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26 de septiembre de 2012

No es una lucha de clases

Decía Alexis de Tocqueville que solo en un gobierno democrático los que votan por un impuesto pueden escapar de la obligación de pagar. Llegó a esa conclusión en pleno siglo XIX, pero su clarividencia sirve para comprender la falsa lucha de clases en la que nos dicen que andamos metidos. En los últimos tiempos, la palabra justicia aparece mucho en las conversaciones. Vivimos una crisis cruel que ha obligado a cambiar los discursos, a rescatar palabras que aún pronunciábamos, pero que creíamos patrimonio de otras épocas. Casi a la vez han aparecido nuevos conceptos. Hoy hablamos del copago -farmacéutico, universitario, legal…- como única receta exportable para mantener los vapuleados estados del bienestar. Los que tienen un poco más deben (re)pagar más para poder mantener los servicios sociales. Suena bien, pero ¿eso no lo habíamos inventado ya? ¿La justicia distributiva no se garantizaba con un sistema de impuestos progresivo?

El uso y abuso del lenguaje hace que las palabras pierdan su significado. Hablar de igualdad no hace que se multiplique la honestidad y extender el copago no implica un contrato social más digno. De hecho, está ocurriendo justo lo contrario. Las nuevas tasas, que vienen siempre con el adjetivo de solidarias, recaen en la exigua clase media. A todos estos ciudadanos se les ha exigido desde 2008 que se comprometan más, que aumenten su aportación para mantener lo poco que queda de aquellos valores socialdemócratas que emergieron tras la Segunda Guerra Mundial. El problema es que no soportarán eternamente esa carga. ¿Por qué pagar dos veces por la sanidad si existen seguros privados? ¿Y si declaro menos? Nos ha tocado vivir en una era en la que necesitamos aunar esfuerzos, pero nuestros políticos prefieren dar sermones perversos. Dicen que quieren justicia, que solo la equidad mantendrá vivo nuestro modelo, pero no es cierto. Lo que sugieren veladamente es que nuestro sistema es extremadamente caro y que unos pocos tienen la responsabilidad de mantenerlo a flote. No dejes que te engañen, en realidad están ensalzando la privatización de lo público. Las clases altas se aprendieron hace mucho el truco de Tocqueville, eluden impuestos, se enriquecen y viven ajenas a estas disputas domésticas. No es una lucha de clases, es la estafa perfecta.

21 de septiembre de 2012

Canarias, en la encrucijada del Sahel



Un millón y medio de personas, 830.000 kilómetros cuadrados y el fundamentalismo islámico campando a sus anchas. Malí ya era un estado fallido antes, pero los acontecimientos de los últimos meses han terminado de convertir el norte del país en un santuario terrorista. Esta zona, controlada por Al Qaeda, amenaza seriamente la seguridad de Europa y, por ende, de Canarias. Carlos Echeverría, un experto en terrorismo yihadista que dirigió el programa Understanding Terrorism para el departamento de Defensa de Estados Unidos (EE.UU.), sabe que si no se controla la inestabilidad del Sahel (zona transición entre el desierto del Sáhara en el norte y la sabana sudanesa en el sur) esta situación puede generar problemas relacionados con inmigración, terrorismo y tráfico de drogas. “Se trata del desafío de seguridad más importante y más difícil de gestionar en África”.

El investigador aplaudió las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, que el martes vinculó los sucesos del norte de África con Canarias. “No ha sido una exageración del ministro: hay que hablar más de estos temas y hacer una labor didáctica para entender lo que ocurre. Situaciones como las de Malí provocan grandes desplazamientos de población. Que Canarias haya superado la crisis de los cayucos no significa que las rutas migratorias no se vuelvan a reactivar”, alerta. Además, desde su punto de vista, las rutas migratorias pueden ser una vía de acceso para el terrorismo y los tráficos ilícitos. Las pateras “son vehículos de acceso al territorio europeo. No es alarmista decir que los terroristas pueden entrar a Europa en patera”. Hasta el momento las fuerzas de seguridad no tienen constancia de que esto haya ocurrido, pero “todas las embarcaciones no son interceptadas”. A ello hay que unir que el descontrol del Sahel ha convertido esta franja en un territorio especialmente apto para el tráfico de drogas. Este negocio, junto con el secuestro de cooperantes occidentales, financia la causa terrorista.


Las Islas, ¿un portaviones?

Potencias europeas y africanas buscan estos días posibles soluciones a la situación de Malí. Las opciones que se plantea la comunidad internacional son intervenir -si hay consenso y una resolución de Naciones Unidas- o apoyar militarmente a las fuerzas del sur del país para que emprendan la recuperación del norte. La segunda alternativa parece la más factible: los gobiernos occidentales no tienen dinero para afrontar una misión de combate y en Malí no quieren oír hablar de injerencia extranjera. De cualquier forma, mientras se toma una decisión “hay que prestar ayuda al estado maliense”. En ambos escenarios, el papel de Canarias será relevante: “El Archipiélago tiene un gran valor logístico y sus puertos y aeropuertos podrán ser usados para dar apoyo a las fuerzas de Malí”, precisa Echeverría, haciendo alusión a las bases de Gran Canaria.


La otra ‘primavera árabe’ 

Echeverría, que también es director y analista del área de Terrorismo Yihadista Salafista, considera que las revoluciones árabes deben analizarse desde la perspectiva de la seguridad nacional de España, prestando especial atención a sus escenarios y norteafricanos y sahelianos. “En los próximos meses y años el escenario será de inestabilidad”, pronostica. Los islamistas, en general, han sido “los principales beneficiarios del proceso de cambio abierto y los radicales tienen hoy más visibilidad”. Ben Alí, Mubarak, Gadafi y Traoré “eran aliados de Occidente y bestias negras para Al Qaeda y sus sucursales”. Su caída, por paradójico que pueda parecer, no deja de ser “un enorme logro para los yihadistas”.


Frente Polisario

“¿Volver a la coger las armas? En términos militares es altamente inviable que esto ocurra”. Marruecos tiene el apoyo de EE.UU. y de otras potencias que ven con buenos ojos la solución de la autonomía, en lugar de la autodeterminación, para el Sáhara Occidental. La tesis alauí que vincula a miembros del Polisario y a terroristas puede volver al debate público como consecuencia del crecimiento del terrorismo en Malí. “Esta relación no tiene por qué surgir, pero por ello no hay que dejar de tener en cuenta la inestabilidad creciente de la zona”. Una situación que no se debe exclusivamente al poder que está ganando Al Qaeda en la zona, sino a otros factores de riesgo: el clima y el hambre.

7 de septiembre de 2012

La dictablanda del lector


Decía Manuel Jabois en una entrevista que el primer deber del columnista es pasar de los lectores. “Creo que de los lectores hay que pasar y dedicarse uno a estar satisfecho consigo mismo y su trabajo (…). Cuando firmas una columna lo normal es que algunos lectores te quieran separar las patitas para mirarte el sexo y ver de dónde vienes. Hay quien está acostumbrado a leer para que se les dé la razón y eso no está mal, porque cada uno lee el periódico como le conviene”.
Es difícil decir esto en los tiempos que corren. El lector, transformado en cliente, siempre ha tenido la razón. Antes uno escribía sin tener una idea precisa de hasta dónde llegaba su público. Podía publicar en un periódico de ámbito local con la esperanza de que unos cuantos lectores se detuvieran en su espacio y se percataran de las motivaciones que estaban depositadas en ese pequeño texto. Las redes sociales han transformado este proceso: no es que hayan acercado al periodista hasta ese público difuso, es que han favorecido el linchamiento online.
Es curioso que de manera paralela estemos siendo testigos y partícipes de la próspera vida de Twitter, una red social que, grosso modo, funciona como un catálogo de recomendaciones. Seguimos a aquellas personas que tienen algo que ofrecernos, que son capaces de filtrarnos la información. ¿Por qué? Decía el filósofo Zygmunt Bauman que la experiencia le había demostrado que el exceso de información es peor que la escasez. Y lo asegura alguien que vivió la censura de un régimen comunista. Por eso necesitamos depositar nuestra confianza en aquellos que tienen el conocimiento y la perspectiva necesarios para seleccionar por nosotros, para hacer la indispensable criba para la que no tenemos tiempo. El problema de todo esto es también su virtud: nos permite elegir a los narradores de nuestra realidad. Vivimos en el mundo que creemos que existe, pero, ¿es de verdad?
Manuel Jabois contaba, en la misma conversación, que un día se encontró con un amigo que había sido padre. A muchos de sus amigos les había ocurrido lo mismo por aquella época y no recordaba si había tenido una niña o un niño. Y le daba mucha vergüenza preguntar. Cuando su colega se apartó del carrito un momento aprovechó para asomarse un poco al pañal y ver qué había. “Imagínate la zozobra del padre cuando me descubrió con la mano allí. Pues eso mismo me ocurre a mí cuando me quieren ver el carné que por supuesto no tengo”. Los lectores deberían pensar que, muchas veces, son ellos los que necesitan, a toda costa, identificar a los de su bando. No les gusta que haya gente que no se sube a un barco. Simplemente porque no saben qué hacer con los inclasificables. Y, sin embargo, ellos son los que más tienen que ofrecer.