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14 de diciembre de 2011

Canarias: ¿pesca o roba?

Inestabilidad, contrapartidas financieras y problemas jurídicos. Los acuerdos pesqueros que la Unión Europea y Marruecos han ido rubricando desde 1988 siempre han dejado tras de sí muchas renuncias. Desde que el reino alauí empezó a utilizar sus recursos como motor de política exterior, el club europeo se ha topado cada vez con más dificultades para sacar partido a su flota, obtener beneficios y abastecerse. Estas complicaciones han afectado siempre a Canarias, que ha sufrido cada vez que Europa y Marruecos se han sentado a negociar sobre pesca. Hasta fechas relativamente recientes, los marroquíes no habían dedicado grandes esfuerzos a explotar sus caladeros. Los pescadores de Galicia, Canarias, Andalucía y el Levante faenaban en el litoral norteafricano, obteniendo de este duro trabajo una fuente importante de ingresos para unas regiones caracterizadas por una economía débil. Poco a poco el interés marroquí por sus aguas fue creciendo. De hecho, cobró tanta importancia que a finales de los años 60 Francisco Franco terminó devolviendo Ifni a Marruecos a cambio de que los pescadores españoles siguieran con sus capturas. Desde que en 1975 se firmaran los Acuerdos de Madrid y el Sáhara se quedara en un eterno limbo de indefinición jurídica, Canarias, España y Europa se han saltado el Derecho Internacional y han obviado todas las resoluciones de Naciones Unidas que dicen que el Sáhara tiene derecho a la descolonización.

La sorprendente decisión tomada hoy por el Parlamento Europeo puede ser un duro golpe para la maltrecha economía canaria, a pesar del declive de la pesca local, pero es una excepción que debe reseñarse: los eurodiputados han votado "no" teniendo en cuenta, entre otros aspectos, que el acuerdo vulnera el Derecho Internacional. Es decir, la flota española debe cesar inmediatamente sus actividades pesqueras en estas aguas. Una determinación que, aunque se ajusta más a la legislación, también trae muchas injusticias: las penurias que tendrán que vivir muchas familias al ver cómo su única fuente de ingresos se cierra repentinamente. Es una paradoja cruel, pero lo cierto es que manifestarse en las calles por la autodeterminación del Sáhara no está muy bien si al mismo tiempo les quitamos a los saharauis el pescado de sus mesas y permitimos que sigan viviendo en tiendas de campaña.

Esta decisión se tomó gracias a que el acuerdo fue rechazado por 326 votos. Doscientos noventa y seis parlamentarios respaldaron el convenio y otros 58 se abstuvieron. Ocho eurodiputados españoles, entre ellos dos socialistas y un popular, se posicionaron en contra de la prórroga provisional que permitía a la flota comunitaria faenar en aguas gestionadas por Marruecos hasta febrero de 2012. El acuerdo se estaba aplicando de forma provisional desde el pasado 28 de febrero, es decir, desde hace casi un año. Gracias al último acuerdo, los países comunitarios adquirieron 119 licencias de pesca (100 de ellas para España) por 36,1 millones de euros anuales.

El Gobierno español y el canario no tardaron en manifestar su total rechazo a la decisión del Parlamento Europeo basándose en las consecuencias económicas que esta decisión tendrá sobre los trabajadores del sector. Según la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas de Canarias, en lo que va de 2011 las flotas artesanal y atunera del Archipiélago han capturado un total de 5,51 toneladas que suponen 7,18 millones de euros. Además, este cese de las actividades afecta también a otros sectores, como el de la descarga portuaria, los transportes y los servicios.

Un socio complicado
La incorporación de España a la Comunidad Económica Europea, hoy Unión Europea, supuso que las competencias pesqueras fueran transferidas a la esfera comunitaria. La UE tiene la mayor superficie marítima del mundo, con 1.200 puertos, y la mayor flota mercante, que transporta el 90% del comercio exterior y el 40% del interior. Además, se ha erigido como la cuarta flota del mundo. Este sector da empleo a más de 350.000 personas en todo el continente. Por un lado, el hecho de que el Estado español pasara a formar parte del selecto club reforzó su capacidad negociadora. Por otro, tuvo que asumir que Marruecos utilizaría más sus recursos pesqueros como un arma al servicio de la política exterior. La prueba de ello es que Rabat ha presionado mucho a la UE para conseguir compensaciones en cada una de las negociaciones. Además, no ha tenido reparos a la hora de negarse a firmar acuerdos y obligar así al amarre de la flota.

Marruecos, un negociador sin derecho
Lo irónico de todo esto es que Marruecos no puede negociar con aguas que, en teoría, pertenecen al Sáhara. Al ser una colonia, este Estado no puede gestionar sus recursos. Debería hacerlo la potencia administradora del territorio, pero siempre que se comprometa a revertir los beneficios en el territorio hasta que éste logre su independencia. Marruecos no cumple este requisito porque considera que el Sáhara le pertenece y que no es una colonia. Sin embargo, lo cierto es que Marruecos ni siquiera puede considerarse potencia administradora. Una opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, cuando todavía España administraba el territorio, demostró que no existen vínculos de soberanía entre el Sáhara y Marruecos. Además, Naciones Unidas no ha reconocido a Marruecos como potencia administradora. Es más, España es hoy la potencia administradora "de iure", aunque no “de facto”.

Esta es la teoría. En la práctica, la realidad es bien distinta. Como explica el profesor de Derecho Internacional y ahora Comisionado para el Desarrollo del Autogobierno y las Reformas Institucionales, Fernando Ríos, “el respeto escrupuloso al Derecho Internacional es más la excepción que la regla. Solo hay que reparar en el conflicto de Israel y Palestina o en el del propio Sáhara. Marruecos no ya es que se considere potencia colonizadora, sino que por la fuerza de los hechos -en la práctica lo han reconocido Estados Unidos y la propia UE- entiende que el Sáhara es territorio nacional. Lo llama las provincias del sur”. La postura de la UE, España y Canarias legitima la capacidad negociadora de Marruecos. Todo ello a pesar de que los ciudadanos españoles siempre han estado muy comprometidos con la causa saharaui. Han salido a las calles a clamar por sus derechos. Lo han hecho hasta sus políticos. Trinidad Jiménez, antes de ser ministra de Asuntos Exteriores y Cooperación, se posicionó claramente con las exigencias canalizadas a través del Frente Polisario. Su perspectiva cambió cuando llegó al Gobierno. El 16 de febrero de 2011, en plenas negociaciones de la prórroga del convenio que acaba de ser rechazado por la Eurocámara, manifestó que el convenio debía incluir el banco sahariano.

Piratas contra piratas: el ejemplo de Somalia
Somalia es también un ejemplo de territorio con “mares fallidos”. Las diferencias entre el Sáhara y Somalia son insalvables, pero conviene recordar por qué se producen secuestros en el Cuerno de África que afectan a pescadores de la Unión Europea. En realidad, ellos no son los únicos malos de la película. En Somalia luchan piratas contra piratas.

Como explica el profesor de Relaciones Internacionales Fernando Fernández Fadón (en un análisis publicado en el Real Instituto Elcano), la piratería marítima no es un problema nuevo ni exclusivo de Somalia. “El impacto que tiene la pesca ilegal sobre las condiciones socioeconómicas de las comunidades pesqueras autóctonas de los países en desarrollo es un hecho constatado, entre otros, por la Comisión Europea, que estima que más del 50% del total de las capturas en Somalia, Liberia y Guinea Conakry son practicadas de manera ilegal Los datos de que se disponen para evaluar esas repercusiones no están muy actualizados a causa de la propia dinámica interna de Somalia, pero, según la FAO, unos 700 buques de compañías extranjeras faenan de manera ilegal en la zona de Somalia, siendo la pesca artesanal –que comprendía en 1990 el 60% de las descargas– la más afectada por la competencia directa de las flotas extranjeras, mientras que el 40% restante, que corresponde a la pesca industrial, se encuentra también mayoritariamente controlado por empresas foráneas. El hecho objetivo de que los pescadores somalíes puedan pescar cada vez menos afecta de una manera decisiva a las ya de por sí frágiles economías litorales y explica, en parte, el origen de la piratería en la zona y su uso por los grupos de piratas en Somalia como argumento retórico para justificar sus acciones”.

En definitiva, saltarse el Derecho Internacional puede tener efectos beneficiosos sobre la economía, pero también, a largo plazo, puede ser un problema de seguridad.




2 de diciembre de 2011

¿Una primavera árabe en el Sáhara?


Son solo 100 kilómetros. Esa es la distancia que separa a Canarias del Sáhara. Una delgada franja de mar que actúa como frontera entre la civilizada Europa y este desértico territorio atrapado en el tiempo. Los saharauis llevan más de 35 años intentando ejercer el derecho a la autodeterminación que Naciones Unidas les ha reconocido en diferentes resoluciones. Todos sus intentos han fracasado. En ese tiempo Canarias se ha desarrollado a gran velocidad. Primero, con el boom turístico de los años 70. Luego, de la mano de España al ingresar en las comunidades europeas. Mientras los canarios construían resorts de lujo y vendían sus productos a los países del concierto europeo, los saharauis sólo podían levantar tiendas de campaña sobre la arena y ver cómo Marruecos expoliaba su territorio. Pero, ¿se puede vivir tan cerca y a la vez tan lejos? ¿Cuánto tiempo más aguantarán los saharauis así?

En Canarias apenas se escucha, pero lo cierto es que en algunos foros internacionales ya se comenta la posibilidad de que los saharauis retomen las armas para exigir su independencia. A nadie le interesa que este conflicto se radicalice. Tanto la Unión Europea como Estados Unidos necesitan socios estables en el Norte de África: sin paz este continente no será el suministrador de energía que necesitan. Sin embargo, a Canarias le afecta mucho más directamente. El Archipiélago es la espalda del Sáhara.

En algún documento del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) ya se baraja esta posibilidad. No se habla exactamente de guerra, pero sí de idear fórmulas violentas para lograr visibilidad internacional y que el debate sobre el futuro del Sáhara Occidental vuelva a la agenda global. El Frente Polisario ha hecho grandes esfuerzos por desvincularse de los terroristas islámicos que están actuando en la zona. Sabe que debe evitar que sus reivindicaciones se identifique con las de los terroristas que se mueven por el Magreb. Si no, el daño a la causa saharaui sería irreparable. Pero, ¿todos los saharauis están de acuerdo con esta postura?

El problema está en los jóvenes. El Frente Polisario sabe que no cuenta con los medios necesarios para embarcarse en una guerra, pero la desesperación hace que se tomen medidas desesperadas. "Un escenario más peligroso se basaría en el descontento de la juventud saharaui, que en su inmensa mayoría no ha conocido su patria de origen y ya no se contenta con estudiar en Cuba o Argelia, viajar a Canarias o dedicarse al comercio caravanero entre Mauritania, Níger, Malí y Argelia. En su seno han ido apareciendo en los últimos años diversos grupos que, a semejanza de las juventudes de otros países tan activas en las revueltas de la 'Primavera árabe', exigen democracia y libertad, como ocurre con la corriente Jat Achahid, muy crítica con la burocracia del Polisario y descontenta con el régimen de partido único. El mayor peligro estriba en que se produzca un desvío de la juventud saharaui hacia el islamismo radical. El camino del Islam, en su vertiente más extremista podría colmar el vacío dejado por la trasnochada ideología de la dirección del Polisario, último bastión de las corrientes del socialismo árabe que tan populares hicieron en los años sesenta líderes como Nasser, Bumedian o Gadafi, pero que hoy en día resultan anacrónicas. En el contexto del Magreb esta evolución resultaría particularmente preocupante por el carácter violento y anti-sistema que el islamismo radical lleva consigo". Esta explicación de Ignacio Fuente Cobo, que fue publicada en julio de este año, advierte de los peligros que la no resolución de este conflicto puede traer consigo. Lo cierto es que esta desviación todavía es difícil dado el férreo control que ejerce el Polisario sobre los refugiados. Sin embargo, es un escenario que los analistas internacionales no descartan.

De hecho, dos expertos en la materia, que asistieron a unas recientes jornadas sobre seguridad y defensa en el Norte de África celebradas en La Laguna, también coincidieron a la hora de señalar la posibilidad de que el conflicto adquiera un cariz violento.

“Las posibilidades de que haya una escalada de violencia en el conflicto del Sáhara están ahí”. Rafael Calduch, catedrático de Relaciones Internacionales y Derecho Internacional de gran prestigio, vino a hablar de las revoluciones en el Norte de África, pero quiso advertir también de la inseguridad que implica la existencia de este pueblo al que se le ha negado el territorio para constituir su estado.

Eloy Ruiloba, experto por la Universidad de Málaga en Derecho Internacional, explicó de dónde vienen los riesgos de que se radicalicen las posturas. “Hay parte del pueblo saharaui, sobre todo los más jóvenes, que está empezando a pensar en la guerra. La pobreza, la falta de educación y no ver luz al final del túnel: todo eso hace que la gente joven que está viviendo en los campamentos de refugiados de Tinduf se pregunte cada vez más qué hace allí". La ausencia de expectativas carcome su futuro. Después de cerca de cuatro décadas sin que les dejen escribir su propia historia, los más jóvenes están cansados de no poder cambiar su destino. La ley les permite construir un estado propio, pero en la práctica los marroquíes envían a colonos a su territorio y no les dejan independizarse. ¿La violencia es la solución? En un contexto colonial, "el derecho a la autodeterminación admite que un pueblo utilice la fuerza cuando la potencia administradora, por la fuerza, impide que se cumpla ese derecho". Es decir, los saharauis tienen derecho a hacer la guerra. Lo que no tienen es medios ni aliados.

14 de noviembre de 2011

Blogs de relaciones internacionales

¿Te interesan las relaciones internacionales? Aquí tienes un listado de blogs muy interesante (elaborado por la revista FP):



A golpe de azul: Jose Ignacio Torreblanca. Es director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations (ECFR), profesor de la UNED y columnista de El País. Su blog recoge artículos sobre Unión Europea y otros temas de política internacional. Publica desde enero de 2010.

Aguas Internacionales: Ramón Lobo. Es un veterano periodista de guerra que ha cubierto numerosos conflictos para El País desde 1992. En su blog abundan tanto la política internacional como una visión más humana de la situación en diferentes partes del mundo, con una amplia recopilación de fotografías y vídeos. Publica desde julio de 2010.

Alianzas: Leila Nachawati. Desde su blog en Periodismo Humano, Leila Nachawati escribe sobre la situación política y social en el mundo árabe, centrada especialemente en Siria. Publica desde marzo de 2010.

Andrés Oppenheimer: Es uno de los más reputados expertos en política latinoamericana. Desde su columna en el diario El Nuevo Herald escribe sobre política nacional, las relaciones internacionales en Sudamérica, Norteamérica y sus interacciones con otras regiones del mundo. Publica desde abril de 2007.

Aquiescencia: Carlos Espósito, Nicolás Carrillo Santarelli, Alejandro Chehtman y Ricardo Arredondo. Es un blog especializado en derecho internacional en el que escriben varios expertos sobre noticias, temas de opinión además de diversos cursos y convocatorias académicas. Publica desde enero de 2008.

Balagán: Eugenio García Gascón. Es corresponsal de Público en Jerusalén y escribe sobre las relaciones internacionales en Oriente Medio. Publica desde mayo de 2010.

Blog de Javier Echaide: Javier Echaide. Es profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador de asuntos relacionados con el libre comercio y la OMC. Se centra principalmente en escribir sobre temas relacionados con Argentina y América Latina. Publica desde mayo de 2006.

Blog de Jorge Volpi: Jorge Volpi. En su blog comenta la situación nacional mexicana, latinoamericana y algunos asuntos de carácter internacional. Publica desde julio de 2011.

Cartas del Este: Asier Blas. Profesor de Ciencias Política de la Universidad del País Vasco. Escribe un blog sobre los países que formaron parte de la órbita soviética, tocando temas de política, economía, sociedad y cultura junto a relatos de viajes. Publica desde diciembre de 2009.

Del alfiler al elefante: Lluis Bassets. Es el director Adjunto de El País y uno de los blogueros más reconocidos en el panorama iberoamericano. Reflejo, a menudo, de su columna semanal sobre política internacional que escribe para el diario, escribe con bastante frecuencia artículos de opinión sobre temas de relaciones internacionales con un lenguaje claro y directo. Publica desde abril de 2007.

Diario de Beirut: Tomás Alcoverro. Es uno de los más veteranos corresponsales españoles -ha publicado alrededor de siete mil crónicas según su blog-. Escribe para La Vanguardia uno de los primeros blogs en español sobre la situación en Oriente Medio. Publica desde julio de 2002.

Diario itinerante: Andy Robinson. Como corresponsal intienerante de La Vanguardia, Andy Robinson trata temas sobre política exterior, relaciones internacionales y economía. Por sus continuos viajes a través de todo el mundo, Robinson cuenta con una amplia visión del panorama internacional. Publica desde noviembre de 2003.

Diplomacia: Inocencio Arias. Ha sido, durante muchos años, uno de los diplomáticos españoles más reconocido, fue subsecretario de Exteriores entre 1988 y 1991. En su blog publicado en la revista FronteraD aborda las vicisitudes de la política internacional y las relaciones internacionales desde un enfoque ameno y cercano. Publica desde noviembre de 2009.

El faro de Oriente: Mónica G. Prieto. Es reportera internacional desde los 19 años en lugares como Afganistán, Irak, Líbano, Chechenia, Macedonia, Gaza, Israel y Chiapas, es corresponsal en Oriente Medio para El Mundo y Periodismo Humano. En su blog publicado en el portal Cuarto Poder, escribe sobre la situación en la zona. Publica desde enero de 2010.

El minotauro anda suelto: Olga Rodríguez. Periodista especializada en información internacional. Escribe un blog en el que trata temas de la actualidad internacional desde un enfoque predominantemente social. Ha cubierto temas como las manifestaciones de la primavera árabe en Egipto y el movimiento 15-M en Madrid. Publica desde marzo de 2010.

El mundo desencajado: Laura Villadiego. Es una periodista española. En un blog escribe sobre las relaciones internacionales en el Sudeste Asiático, destacando sus artículos sobre Camboya y su publicación semanal en la que hace un repaso a lo acontecido en Asia. Publica desde diciembre de 2009.

El Señor Kurtz: Fernando Díaz. Publica un blog en el que toca temas de relaciones internacionales, especialmente aquellos que tienen que ver con África. Destacan las reseñas que realiza de libros sobre temas internacionales de autores de actualidad y clásicos de las relaciones internacionales. Publica desde junio de 2006.

El Tablero Global: Carlos Enrique Bayo. Es el redactor jefe de Mundo en Público y antiguo corresponsal en Moscú y en Washington. Escribe sobre relaciones internacionales. Publica desde marzo de 2009

Escenarios: Genaro Lozano. Profesor del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Escribe un blog en el diario El Universal sobre relaciones internacionales, en particular trata temas relacionados con México y Estados Unidos. Publica desde septiembre de 2009.

Explorando el futuro: Martín Ortega. Es profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. En su blog escribe sobre derecho internacional y economía. Publica desde mayo 2010.

Global Voices en español: Varios autores. Global Voices es una red de más de 300 blogueros y traductores en todo el mundo que escriben y traducen artículos desde diferentes lugares del globo. Publica desde enero de 2007.

Guerra Eterna: Iñigo S. Ugarte. Uno de los blogueros más decanos de la blogoesfera iberoamericana. Ha sido corresponsal de Público en Londres. En su blog escribe sobre temas de relaciones internacionales y conflictos. Publica desde noviembre de 2003.

Guerra y Paz: Moeh Atitar de la Fuente. Es periodista de El País. En su blog Guerra y Paz escribe sobre relaciones internacionales, conflictos y comunicación. Publica desde enero de 2006.

Guerreros del Teclado: Lali Sandiumenge. Desde su blog para el diario La Vanguardia, continuación de uno personal iniciado en 2007, la autora relata, con especial énfasis en el mundo árabe, la situación en la que se encuentran activistas y blogueros en la zona. Publica desde marzo de 2011.

La Oreja de Europa: Macarena Rodríguez. Periodista especializada en asuntos europeos. Escribe desde Bruselas el que fuera en 2009 premiado por la Representación de la Comisión Europea en España como el mejor blog sobre Europa. Trata temas de la Unión Europea y comunicación. Publica desde diciembre de 2007.

Materias Grises: Roger Senserrich. Desde New Haven (Connecticut, EE UU), Roger Senserrich escribe junto a siete personas más un blog sobre la actualidad española, europea y estadounidense. Tratan temas sobre política y economía en un tono ameno e informal con una periodicidad casi diaria. Publica desde octubre de 2004.

Mauricio Meschoulam: Es profesor del departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y colaborador de El Universal. En su blog escribe sobre relaciones internacionales y terrorismo. Publica desde noviembre de 2010.

Moisés Naím: Columnista de varios medios internacionales, fue ministro de Industria y Comercio en Venezuela y antiguo director de la revista Foreign Policy. Moisés Naím es uno de los más reconocidos expertos en relaciones internacionales del mundo. En su página web recoge los artículos que publica en diversos medios. Publica desde febrero 2002.

Multiverso: Sergio González Rodríguez. Investigador de los bajos fondos del narcotráfico y la violencia. Escribe un blog en la revista FronteraD sobre la situación en México y las influencias internacionales, como las revelaciones de Wikileaks. Publica desde diciembre de 2009.

Obama World: Jordi Pérez Colomé. El autor es director adjunto de la revista El Ciervo. En su blog, uno de los más activos de la blogoesfera iberoamericana de relaciones internacionales, escribe sobre relaciones internacionales y política norteamericana. Publica desde noviembre de 2009.

Política internacional - Colombia, Latinoamerica y el Mundo!: Adolfo Ramírez. Escribe un blog en el diario El Tiempo sobre relaciones internacionales en el que aborda eventos de política internacional y la influencia de ésta sobre Colombia y Sudamérica. Publica desde diciembre de 2006.

Sobre el mundo mundial: Jose María Tortosa. Sociólogo español influido por la teoría del sistema-mundo (que explica el funcionamiento de las relaciones sociales, políticas y económicas a lo largo de la historia en el planeta). En su blog trata temas de economía, política y cultura desde una perspectiva internacional. Publica desde julio de 2008.
Un mundo transformado: Carlos Murillo. Es profesor de las Universidades de Costa Rica. En su blog escribe sobre temas de política internacional y diplomacia. Publica desde septiembre de 2010.

24 de octubre de 2011

De cooperantes a víctimas: el peligro de convertir el humanitarismo en un arma de política exterior


El humanitarismo nació bajo una aureola de solidaridad y un espíritu misionero, al amparo de una organización religiosa, la Cruz Roja, una entidad que se esforzó por patentar la compasión y el amor al prójimo, y así humanizar las guerras. Su objetivo fue prestar ayuda a todas esas víctimas que se veían sacudidas por una contienda que no querían, salvaguardar la dignidad de tantos seres humanos a los que el destino los había traicionado. De camino, ponerle límites a la guerra, acuñar que todo no vale. Ni siquiera cuando el sonido de las bombas es la única música que se puede escuchar y el miedo no deja dormir. Por ello, los primeros trabajadores humanitarios desempeñaron su labor asistencial al lado de los militares, pero no con ellos. Era evidente que sus visiones de la realidad diferían mucho. La neutralidad y la imparcialidad eran entonces la base de un modo de entender el humanitarismo que iría cambiando mientras la historia avanzaba (algunas ongs se niegan hoy a ser neutrales). Los militares, uniformados bajo la bandera de algún país, exportaban violencia e ideología; eran víctimas y victimarios a la vez.

Hoy, los cooperantes viajan hasta países en conflicto con la misma intención: prestar ayuda. Sin embargo, cada vez con más frecuencia caen en manos de secuestradores que chantajean a los gobiernos occidentales. Es el caso de los tres cooperantes que acaban de ser apresados en los campamentos de Tinduf, en territorio de Argelia, por Al Qaeda en el Magreb.

Al mismo tiempo, los militares están presentes en las operaciones de paz y las ongs son financiadas, esencialmente, por gobiernos. ¿Es posible? ¿Los gobiernos pueden hacer política exterior a través de sus cooperantes sin que eso le pase factura? ¿Qué efectos tiene que militares y cooperantes parezcan, a ojos de extraños, las dos caras de una misma moneda?

De un tiempo a esta parte, el término humanitarismo se ha puesto de moda. Se ha convertido en uno de los adjetivos preferidos por los gobiernos a la hora de calificar muchas de las actuaciones que llevan a cabo en materia de política exterior. Las encuestas de opinión pública denotan que la sociedad española no es favorable al aumento de los presupuestos de Defensa ni al envío de soldados españoles al extranjero para misiones de combate. Pero, ¿qué ocurre cuando a esas operaciones militares se les añade la coletilla de “humanitarias”?

Es muy complicado aceptar, sin normas, que las fuerzas armadas participen en el territorio que tradicionalmente ha sido patrimonio de este “humanismo profesionalizado”, como ocurre hoy cuando se produce un desastre natural o una emergencia de otro tipo. No obstante, hay otros problemas a tener en cuenta. Los trabajadores corren el riesgo de que las partes participantes en un conflicto no los consideren neutrales o imparciales, sino que encuentren motivos suficientes para creer que se han alineado en uno de los bandos. Como se puede leer en la edición digital de la Revista Internacional de la Cruz Roja el 30 de septiembre de 2004, “aunque raras veces se cuestiona la imparcialidad en cuanto a principio ético fundamental de la acción humanitaria, en la práctica, en muchas operaciones internacionales de ayuda ese principio no se aplica. La mayoría de las organizaciones humanitarias, los organismos de Naciones Unidas y las ONG dependen, en gran medida, de los fondos proporcionados por gobiernos donantes de Occidente, cuyas prioridades -como es lógico- no se basan sólo en las preocupaciones humanitarias”. El problema se acentúa si tenemos en cuenta que, desde el siglo pasado, varios activistas han llegado a la conclusión de que la acción militar, emprendida idealmente por las Naciones Unidas y por las grandes potencias, es la única respuesta moral a ciertas crisis humanitarias. Hay ocasiones en las que la cooperación no basta. ¿Y entonces qué hacemos?


Palabras, realidades…

El caso reciente de la intervención en Libia de las potencias occidentales, con una resolución de la ONU amparándose en el principio de la responsabilidad de proteger, es una muestra de cómo, en muchas ocasiones, decidir si es mejor intervenir militarmente o no, es muy complicado. Pero también es una muestra de cómo el poder político se apoya en las palabras para moldear la realidad. Hay fronteras que el humanitarismo tradicional no puede traspasar. No tiene medios ni competencias, y, además, no es su misión imponer la paz. Como se subraya en el informe Fuerzas Armadas y Acción Humanitaria, Debates y propuestas del Instituto de Acción Humanitaria, en lugar de dejarnos arrastrar por un supuesto estado de opinión que demanda que nuestros soldados sean enviados como actores humanitarios ante cualquier contingencia tiene que tomarse otro camino que permita ampliar las capacidades civiles para actuar en situaciones críticas, sea dentro o fuera del territorio nacional. “No hacerlo así dificulta más aún que se corrija el rumbo adoptado ya desde hace unos años, y se debilita el aparato civil del estado para dotarse de capacidades propias para actuar tanto dentro del territorio nacional como en auxilio de quienes lo necesiten en cualquier otro lugar“.

Esta mezcla extraña entre fuerzas armadas y humanitarismo ha hecho que cada vez se desdibujen más los límites. Y eso es peligroso. No porque los militares no puedan participar en la ayuda humanitaria. “Las consecuencias son muy graves para el personal humanitario. El hecho de ser percibidas, al menos por algunos sectores, como parte de una operación militar y política dominada por Occidente ha causado a las organizaciones humanitarias graves problemas de seguridad en contextos como Afganistán e Iraq” (Revista Internacional de Cruz Roja).

Es exactamente lo que está ocurriendo en África. Es lo que pasa cuando los ahora piratas somalíes secuestran a los pescadores occidentales. Es una respuesta a la política exterior, a veces acertada y otras desastrosa, de los gobiernos occidentales y de la UE. No es una justificación, es una explicación de la realidad. Cuando los planes directores de cooperación, la política de seguridad y los intereses comerciales se ensamblan, los resultados pueden ser trágicos. El Plan Director de Cooperación de España (2009-2012) presta especial atención a Argelia, un país con el que se han firmado, en el mismo marco temporal, acuerdos de repatriación de inmigrantes, y con el que se tienen relaciones comerciales para la exportación de recursos energéticos.

Ese estado siempre se ha posicionado con los saharauis, a favor de su causa, reconocida por la comunidad internacional a través de diferentes resoluciones de Naciones Unidas que amparan el derecho a la autodeterminación de este pueblo. España contempla ayudas para los refugiados en los campamentos de Tinduf. No obstante, como muestra de este doble rasero propio de Occidente, hay que recordar que cuando se firman los acuerdos de pesca entre la UE y Marruecos, España y la propia UE olvidan que Marruecos negocia con aguas que, en teoría, pertenecen a la colonia, obviando el Derecho Internacional.

Estas incoherencias terminan con el pago de los secuestros. Los terroristas raptan a ciudadanos occidentales para exigir un rescate con el que seguir financiándose y hacer frente a los “ataques” de los países desarrollados. La cuestión no es si hay que pagar o no. ¿Cuántos presidentes de gobierno están dispuestos a permitir la muerte en directo de unos ciudadanos sin abrir la cartera? El verdadero debate va más allá de si hay que acceder al reembolso o no.


¿Un ismo con pasaporte de moda?

Es difícil encontrar a alguien que no quiera alinearse bajo las virtudes del humanitarismo. Pero como con todos los ismos, hay que tener cuidado. El humanitarismo no puede desaparecer. Ni en las relaciones internacionales ni en la vecindad más cercana. Por eso, la sociedad civil debe conocer cómo funciona y analizar si cada vez que escucha esta palabra está bien utilizada. Si no, se corre el riesgo de avalar intervenciones de dudosa legalidad.

Desde que el término “guerra contra el terror” se instaurara tras el fatídico 11-S, este problema conceptual y humano se ha acentuado. Los gobiernos defienden intereses que muchas veces poco o nada tienen que ver con defender la humanidad en sí misma. Son los ciudadanos los que deben recordarle a su gobierno, con vehemencia y frecuencia, las cosas que no quieren que hagan en su nombre. Si no, nos estaremos convirtiendo en cautivos de ideologías que desconocemos. Por mucho que queramos posicionarnos a un lado o a otro de la línea que separa la derecha de la izquierda, el humanitarismo es más que eso. Se trata de defender la dignidad humana, algo a lo que no podemos renunciar jamás. Por eso, no puede transformarse en un ismo fugaz, que deje una estela escueta de inconformismo. Tiene que ser un ismo sin pasaporte de moda. Un ismo en el que sus devotos se pregunten constantemente por ese gusto por el oxímoron. Esa necesidad de utilizar palabras contradictorias sin pestañear: guerra justa. Intervenciones militares humanitarias...

21 de octubre de 2011

El Nobel de la Paz: ¿incentivo o reconocimiento?

Al Gore, Obama y ahora la presidenta de Liberia Johnson-Sirelaf. En los últimos años varias personalidades políticas se han hecho con el Nobel de la Paz. Estas tres elecciones han venido acompañadas de una avalancha de críticas ciudadanas. ¿Deben recibir los políticos el Premio Nobel? ¿Siempre ha sido así? Y, lo más importante, ¿se merecen semejante distintivo?

La difusión del calentamiento global se convirtió en la profesión del ex vicepresidente de Estados Unidos una vez que abandonó la Casa Blanca. El problema del cambio climático fue expuesto ante multitudes de todo el mundo. También en Tenerife, donde Al Gore vaticinó los desastres de un fenómeno que nació prometiendo arrasar con el modo de vida actual y engendrar más pobreza si el ser humano no se movilizaba con rapidez. Con varios powerpoints debajo del brazo recorrió medio planeta advirtiendo del desastre que los científicos de Panel Intergubernamental del Cambio Climático vislumbraban. Estados Unidos, no obstante, no había querido ratificar el Protocolo de Kioto mientras él ocupaba la vicepresidencia.

Premiar a Obama con el Nobel fue considerado un aliciente para el presidente de un país que libraba guerras en el momento de la entrega, pero que abogaba por trazar un nuevo camino de concordia entre Occidente y Oriente. La muerte de Bin Laden, y las posteriores declaraciones del líder norteamericano, reabrieron el debate. ¿Había hecho méritos el primer presidente negro de Estados Unidos para hacerse con el galardón?

Johnson-Sirelaf, en cambio, fue reconocida por ser la primera mujer africana elegida democráticamente después de que concluyera el conflicto armado en Liberia. Esta mujer, que compartió la última edición del premio con las activistas Leymah Gbowee y Tawakkul Karman, también contribuyó a la caída del anterior presidente, Charles Taylor, a quien un tribunal internacional juzga por crímenes contra la humanidad.

En la lista de políticos que también lograron el distintivo está, cómo no, Nelson Mandela. En este caso, pocas personas han estado en contra de que el Nobel recayera en el icono africano que pasó gran parte de su vida en la cárcel en su intento de luchar contra el apartheid. Lo mismo ocurre con Martin Luther King, el defensor de los derechos de los afroamericanos en Estados Unidos que murió asesinado por defender sus ideas.

Pero, ¿qué ocurre cuando ese mismo jurado decide reconocer, por encima de todos los hombres y mujeres que promueven la paz, a Yaser Arafat? ¿Es justo? ¿Es ético? ¿Es efectivo? Ocurrió cuando la paz entre Palestina e Israel parecía estar cerca, en 1994, en el contexto de los Acuerdos de Oslo.

Entonces, por lo visto, parecía una buena idea incentivar al líder de la OPL. La historia ha demostrado el nulo efecto que tuvo esta decisión, pero no ha respondido a las preguntas morales que surgen ante una elección así. ¿El Nobel de la Paz debe ser un estímulo para lograr la paz o un reconocimiento a una vida dedicada a pacificar? ¿Están los políticos más capacitados para erradicar los conflictos? Si es así, ¿tienen ventaja sobre otros promotores de la paz? ¿Hasta qué punto es lícito depostitar esa confianza en un hombre como Arafat, que creyó en la violencia como método para recuperar la tierra perdida? ¿Es la forma occidental de redimirnos por no tomar partido en un desastre que engendramos? ¿Una opción así puede lograr que la estabilidad llegue a Oriente Medio?

Todas esas dudas me asaltan cuando el Premio Nobel, anualmente, acapara las portadas de diarios de todo el mundo. Y entonces es bueno recordar aquel discurso que Arafat pronunció en Naciones Unidas hace ya mucho tiempo y que hoy, con el conflicto sin resolver, sigue vigente. El 13 de noviembre de 1974 Yaser Arafat le dijo al mundo: "Tengo un ramo de olivo en una mano y un fusil de combatiente en la otra; no permitan que se caiga el ramo de olivo". Desde luego, el ramo de olivo se cayó, pero el Nobel llegó veinte años después igualmente. ¿Se imaginan hoy dando el Nobel a Netanyahu o a Mahmud Ahmadineyad como moneda de cambio? ¿Merece la pena o no? ¿Depende de los resultados?  

28 de septiembre de 2011

Sami Naïr: “Hay 7.000 campos de concentración financiados por Europa para evitar la entrada de inmigrantes”




Sami Naïr (Argelia, 23 de agosto de 1946) responde con la misma amabilidad a un periodista curtido en el oficio que a una estudiante que ha vuelto a las aulas para estudiar un Máster de Relaciones Internacionales. No dice que no a una entrevista. Saca tiempo y, como un profesor vocacional, te enseña muchas de las cosas que ha aprendido a lo largo de una vida dedicada a la política y la filosofía. Seguramente lo hace porque que cree firmemente en la necesidad de construir una globalización nueva a través del conocimiento. El 13 de julio, dos días antes de impartir la conferencia inaugural de la Universidad de Verano de Adeje, el creador del concepto de “codesarrollo” tuvo tiempo para hablar de asuntos que no son de estricta actualidad, pero que tienen mucho que ver con su principal interés –los movimientos migratorios- y que serán fundamentales en el futuro de Canarias y del mundo.

¿España hace políticas de desarrollo o política exterior con el desarrollo?

España hace una política exterior de cooperación e intenta hacer una política de codesarrollo. Eso no va a durar, porque si la situación política cambia veremos desaparecer todas las pequeñas políticas de codesarrollo puestas en marcha durante los últimos años. Eso me parece prácticamente inevitable, salvo si los nuevos gobernantes toman conciencia de la necesidad de seguir ayudando a los países fronterizos.

¿Pero España solo hace esa política de codesarrollo con los países fronterizos, o también con las antiguas colonias o los países con los que tiene una relación histórica?

La política de codesarrollo se realiza en función de dos criterios. El primero es la procedencia de los inmigrantes. Si tenemos aquí una comunidad importante de dominicanos, colombianos o marroquíes, tenemos que desarrollar con esos países una política de codesarrollo. Es así por una razón muy sencilla: no se puede hacer una política de codesarrollo sin la participación de los mismos inmigrantes. Los inmigrantes marroquíes, por ejemplo, pueden desempeñar hoy un papel importante para desarrollar en su país proyectos económicos importantes que puedan estabilizar sus países o las poblaciones de donde vienen. El segundo criterio es una política al desarrollo de todos los países que lo necesitan para evitar nuevos flujos migratorios. Eso España no lo puede hacer sola, necesita al menos una política europea. Pero decir eso ahora mismo es como pescar sin agua, como dice una expresión francesa, porque la crisis de la Unión Europea es muy fuerte y la crisis económica ha puesto en evidencia la inexistencia de una política común europea.

¿Cómo cree que han funcionado los planes África que ha hecho España?

Hago un balance bastante moderado de los proyectos de España con África. Han funcionado para estabilizar los efectos, pero no han actuado sobre las causas. Podemos dar dinero para desarrollar algunos proyectos en Senegal, Mauritania, Costa de Marfil, etc., pero eso ha estabilizado los flujos inmediatos y no ha tenido consecuencias sobre las causas profundas. Basta dejar de contribuir a estos microproyectos para que los flujos vuelvan a desarrollarse, mientras que una ayuda verdadera sería actuar sobre las causas, que no solo son el desarrollo económico, sino también el político. Ahora vemos, por ejemplo, que con los países del Magreb los movimientos sociales han tomado como objetivo propio el desarrollar sistemas políticos democráticos que les permitan luchar para transformar su situación. La inmigración viene también de los estados dictatoriales; cuando no hay posibilidad de desarrollar la democracia y de luchar para transformar la situación, la gente huye, como ocurría en España durante el franquismo. Es exactamente lo que está ocurriendo en estos países.

¿Cree que las remesas que envían los inmigrantes ayudan más que la propia ayuda al desarrollo?

No hay comparación. Son mucho más importantes y ayudan más que la ayuda al desarrollo, pero, como siempre, actúan sobre los efectos. No es una ayuda productiva. Permite a las familias comer y pagar la escuela, pero no se transforma en capital. Lo importante es crear instituciones financieras para poder transformar ese dinero en capital para invertir en grandes empresas productivas que creen empleo y puedan ofrecer a la gente un proyecto de vida permanente mas allá de los efectos inmediatos. El problema de las remesas no es que no sean importantes: son muy importantes, pero no tienen un contenido productivo.

Usted apoyó la intervención en Libia. Además de que la resolución no se está cumpliendo en sus términos, ¿cómo es posible que países que la respaldaron cierren ahora sus fronteras a la inmigración que provoca el conflicto?

Apoyé la intervención no para cambiar el régimen, sino para detener la destrucción de una parte de la población por parte del régimen dictatorial y tiránico de Libia. Recuerdo que fue el mismo régimen el que empezó a matar a la gente cuando empezaron a manifestarse por sus derechos democráticos. Para mí era una ayuda a personas en peligro, nada más. La resolución decía que había que proteger a esa población, que se armó para luchar contra el régimen. En las regiones liberadas por la oposición hay muchos movimientos políticos, aunque se peleen entre ellos. En las controladas por Gadafi hay una dictadura y matan a la gente. Ahora, la intervención no se hizo de manera racional, inteligente y con un proyecto político claro. Fue Sarkozy quien la decidió con Cameron para que la sociedad se olvidara de su comportamiento en Túnez y Egipto, donde apoyaron hasta el último momentos a los dictadores. Al ver que se produjo en esos dos países una victoria de los movimientos democráticos, dieron un giro de 180 grados. Los ingleses apoyaron la resolución de la ONU y entraron a bombardear. Hemos visto que la UE no ha tenido un papel en este proceso. Hay 60.000 soldados de la UE y no han movido un dedo. Los bombardeos vienen de los aviones franceses, ingleses, sobre todo, e italianos, aunque estos últimos son prácticamente nulos. La OTAN entró en el juego pero más para estabilizar la situación que para buscar una salida militar. Si la OTAN quiere puede destrozar el régimen de Gadafi en dos días, pero no quiso hacerlo, porque vio que el movimiento se está desarrollando en todas partes y que pone en peligro a aliados históricos de EEUU, como Arabia Saudí o Siria. Pensaron que había que tranquilizar la situación, porque si no se les iba a escapar de las manos. Probablemente se va a encontrar una solución negociada entre la oposición y el régimen para la salida de Gadafi, pero estoy seguro de que será una solución provisional, porque seguramente el país va a entrar en guerra civil por la incapacidad de la UE y la OTAN y la improvisación de Francia e Inglaterra.

¿Por qué no se da asilo también a la gente que viene huyendo del hambre?

Para la UE la inmigración no es un problema humano, es un mercado. Ven las cosas así: hay un mercado mundial de fuerza de trabajo, y cuando la necesitamos la hacemos llegar y cuando no la echamos. Cuando la necesitamos podemos usar esa mano de obra con sueldos basura y esa gente puede vivir en condiciones infrahumanas y aceptar el racismo y la xenofobia sin reclamar. Cuando no los necesitamos, decimos que se aprovechan de los seguros sociales y que nos roban el trabajo. La visión es estrictamente mercantil.

Pero ese discurso ni siquiera le interesa a Europa. ¿Cuántos inmigrantes necesitará durante los próximos años?


Se trata de un mercado migratorio, no de la inmigración. La inmigración son seres humanos, y los seres humanos no interesan. En los países del entorno de Europa hay más de 7.000 campos de internamiento. Es la teoría de los tres círculos. En todas estas regiones, incluso en Asia, hay campos financiados por la UE para evitar la salida de inmigrantes. Los hay en Marruecos, en Argelia, en Túnez… El régimen de Gadafi era de los peores. Organizaba la acogida de inmigrantes en el Sáhara, donde vivían en condiciones horrorosas. En Malta, por ejemplo, se hacinaban sesenta o setenta personas en habitaciones donde cabían diez, incluso con niños. Los representantes de la UE van a esos países con sus maletas y piden la salida para sus países de los trabajadores que necesitan. Es un mercado.

¿Cuántas personas puede haber en esos campos?

Hay miles. Se les puede llamar campos de concentración, porque se les concentra allí en condiciones espantosas. Europa recibe el 3 o 4 por ciento de los flujos migratorios del mundo. Los más importantes se desarrollan en África. Estamos en una increíble situación de inhumanidad. La UE ahora está en crisis y considera que no necesita trabajadores. Pero al mismo tiempo sabemos que hay necesidades demográficas muy fuertes. Es un tema muy complejo. La UE no existe como Unión, son países, y cada uno tiene su proyecto de desarrollo demográfico que tiene que ver con su propia identidad. En España, a la hora de decidir, prefieren latinoamericanos que marroquíes. En Alemania, prefieren gente de los países del Este que turcos. Alemania es el país que va a sufrir más el decrecimiento demográfico. Necesita unos 20 millones de personas para seguir al mismo nivel. En 2030, la población de Francia va a superar la de Alemania (80 frente a 70, aproximadamente). Ellos están haciendo ahora una política de reagrupación familiar para desarrollar la población blanca. La decisión que se ha tomado en el Parlamento europeo, la “circular de la vergüenza”, supone que se puede admitir la inmigración de los países del Este, pero no de América Latina y África. No se dice, pero es racista.

¿Hoy hay más racismo propiamente dicho o xenofobia por razones económicas?

Los dos elementos se mezclan. Uno provoca el otro y viceversa. La causa se transforma en efecto y el efecto en causa.

¿Qué piensa cuando ve que los gobiernos occidentales usan un discurso para alentar el miedo, propio de estados terroristas?

El miedo es un vector político, un arma política. En el sistema liberal es un elemento clave, porque favorece la competencia de los seres humanos y al mismo tiempo crea una sociedad de riesgo permanente en la que cada uno debe dar más de sí para seguir disfrutando de lo que tiene. Es todo lo contrario de una sociedad del bienestar, en la que el miedo no existe.

¿Cómo ha podido influir Canarias en la política exterior de España cara a África?

Canarias puede tener un papel muy positivo, porque puede ser la punta de lanza de la UE. Es una región no periférica –no me gusta esa palabra-, sino central, porque puede ver la dimensión africana de la política europea y una base de lanzamiento de grandes políticas económicas hacia África y también América. Si fuera español abogaría por una financiación extraordinaria de las islas -también Baleares- para los países del Magreb. Es lo que hacen los alemanes con sus islas respecto a los países del norte. No entiendo por qué aquí no se está haciendo, probablemente porque toda España ha apostado estos últimos cuarenta años por un desarrollo estrictamente turístico. Unas empresas fuertes aquí podrían permitir una auténtica autonomía del país. Ahora lo veo muy difícil por la situación de crisis, de la que no sé cómo saldrá España. Probablemente lo va a pagar muy caro en los próximos años, a no ser que las élites españolas se den cuenta de que han elegido unas vías falsas: la integración en un euro fuerte no es posible para los países que no tienen el mismo desarrollo económico de Alemania. La solución sería una unión de estos países –Irlanda, Grecia, España, Italia, Francia- frente al bloque de los países del norte para decir basta y que necesitamos un euro bajo que nos permita competir a nivel internacional, no este euro, que es el marco y solo favorece a Alemania. Eso significaría una toma de conciencia de las élites políticas. En Europa, tanto las de derecha como las de izquierda, sobre todo estas, son muy débiles. No tienen una concepción alternativa a la globalización liberal. Ahora los que la tienen son los movimientos ciudadanos, los jóvenes, que dicen “basta, no quiero vivir como una mercancía y sin un empleo estable durante toda mi vida”. Es un sistema indigno.

¿Considera que hay diferentes derechos humanos, como se puede intuir al existir una Carta de Derechos distinta en África, o que son universales?

No creo en eso. Creo en derechos humanos universales basados en la libertad de los ciudadanos, la igualdad de los seres humanos y la solidaridad. El resto es para favorecer la dominación de unos sobre otros. Una sociedad se mide en función del respeto a esos tres principios. Soy un republicano en el sentido profundo de la palabra. Creo que la libertad es imprescindible para la existencia de la autonomía del individuo. Creo que la igualdad entre géneros, razas y culturas debe ser total, porque no se puede medir cuantitativamente una cultura frente a otra y no hay una diferencia cuantitativa entre hombres y mujeres. La igualdad se mide por el grado de desarrollo de las mujeres en la sociedad. Si la mujer es dominada es una sociedad no libre, no igual y no solidaria. El resto es un sistema de dominación, sea religioso o en nombre de la tradición cultural. Si lo aceptan es su problema. No voy a hacer la guerra para imponer mi propia visión allí, pero haré la guerra aquí para que estos tres conceptos sean los organizadores del vínculo social.

Pero es increíble que en estas sociedades libres, en estas democracias donde supuestamente se cumplen estos derechos, permitan ciertas dictaduras dentro, en las que los inmigrantes viven en condiciones infrahumanas y fuera de la legalidad.

Por supuesto. La democracia en sí no es un sistema, es un método que dice que cada uno tiene el derecho de hacer prevalecer su punto de vista a través de la argumentación y no de las armas. Pero en sí no es un sistema. El sistema es la república o la monarquía. La república establece que hay un espacio público donde todos tenemos los mismos derechos. Puedes tener una monarquía con un método democrático, pero eso no garantiza la igualdad de la gente. Estamos en un mundo complejo y es muy difícil hacer prevalecer esa idea de igualdad de derechos y oportunidades, porque el sistema está basado en la competencia de unos contra otros, en el “bellum omnium contra omnes”, la guerra de todos contra todos.