué opina de las prospecciones petrolíferas en Canarias un exministro de Medio Ambiente y expresidente del Parlamento Europeo que, además, ha trabajado en empresas energéticas?

“No conozco el tema bien, pero comprendo que después de las experiencias del Golfo de México la gente que vive en una zona de interés turístico sienta temor. Las prospecciones tienen que ser evaluadas cuidadosamente por el Gobierno de España”.

- ¿Se preocupan en Europa por el Archipiélago canario?

“En Bruselas no son suficientemente conscientes del dramatismo que tiene el paro en España e Italia, y dentro de España, en particular en Canarias. Aquí las cifras de paro, sobre todo juvenil, son terribles. Esta semana el primer ministro italiano advirtió del riesgo político que representa el paro juvenil: se corre el riesgo de movimientos antisistema. Seguramente Canarias es uno de los sitios donde ese nivel de paro es más insoportable”.

-Los ciudadanos están cansados de elegir gobiernos que incumplen sus promesas con la excusa de rendirle cuentas a Bruselas. ¿La democracia está en peligro?
“Los ciudadanos perciben que sus gobiernos no son los dueños de sus políticas, que pueden cambiar de gobierno pero no cambiar de política. La democracia pierde poder en la escena nacional y no lo recupera en la escena internacional. Cuando se anunció la intervención de Chipre había cinco personas y ninguna era un cargo electo directo”.

-A eso hay que sumar lo que ha ocurrido en países como Italia…
“Bueno, en Italia se eligió democráticamente…”.

-Bueno…
“Las formas se guardaron. A Monti lo votó el Parlamento. ¿Por qué? Seguramente porque no le dejaron más remedio…”.

-Es decir, vivimos en un mundo en el que no podemos elegir o elegimos entre dos opciones idénticas. ¿Hasta qué punto eso es libertad?

“Es preocupante que la crisis no haya contribuido al ejercicio de la democracia. El déficit democrático del que tanto se habla no se ha corregido, se ha agravado”.