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28 de noviembre de 2013

¿Por qué Europa necesita una nueva estrategia global?

Francisco de Borja Lasheras, director adjunto de ECFR Madrid, presenta la nueva publicación de ECFR Why Europe needs a new global strategy, y nos explica por qué es tan importante una nueva estrategia global europea.

27 de noviembre de 2013

Cines y despedidas



Era cuestión de tiempo, pero la noticia no fue menos horrible por eso. Los multicines Price no pudieron esperar hasta enero, la fecha prevista pero no anunciada, para el cierre. La falta de espectadores obligó a su dueño a adelantar la despedida y el lunes tuvo lugar la última sesión. Fue un día triste para los amantes del cine, pero sobre todo fue un día para pensar en lo que está haciendo la crisis con la cultura, especialmente en un territorio alejado y fragmentado como es un archipiélago.

Desde 2008 muchos cines han cerrado en todo el país. Algunos pertenecían, igual que los Price de Santa Cruz, a la cadena Renoir. Esta empresa llevaba muchos años funcionando como un gueto cultural en el mejor sentido de la palabra: ofrecía lo que era imposible encontrar en cualquier otro lugar de la Isla. Las películas que se proyectaban en la calle Salamanca no tenían sitio en el resto de las carteleras. Esas producciones, ese circuito de cine alternativo, no llegará ya a Tenerife. Por eso duele tanto.

Lo mismo ocurre desde hace tiempo con la música. Alquilar una furgoneta, llenarla de instrumentos y viajar hasta una ciudad española es caro. Aterrizar en una isla que está a más de dos mil kilómetros es una utopía. El momento de las bandas de rock se ha terminado.

Hace unos días, Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, alertaba del efecto devastador de la ausencia de mecenas: “Para la cultura, la gran tragedia de esta crisis es la quiebra de las cajas de ahorro. Con todo el derroche y el gasto inmotivado que haya podido haber, las cajas producían también una enorme cantidad de actividad cultural muy valiosa: exposiciones, ciclos de conferencias, premios literarios o artísticos, conciertos… Y todo eso no va a volver”.

El fin de los Renoir tiene una carga emotiva ineludible para muchos de nosotros, que hemos sido protagonistas de otras vidas dentro de esas salas, pero, además, deja al descubierto un déficit del que nunca hablamos: el déficit de civilización. Ese margen solo se cubre con más cultura, pero no hemos sabido, no hemos querido o no hemos necesitado -que es mucho peor- defenderla. Esta despedida es también una buena oportunidad para recordar Cinema Paradiso y aquella gran frase: “Tarde o temprano llega un momento en el que callar y hablar es la misma cosa”.

23 de noviembre de 2013

Emilio Lledó: “La verdadera crisis es la de la inteligencia”


Acaba de cumplir 86 años, pero irradia felicidad y esperanza. Emilio Lledó (Sevilla, 1927 ) ha impartido su vocación en universidades extranjeras y españolas, entre ellas la de La Laguna. Esta semana asistió como invitado de honor a una nueva edición de El mundo que queremos, de la Fundación CajaCanarias.

-¿La crisis ha reducido nuestra capacidad de pensar, de replantearnos las cosas?

“Creo que no estamos tanto ante una crisis económica, sino en una crisis de la mente, de nuestra forma de entender el mundo. La crisis más real -con independencia de los problemas económicos, que son muy reales- es la crisis de la inteligencia. No estamos solo ante una corrupción de las cosas, sino ante una corrupción de la mente. A mí me llama la atención que siempre se habla, y con razón, de libertad de expresión. Es obvio que hay que tener eso, pero lo que hay que tener, principal y primariamente, es libertad de pensamiento. ¿Qué me importa a mí la libertad de expresión si no digo más que imbecilidades? ¿Para qué sirve si no sabes pensar, si no tienes sentido crítico, si no sabes ser libre intelectualmente? También ocurre que uno intenta pensar y escribe cuatro especulaciones y no puede hacer nada. Piensas pero no tienes poder. De ahí el poder de la política”.

-¿Cómo consigue no caer en el pesimismo después de decir eso?

“No soy nada pesimista. Solo soy pesimista, en cierto sentido, porque ya soy mayor y me queda poco tiempo, o menos tiempo, pero a mí me parece que la vida es algo muy hermoso y muy estimulante. Tenemos que darnos cuenta y no podemos olvidarnos de la posibilidad que tenemos de mirar. Los filósofos griegos me enseñaron que la palabra ‘idea’, que nos remite al idealismo, significa mirar. Mirar con los ojos, no con la mente. Y después de eso viene la educación…”.

-Hablando de educación, la nueva reforma educativa elimina la obligatoriedad de dos de las tres asignaturas de Filosofía en Secundaria y Bachillerato. ¿Qué consecuencias tendrá en el futuro?

“Me parece un disparate, una cosa inconcebible, cuando hoy precisamente en el mundo tecnológico es tan importante la reflexión sobre los sentimientos, sobre las acciones, y a eso ayuda la filosofía”.

-Dice que le preocupa más la corrupción de la mente que la corrupción tradicional. ¿Quién está corrompiendo nuestras mentes?

“Una política de la mentira y una educación que no se ha tomado en serio. La educación es la esencia de partida social y si eso falta la sociedad de va a pique. Filosofía significaba apego a entender. Preocupación por saber qué mundo es el tuyo, qué sociedad es la tuya y cómo compartir la vida con otros. Por eso es tan importante la política, aunque hoy se hable de la destrucción de la política”.

-Lo que quizás ha conseguido la situación actual es que la gente tenga más apego por saber, más necesidad de filosofía… 

“Sí. Quizá la crisis nos ha dejado al aire, al descubierto, y eso nos estimula, por eso es tan importante que los jóvenes se formen, y que tengan acceso a una educación de calidad. Yo he vivido mucho tiempo fuera de España en grandes países tecnológicos, y en un país como Alemania nunca apostarían por una universidad privada”.

-A nosotros nos han obligado a pensarlo todo en términos de rentabilidad económica..

“Exacto. La economía es importante, pero es solo una parte. Hay que dejar que los muchachos, los cinco o seis años que están en la universidad, se entusiasmen con algo, que no se obsesionen con cómo ganarse la vida, ya se la ganarán o la lucharán. La obsesión por ganarse la vida es la forma más radical de perderla”.

-Después de ser un niño de la Guerra Civil en España y de vivir en Berlín la caída del muro, ¿cómo ve la situación actual en cuanto a libertades y derechos?

“Como niño de la Guerra Civil sé lo que es el hambre, pero no el hambre como metáfora. El hambre, hambre, hambre de Madrid de los años 40. No tener qué comer durante años. Era una situación patológica, había acabado una guerra, y había unos vencedores y unos vencidos. Eso hoy no existe, hoy se nos ofrecen un montón de cosas. Estamos en la sociedad del consumo, en una sociedad que acaba consumiendo al consumidor. Pero es consumo vacío, consumo consumiente, que te consume, que te deteriora”.

-Eso lleva a otra pregunta: ¿Cómo nos está deteriorando el uso perverso del lenguaje?

“De una manera increíble. Una forma de deteriorar la mente es deteriorar el lenguaje. Utilizamos palabras sin pensarlas. Por ejemplo, ahora hay que ponerlo todo en valor. Sin embargo, no sabemos qué es el valor porque no sabemos lo que son los valores. La universidad tiene que fomentar un debate sobre los ideales. Los creadores de riqueza son necesarios, pero unos pasos más adelante hay que crear algo que rompa la pura pragmacia. O la practiconería, que es una palabra que seguro que la Real Academia no aceptaría, pero que me parece muy expresiva”.

-¿Confía en que en el futuro seremos menos pragmáticos?

“Yo creo que sí. Si no sería la muerte. Tenemos que dejar esa herencia de idealismo”.

20 de noviembre de 2013

La ley del miedo

Corren malos tiempos para los rebeldes. El borrador de la nueva ley de Seguridad Ciudadana, que se hizo público ayer, revela que el miedo campa a sus anchas. El texto recoge como infracción muy grave participar en una manifestación ante el Congreso o cualquier otra institución del Estado si la protesta no se ha comunicado previamente o no ha sido autorizada. Además, quienes utilicen Facebook o Twitter para convocarla o difundirla también se enfrentarán a multas que pueden llegar a los 600.000 euros. Hay muchas más novedades, como castigar el botellón, el daño al mobiliario urbano o deslumbrar con punteros láser a pilotos, maquinistas o conductores de autobús, pero estas propuestas han quedado eclipsadas por la batería de medidas que los populares parecen haber redactado para evitar más réplicas del movimiento 15-M.

La norma, como casi todas, incorpora algunas sanciones que la mayoría de los ciudadanos aplaudiría, y que tienen que ver con la cultura cívica, pero también demuestra algo preocupante: la incapacidad de abordar la realidad sin ampliar el listado de prohibiciones. En tiempos de permanente desasosiego, la realidad ha sorprendido a más de uno. También al Estado, que ha perdido gran parte de su capacidad transformadora en favor de multinacionales y mercados, y ahora cree que podrá redecorar el paisaje nacional a golpe de ley. Es muy peligroso reprimir la frustración, pero también identificar a cualquier persona indignada con un maleante anarquista. El Estado no solo lo ha hecho, sino que se ha olvidado de que mientras no se reduzca el enorme margen de incertidumbre en el que viven millones de personas, nada será diferente.

El sociólogo Zygmunt Bauman explicaba, en sus múltiples trabajos sobre la sociedad actual, que el miedo se ha hecho más profundo al hacerse más disperso y más difícil de cuantificar. El miedo en la globalización tiene mucho que ver con la cultura laboral de la flexibilidad. El ser humano siempre ha intentado transformar los miedos cotidianos en temores asumibles, pero la falta de control sobre casi todo lo que nos ocurre cada día arruina cualquier previsión de futuro. Nuestros dirigentes deberían estar trabajando para reducir ese margen de incertidumbre, mas, están tan asustados que se dedican a protegerse de sus ciudadanos. Pero, ¿no los habíamos contratado para gobernar?

13 de noviembre de 2013

Se chove, que chova!






La cadena de supermercados gallegos ha estrenado su nuevo spot 'Se chove, que chova!' y ya lleva más de 722.000 visualizaciones. El anuncio, además de ser original, es un canto al optimismo que, aunque no seas gallego, merece la pena ver. Pone de buen humor y una acaba pensando: pues si llueve, ¡que llueva!

Los aguafiestas




Música a todas horas y a todo volumen casi todos los días de la semana durante cuatro largos años. Vivir al lado de una pianista puede ser un infierno, por mucho que una disfrute con la música. Llega un momento en que la soledad que solo otorga el silencio es imprescindible. Sonia cree que se le negó y que esa contaminación acústica le generó problemas de ansiedad. Por eso, después de muchas denuncias, acudió a los tribunales y esta semana, su vecina, la pianista incansable, ha tenido que sentarse en el banquillo para enfrentarse a una pena de siete años y medio de cárcel. Además, la fiscalía ha exigido su inhabilitación para ejercer cualquier profesión que tenga que ver con el piano durante cuatro años, una multa de 10.800 euros y una indemnización de 9.900 euros. Y todo por dar rienda suelta a su vocación, por tocar el piano en casa.

Solo la justicia podrá determinar quién tiene razón, y cuánta, en el sorprendente caso de la pianista de Gerona. Sin embargo, que esta historia haya encontrado un lugar privilegiado en periódicos nacionales es la excusa perfecta para hablar de la necesidad de silencio y de cómo el ruido sacude nuestras vidas. La mayoría de nosotros, por pura estadística, no tiene como vecino a un artista enamorado de su instrumento, pero tampoco encuentra muchos momentos de silencio. Las ciudades -en España casi por definición- son extremadamente ruidosas. Camiones de basura a las doce de la noche, obras antes de las ocho de la mañana y sirenas que suenan desde que amanece. A ese ruido ambiental hay que añadir, además, el que hacen esos bares contra los que no es de recibo alzar la voz. En Santa Cruz de Tenerife, según publicó el Boletín Oficial de Canarias el 14 de agosto de 2013, los establecimientos de restauración pueden abrir todos los días de seis a dos de la mañana.

Seguramente este reglamento, matizado a través de una ordenanza y que legaliza solo cuatro o seis horas de silencio en función del día, no es una excepción en el resto del territorio español. Tampoco que la única compensación que corra a cargo de los bares sea que la policía, si lo estima oportuno, acuda a verificar que el bar de abajo está haciendo más ruido de la cuenta y abra expediente. Por lo visto, de momento, lo único que nos queda es armarnos de paciencia y comprar más antiojeras, porque nuestros dirigentes nos han condenado a vivir en la eterna era del ruido, donde la única solución oficial para hacerse escuchar es gritar más. Y así nos va.

8 de noviembre de 2013

La periodista de Canal 9 y las derrotas ajenas




Supongo que siempre ha ocurrido. Antes sólo pasaba en las plazas y en las cafeterías y no en Twitter, al alcance de cualquiera. Estos días hemos podido seguir en directo la cruzada contra la periodista de Canal 9 -la televisión autonómica valenciana- que decidió contar su verdad una vez que el imperio propagandístico se vino abajo. La necesidad humana de destruir quedó reflejada en los incontables tuits que se escribieron entonces. Muchos usuarios -una gran mayoría periodistas- no entendieron que aquella joven hubiera sido capaz de callarse tantas injusticias, de haber (mal) informado del accidente de metro a sabiendas de que se estaba ocultando parte de la verdad y de haber ayudado a construir una perversa red de televisiones autonómicas al servicio de los gobiernos de turno.



Recuerdo que el periodista Javier Bernabé -que acuñó el término de periodismo preventivo- dijo una vez en una entrevista que admiraba el juramento de los médicos, una promesa de solidaridad que es capaz de traspasar todas las fronteras, las geográficas y las empresariales, y que le gustaría que algún día el periodismo fuera capaz de comprometerse así, de asumir unos principios generales y de defenderlos en cualquier momento y en cualquier lugar. Su hipótesis tiene mucho que ver con aquello que decía Ryszard Kapuscinski, que las malas personas no valen para ser periodistas. El problema surge cuando tenemos que trazar la línea que separa a los buenos de los malos. ¿La periodista de Canal 9 es la mala? Si la respuesta es afirmativa, ¿quiénes son los buenos?



Todo el mundo tiene derecho a opinar, pero siempre confiaré más en las opiniones que vienen avaladas por un modo de vida. En unos tiempos en que los medios están excesivamente controlados por las empresas y las administraciones -sí, se aprovechan de la crisis-, ¿quién no está haciendo demasiadas concesiones?


Bernabé estuvo esta semana en Tenerife en una jornada organizada por la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Laguna. Antes de sentarse en la mesa redonda que le tocó estuvimos hablando de la situación que vive el sector y me adelantó el mensaje principal de su intervención: "Monten algo". Hace años era imposible: no estábamos en la era de internet, donde poner en marcha un medio es factible. "¿Es difícil? Sí, pero por primera vez es posible".


Deberíamos concentrarnos en eso. En las posibilidades que tienen los que vienen y los que estamos, en analizar nuestras derrotas antes de acribillar al que reconoce públicamente que se equivocó y en idear mecanismos para evitar más renuncias.  Exigir a los demás lo que somos incapaces de exigirnos a nosotros mismos es de cobardes. Y eso sirve para el periodismo y para casi todo.

6 de noviembre de 2013

Mentiras europeas

Cuando el programa Erasmus cumplió 25 años, el ex vicepresidente de la Comisión Europea Manuel Marín recordó públicamente cómo y cuándo surgió ese invento académico que acabó convirtiéndose en uno de los engranajes del proyecto europeo.

Corrían los años 80 y, como ahora, muchos habían olvidado el papel que el carbón y el acero habían tenido en la reconciliación franco-alemana y en la instauración de la paz en el continente. El derrumbe de las dos dictaduras ibéricas, la portuguesa y la española, ofrecía en aquellos años una oportunidad para apostar por la ampliación y la culminación del mercado común. Se hizo, y también se impulsó lo que se llamó la Europa de los Ciudadanos. Ahí apareció el proyecto Erasmus, un programa de intercambio de estudiantes que ha hecho más por la integración europea de lo que entenderemos jamás. Esta semana volvió a ser noticia, pero en un contexto distinto al de entonces. En pleno descrédito de la Unión Europea, y tras años de recortes, el ministerio que dirige José Ignacio Wert decidió, con el curso ya empezado, suprimir las ayudas estatales a los erasmus que no reciban beca general. Su decisión llegó después de cambiar las exigencias para ser beneficiario de una beca y elevar la nota a un 6,5.

El enfado nacional colapsó Twitter. España es uno de los países que más estudiantes envía y recibe, y la mayoría se encontraba ya en sus países de acogida. Algunos de esos alumnos aprovecharon la plataforma de queja colectiva change.org para formular una petición que ayer ya habían firmado más de 200.000 personas. El malestar, además, llegó hasta la propia Comisión Europea, que pidió al gobierno de Rajoy que rectificara y, para sorpresa de todos los españoles -nada acostumbrados a las disculpas políticas-, lo hizo. Lo curioso es que antes de que se produjera el milagro algunas comunidades anunciaron que sacarían de sus arcas el dinero necesario para ayudar a los erasmus. También José Miguel Pérez tuvo su momento épico y se mostró partidario de compensar a los jóvenes. Su propuesta habría significado algo si no se tratara del mismo consejero que hace menos de un año decidió suprimir las ayudas de movilidad a los jóvenes que estudiaran fuera una carrera que se ofertara en el Archipiélago y a los erasmus. Entonces argumentó lo mismo que Wert: darle más a los que menos tienen.

Europa necesita que los jóvenes sigan siendo sus mejores embajadores, pero también a políticos que sepan capaces de aprender del pasado y, aun así, de debatir y analizar cómo debe ser el futuro en un momento extremadamente complicado. Pero sin mentiras, por favor. Si los ciudadanos no son lo primero, no habrá Europa, pero tampoco España o Canarias.

Combinación explosiva: crimen organizado + terrorismo yihadista

Dos periodistas de Radio France International, Ghislaine Dupont y Claude Verlon, fueron asesinados el sábado en Kidal (norte de Malí). En el Sahel el terror tiene un componente distinto a otras zonas donde se mueve Al Qaeda o sus franquicias. Jesús Díez Alcalde, teniente del coronel del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), tiene claro que la combinación de crimen organizado y terrorismo yihadista es clave en esta zona de África, y sus efectos aparecen constantemente en los titulares de los periódicos. Son los cooperantes secuestrados, los inmigrantes que mueren de sed por el desierto y también los periodistas que son asesinados por intentar contar lo que está ocurriendo.  Merece la pena escuchar este audio de La Brújula sobre el tema:



Más audios en Onda Cero
Aquí puedes leer algunas informaciones interesantes relacionadas con lo ocurrido:
Asesinados a tiros dos periodistas franceses secuestrados en el norte de Malí

Un análisis del IEEE sobre el terrorismo global: Yihad, Martirio y Evolución del Terrorismo Islámico Global 

Elecciones presidenciales de 2013 en Malí: el difícil reto de instaurar la democracia tras el conflicto



1 de noviembre de 2013

Pues sí: son los mismos inmigrantes




Un grupo de niños, mujeres y algunos hombres que intentaba llegar desde Níger a Argelia murió en el pleno desierto del Sáhara a principios de mes, posiblemente de sed. Los cadáveres de 92 inmigrantes fueron recuperados en territorio nigerino a solo diez kilómetros de la frontera con Argelia. La tragedia no pasó desapercibida, pero casi. Soledad Gallego habló en la Cadena Ser sobre esos muertos sin nombre que se comió el desierto y nos recordó que hace poco ellos morían en nuestras costas. Entonces esas desgracias copaban portadas de periódicos. Conviene mucho escuchar o leer lo que piensa la periodista. La historia debería habernos enseñado que mirar para otro lado no tiene ningún sentido y, además, es inhumano. Aquí tienen el texto y el enlace de audio. 

"Todos los sofisticados sistemas de comunicaciones, los increíbles mecanismos de control de millones de personas en todo el mundo no les sirvieron de nada a los 52 niños, 32 mujeres y siete hombres que murieron de sed este mismo mes en un camino de Niger, cerca ya de la frontera con Argelia. Quizás eran refugiados, quizás intentaban ser inmigrantes. Quizás simplemente eran madres con hijos que creyeron que podrían sobrevivir mejor mendigando en las calles de Oran. Iban en un camión que se averió y quedó atrapado en un camino, una ruta muy bien conocida por ser vía para el transporte de personas que huyen de la miseria en Níger y países del Sahara. Echaron a andar y murieron. Dicen que muchos de los niños llevaban cuadernos y que eran posiblemente alumnos de alguna de las misérrimas escuelas coránicas que jalonan Níger. Es posible que los mas viejos de los siete hombres fueran sus profesores. Toda una expedición: madres, niños y maestros. Ayer los medios internacionales no les prestaron mucha atención. No nos sentimos tan responsables de los muertos de sed en las rutas a Argelia como de los ahogados en Lampedusa. Bueno. Pero conste que las rutas que atraviesan el Sahara se abrieron cuando se cerraron las playas de Mauritania y Senegal desde las que salían las pateras que hace pocos años llegaban a las Islas Canarias. Son los mismos".









Para entender la tragedia de Níger:
La travesía de Agadez o cómo morir en el desierto