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25 de septiembre de 2014

El escéptico orgulloso


Nació en Kenia, pero su época infantil y africana duró poco: a los ocho años se había mudado a Londres y seguramente ya había descubierto que la historia de Papá Noel tenía muy poca lógica: “¿cuántas chimeneas por minuto tendría que recorrer ese hombre viejo y regordete para terminar en una noche de repartir todos esos regalos?” El biólogo Richard Dawkins, que estos días está en Tenerife participando en el Festival Starmus, es un escéptico convencido que quiere convencer. Sus dogmas son dos: no existe Dios y la mayoría de los mortales arrastra una carencia contra la que hay que luchar: no sabe pensar. Cada vez que atiende a un periodista o que tuitea repite su alegato en favor del escepticismo y del raciocinio. En 2009 dejó patente su modo de entender el mundo con una llamativa publicidad en las guaguas londinenses que decía “Probablemente no hay Dios. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. En tiempos del auge del Tea Party, su mensaje no ha pasado inadvertido: este enamorado de Darwin hace campaña contra el creacionismo y el ateísmo con desbordante entusiasmo.

El zoólogo, uno de los expertos que comparte cartel con el afamado Stephen Hawking, rememoró hace unos días en una entrevista concedida a un suplemento cultural nacional una polémica surgida a cuenta de un tuit. Un seguidor le pidió consejo después de enterarse de que el bebé que esperaba probablemente padecería síndrome de Down. “Aborte e inténtelo otra vez. Sería inmoral traerlo al mundo si tiene elección”, respondió. Las críticas fueron abrumadoras. “Yo dije que personalmente me parecía inmoral tenerlo. No que fuera una regla universal, pero sí lo es para mí y para el 90% de mujeres que lo haría en esa circunstancia. ¿Sabe lo que les sucede? Mueren muy jóvenes, tienen terribles enfermedades, deficiencia mental. Creo que cuando el feto no está suficientemente desarrollado, y no tiene un sistema nervioso, es mejor abortar. Me han bombardeado en Twitter enviándome fotografías de niños con Down y diciéndome: quiere usted matar a mi hijo. Claro que no quiero matar a su hijo, sino detener la posibilidad de que vengan más niños como él al mundo cuando no son más que un renacuajo”. La visita de Dawkins y la dimisión del ministro de Justicia de mi país, Alberto Ruiz-Gallardón, me recordaron ayer algo que el político nunca aprendió: nadie estaba ni está a favor del aborto, pero una inmensa mayoría sabe que es imprescindible que exista ese derecho aunque desearía no ejercerlo nunca. Esa es nuestra victoria.

2 de septiembre de 2014

Los sordos: la ficción como crítica brutal de Guatemala





“Hay quien divide a los escritores en dos: los que tratan de explicar algo y los que tratan de explicarse algo. Yo soy de la segunda clase. No sé más que el lector al que estoy hablando. Escarbo mientras escribo”. De esta manera definía su trabajo el escritor Rodrigo Rey Rosa en una entrevista para El País tras la publicación de Los sordos, su última novela, que fue publicada por Alfaguara en septiembre de 2012. El guatemalteco, definido por Roberto Bolaño como “un maestro consumado, el mejor de mi generación”, comienza esta historia con dos desapariciones: la de un niño sordo en un pueblo del interior y la de Clara, la hija de un banquero rico pero despreciable. A partir de ahí la trama se vuelve cada vez más compleja y rica, no solo por los intereses y las motivaciones que mueven a los implicados en los dos sucesos, sino por la forma en que todos los acontecimientos están adheridos a la propia geografía e historia de Guatemala, un país donde los guardaespaldas son una clase social más y los indígenas cuentan con sus propias leyes.

A medida que la lectura avanza empiezan las preguntas. ¿Hay alguna relación entre las dos desapariciones? ¿Qué papel juegan Javier, el amante de Clara y también abogado de la familia, los guardaespaldas de la familia y los médicos que dirigen un hospital de prácticas sospechosas? ¿Cómo se da cuenta el guardaespaldas de Clara de que ella está en peligro? La novela es un thriller, pero también un esbozo de un país en el que conviven más de 22 etnias diferentes y donde el mundo rural es totalmente independiente del urbano.

Rosa, que nació en Guatemala pero que ha vivido en sitios como Tánger o Manhattan, reconoce que empezó a interesarse más por su país de nacimiento cuando cogió algo de distancia. Ese cosmopolitismo le ha permitido hacer una radiografía que no es objetiva, pero sí está hecha con “subjetividad controlada”. “Si vives siempre en el mismo lugar tiendes a caer en los esquemas heredados. Pero no quiero engañarme, habría que ver cómo se lee eso desde el punto de vista de ellos. Tampoco he hecho nada especial, pero solo el hecho de querer comprender al otro ya es parte de la comprensión”, argumenta.

En realidad lo que ha hecho Rosa es una profunda crítica a la política y la sociedad guatemalteca a través de la ficción, de lo que él califica como un claro caso de “apartheid sin leyes”. Además de mostrar el desbordante nivel de violencia de la Guatemala actual, -”el país con más guardaespaldas per cápita”, dice bromeando-, el escritor denuncia el absoluto fracaso del sistema judicial de un estado donde “la mitad de la población no habla español” y la administración “no garantiza siquiera el derecho a intérprete en un juicio penal. No hay especialistas en 22 dialectos. Es un Estado que no puede administrar su propia justicia. No puede ser que uno no sepa de qué lo están acusando. La marginación de casi la mitad de la población no es funcional en ningún sistema, incluida la democracia”. En definitiva, una denuncia social camuflada de intriga y una reflexión sobre los límites de la justicia en una democracia.

¿Entiendes tu violencia?



Recibió el galardón de Cannes al mejor guion pero no llegó a ser estrenada en su país. Un toque de violencia, la película del director Jia Zhang-ke, cuya censura fue denunciada por muchos de sus compañeros en la versión china de los Oscar y se estrenó este fin de semana en Tenerife Espacio de las Artes, es una dura crítica a la corrupción imperante en un país que no deja de crecer, pero donde una inmensa mayoría de la población vive en la miseria.

El filme, compuesto de varias historias, tiene un objetivo claro: denunciar los efectos de la desigualdad en una de las economías más potentes del mundo. Los cuatro casos que se desarrrollan en las más de dos horas que dura la película están basados en hechos reales, pero no lo parecen. En cada uno de ellos se muestra cómo la opresión que sufren millones de chinos por la corrupción generalizada termina alumbrando situaciones dramáticas. Todas las historias son trágicas cuando comienzan, pero son devastadoras cuando llegan a su fin. Las imágenes muestran un país enorme y sórdido, donde la desbordante suciedad de los pueblos y las ciudades está al mismo nivel que la pudredumbre moral.

La película termina con un espectáculo que tiene lugar sobre un escenario cutre en alguna aldea perdida. La protagonista pregunta: ¿Entiendes tu violencia? No hay respuesta, solo el fundido en negro. La violencia que se proyecta es siempre la de esos pobres desgraciados que, condenados a tener una vida indigna, un día estallan. Sin embargo, la pregunta va más allá, y quizás eso haya sido lo que tanto ha molestado a las autoridades chinas. Se refiere a esa violencia sin armas que puede ejercer un estado. El mensaje de Jia Zhang-ke es un poco redundante, pero no está de más recordarlo en estos tiempos en los que China se vende casi como un sistema modélico y su entrada en la globalización económica se relaciona directamente con el descenso del número de pobres en el mundo. La brecha que deja a su camino es cruel e inhumana, pero también peligrosa.

2 de julio de 2014

"Nuestra agenda se resume en una frase: cuánto más próspera sea África, más próspera será España"

La frase que resume la relación entre España y el continente vecino es la misma que explica el vínculo actual entre África y Canarias: "Nuestra agenda se resume en una frase: cuánto más próspera sea África, más próspera será España". Lo dijo el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el pasado 26 de junio en la cumbre de la Unión Africana celebrada en Malabo.

El dirigente habló del papel que quiere desempeñar España en el "renacimiento" de un continente que tiene todo lo necesario para seguir prosperando, empezando por una población joven.

Lee aquí el discurso íntegro del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la cumbre de la Unión Africana (UA), el pasado 26 de junio.

Vidas a la carta

Canales de televisión, emisoras de radio, periódicos, revistas y blogs. La tecnología ha hecho que el volumen de información sea inabarcable, que seleccionar sea una obligación para sobrevivir en la telaraña mediática y que surjan vidas a la carta: cada uno elige qué quiere ver y a quién leer. Decoramos la burbuja en la que transcurren nuestros días en función de afinidades electivas, pero ¿cómo influye esta criba en la calidad democrática? ¿Este exceso de datos nos hace más tolerantes o menos?

La relación de causa efecto entre tecnología y progreso es evidente, pero también que los avances no suelen producirse sin contraindicaciones. Nunca antes tanta información había estado al alcance de tantos. Descartar es un ejercicio saludable en plena globalización, pero siempre que no se produzca en exceso y favorezca la construcción de realidades paralelas que han de convivir en el mismo mundo. Buscar siempre la ratificación de las ideas propias y no poner jamás en duda las convicciones aviva el sectarismo. Estamos convencidos de que la irrupción de las redes sociales ha mejorado la calidad del debate público. Sin embargo, también en esas plataformas recreamos nuestra zona de confort. Somos amigos virtuales y seguidores de aquellos que van a corroborar la historia del mundo que hemos aceptado. Creemos que así ganamos en conocimiento, pero no nos damos cuenta de que saboteamos nuestra libertad y la de los demás. Favorecemos posiciones enfrentadas que lastran cualquier avance, boicotean todo acuerdo de mínimos y acaban alumbrando unos niveles de crispación peligrosos.

Dice Ramón González Férriz en un artículo reciente en Letras Libres, revista de la que es editor, que “nuestra vida en internet -aunque tengamos acceso a todas las opiniones, aunque a veces incluso busquemos las que nos indignan o no comprendemos o denunciamos por insostenibles- se parece mucho a nuestra vida offline: buscamos a gente similar, opiniones compatibles con las nuestras, gente como nosotros. El grado de disensión que podemos tolerar es bajo. La vida en internet se parece mucho a la vida fuera de él, para bien y para mal”. Lo que está ocurriendo en la web es lo mismo que sucede en las calles: nuestra capacidad de alcanzar consensos es extremadamente baja. La empatía no es una virtud al alza. No parece un comportamiento muy práctico en un tiempo que reclama una profunda transformación. A fin de cuentas, para poder cambiar el mundo hay que vivir en él.

25 de junio de 2014

Batalla televisada



Batalla campal y televisada. Faltaban solo tres minutos para que el sueño se cumpliera cuando cientos de personas invadieron el campo de Gran Canaria. La Unión Deportiva se había adelantado en el marcador y estaba virtualmente en Primera División. Solo quedaba el tiempo de descuento. En casa muchos ya lo celebraban; también en el campo. La gesta estaba prácticamente hecha, pero la avalancha de aficionados cambió el desenlace de una historia que estaba condenada a no tener un final feliz. El árbitro suspendió durante tensos minutos el encuentro. Cuando se reanudó, nada fue igual: los jugadores canarios, que habían mantenido la concentración y la superioridad durante los más de 90 minutos de juego, encajaron el tanto del empate y se despidieron del ascenso tras años sin jugar contra los grandes. Las bochornosas imágenes aparecieron en los principales medios de comunicación en pocos minutos y la seguridad en los campos de fútbol se convirtió en debate nacional. Pero, ¿fue un problema de medios o una simple chiquillada que se les acabó yendo de las manos?

Valentín Solano, jefe superior del Cuerpo Nacional de Policía en Canarias, aseguró ayer que los incidentes no se habrían producido si el estadio no hubiese abierto sus puertas y permitido la entrada a todos los aficionados que se agolpaban fuera. Es posible. Sin embargo, más allá de la investigación y la reconstrucción de los hechos, esta hipótesis no aborda el verdadero problema. Los campos de fúbol y de baloncesto de niños que ni siquiera han entrado en el instituto están plagados de padres que cada fin de semana actúan como matones. Se suben a las gradas y comienzan a despotricar del equipo contrario. No es la primera vez que una batalla campal similar tiene lugar en un pabellón o un descuidado campo de tierra de algún municipio. La violencia se respira en el ambiente. El lugar donde se deberían promocionar todos los valores asociados al deporte se llena de progenitores que no solo son incapaces de razonar, sino que se dedican a insultar y avergonzar a niños, es decir, a hacer apología de la violencia.

La educación explica muchas cosas, pero creo en la responsabilidad individual. Los protagonistas de lo ocurrido en Las Palmas tienen nombres y apellidos. Si generalizamos siempre, si optamos por relativizar y contextualizar cada desastre que ocurre, todo valdrá. Podemos y debemos buscar explicaciones, pero no legitimarlo todo.

Antonio Vega, el documental




Nadie está seguro de quién fue La chica de ayer, pero todavía hoy suena en El Penta y en miles de locales de todas las ciudades del país. Antonio Vega Tallés compuso esa canción cuando aún estaba en la mili, mucho antes de fumarse el primer porro y beberse la primera cerveza -lo hizo a los 22- y de adentrarse en un mundo lleno de excesos en el que la heroína marcó su vida personal y profesional. Esta y otras historias aparecen en el documental de Paloma Concejero Antonio Vega, tu voz entre otras mil, que este fin de semana se proyectó en el Tenerife Espacio de las Artes (TEA) y que ha estado cargado de polémica desde que se estrenó. El trabajo, 124 minutos donde tienen cabida desde sus compañeros de profesión hasta importantes nombres de la movida o su propia madre, es un recorrido por la personalidad y el significado de las letras del artífice de Nacha Pop. Sin embargo, a pesar del ejercicio de admiración de la periodista a la hora de elaborar la biografía, su familia no ha reaccionado bien. Ven pocas luces y demasiada oscuridad en la historia de un hombre que (literalmente) nunca dejó de observar las estrellas y al que el mundo se le quedó pequeño mientras intentaba desentrañar los secretos del universo. No dejó de subirse a los escenarios hasta que en mayo de 2009 murió. Pocos meses antes había visitado por última vez Tenerife, cuando ofreció una más que digna actuación en el Búho Club a pesar de su evidente fragilidad. La pregunta obligada es: ¿se podía haber recorrido la vida de ese hombre que empezó a ver sombras en color sin hacer especial hincapié en la droga?

La obra de Concejero está plagada de grabaciones inéditas en Súper 8 -el padre de Antonio siempre tuvo la obsesión de grabar a su familia-, de confidencias, reproches y angustias que ningún medio publicó, además de incontables fotografías que fueron proporcionadas por las personas más cercanas al artista. La directora, que también llevó a cabo el trabajo de documentalista, consiguió que nadie importante en la vida de Vega se quedara sin aparecer. Ellos hilvanaron un relato en el que no fue necesaria otra voz en off que explicara sus caídas y remontadas, cómo estaba siempre a medio camino entre la genialidad y la autodestrucción. Para sus hermanos o su madre puede ser difícil de aceptar, pero el crítico Javier Ocaña ha justificado perfectamente el trabajo: “Drogadictos ha habido, hay y habrá, pero no todos son merecedores de que alguien cuente su historia y esta resulte atractiva; compositores de canciones también hay muchos, pero el interés de sus vidas no tiene por qué ser dramáticamente elevado”. El autor de la banda sonora de una generación merece pasar a la posteridad y este documental es la forma perfecta de hacerlo. No se trata de mitificar, solo de reconocer a un hombre que fue tan adictivo como vulnerable a las adicciones.

4 de junio de 2014

Mi 'no' a las prospecciones petrolíferas en Canarias


(Imagen: plataformas petrolíferas en el puerto de Santa Cruz)

La honestidad no ayuda a solucionar todos los problemas, pero sí a ser más justos, que ya es bastante. Este lema sirve para casi todo; también para tomar partido en las prospecciones petrolíferas sin el riesgo de ser incoherente y, lo que es peor, insolidario. Desde que la guerra de las extracciones petrolíferas comenzó en 2001, Canarias -por ineficacia local o por inoperancia central- apenas ha diversificado sus fuentes de energía. Las cifras oficiales no dejan mucho margen a la subjetividad. La dependencia del petróleo en las Islas es hoy del 97%: la materia prima es fundamental para transportar mercancías en barco, hacer trayectos en avión, moverse en coche o, incluso, desalar agua. En un territorio fragmentado, con un desarrollo urbanístico tan nefasto que favorece el uso del coche, una densidad de vehículos muy superior a la media nacional y una penetración de las renovables ridícula, vivir sin petróleo es imposible. En el resto de España la situación no es mucho mejor: la escasez de energía es una constante que condiciona las relaciones con otros estados y hace extremadamente vulnerable a un país obligado a comprar fuera su energía. ¿Significa eso que tenemos que aceptar que Repsol perfore el lecho marino en busca de un oro negro en extinción?

En 2012 España tenía cuatro fuentes principales de crudo: México (14,7%), Nigeria (14,3%), Rusia (13,9%) y Arabia Saudí (13,3%). Irak, Libia y Venezuela se situaban a continuación en la lista de suministradores. Es decir, la energía que llegaba a nuestros hogares y arrancaba nuestros coches era proporcionada, en su mayoría, por regímenes capaces de elevar el PIB de sus países sin mejorar una décima la calidad de sus habitantes; sistemas, en definitiva, poco o nada democráticos que se caracterizaban por un escaso o nulo cumplimiento de los derechos humanos.

La seguridad energética es competencia estatal, pero el Partido Popular ha olvidado que en un sistema descentralizado como el español es una obligación, además de una cuestión de sentido común, llegar a acuerdos con las comunidades autónomas. Los ciudadanos canarios tenemos derecho a a exigir que la rentabilidad no sea privada y a poner en una balanza todos los perjuicios y beneficios que reportaría el petróleo. Por un lado, el riesgo de un vertido y su efecto demoledor en nuestro sistema productivo y en el ecosistema marino; por otro, todo el empleo, directo e indirecto, que genera una economía cimentada en el turismo. Entonces, si así lo creemos, podremos decidir que no vale la pena colocar plataformas petrolíferas en nuestras costas. Es comprensible decir que no, pero mejor si es sabiendo de dónde viene la energía que consumimos y lo simple y absurdo que es en un mundo global boicotear a Repsol por un enfado local. En la vida no siempre se puede ser coherente, pero sí honrado.

2 de junio de 2014

Canarias, Gibraltar y el Sáhara: tres casos diferentes desde el punto de vista del Derecho Internacional

(Escrito en Septiembre de 2011 – Canarias como frontera sur de la Unión Europea)

“En los territorios en fideicomiso y no autónomos, y en todos los demás territorios que no han logrado aún su independencia, deberán tomarse inmediatamente medidas para traspasar todos los poderes a los pueblos de esos territorios, sin condiciones ni reservas, en conformidad con su voluntad y sus deseos libremente expresados, y sin distinción de raza, credo ni color, para permitirles gozar de una libertad y una independencia absolutas” .

Este párrafo, recogido de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, surgida de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de Naciones Unidas (14 de diciembre de 1960), es una muestra de la voluntad internacional de acabar con el sometimiento colonial. Se escribió 15 años después de que la Segunda Guerra Mundial llegara a su fin. Sin embargo, la necesidad de emancipar a todos esos pueblos que vivían sometidos a las metrópolis europeas era un objetivo que se había impulsado muchos años atrás. La Primera Guerra Mundial culminó con la intervención de Estados Unidos y los 14 puntos de Wilson. El presidente norteamericano leyó un discurso en 1918 en el que exigía velar por el derecho a la libre determinación de los pueblos . Tras la contienda, se promovió la Sociedad de Naciones -precursora de Naciones Unidas- , cuyo objetivo principal era salvaguardar la paz en el mundo. No consiguió ninguno de los retos que se fijaron con su nacimiento. La prueba de ello es que el conflicto colonial persistió, que la Sociedad desapareció y que en 1940 estalló la Segunda Guerra Mundial.

Al término de la conflagración se produjo en todo el mundo un acontecimiento histórico sin precedentes: millones de personas que habían estado bajo el yugo colonial
iniciaron la transición hacia su independencia política. Un camino que se llevó a cabo, en parte, gracias al papel que jugó Naciones Unidas. A principios del siglo XX aproximadamente el 90% de África y el 95% de Oceanía se encontraban bajo el sometimiento de los gobiernos desarrollados . La Declaración acuñada por NNUU se sustentó en dos principios de idéntica importancia: el derecho a la autodeterminación de los pueblos y la salvaguardia de la integridad de los estados. Estos dos criterios son los que marcan las diferencias en los tres en los tres territorios que se analizarán: Canarias, Gibraltar y el Sáhara.

Canarias: conquistada pero no colonizada
La historia de la conquista de Canarias en el siglo XV demuestra que el Archipiélago no puede considerarse en ningún caso una colonia, lo que no quiere decir que no sufriera los efectos de cualquier empresa conquistadora. La apropiación del territorio se llevó a cabo durante casi todo un siglo y, como toda contienda de esta índole, dejó muertos a su paso. Ocurrió en la misma centuria en la que España se constituyó como estado moderno. Isabel I, reina de Castilla, y Fernando de Aragón, a los que la historia bautizaría como los Reyes Católicos, lograron unir los diferentes reinos que conformaban España. Se trató de un proceso lento y laborioso: durante mucho tiempo las leyes y las instituciones de ambos reinos continuaron siendo autónomas. En el período de gobierno de los monarcas (1474-1514) se produjo la conquista de Granada, la incorporación de Navarra, la fundación de la Inquisición y el descubrimiento del “Nuevo Mundo”, entre otros acontecimientos destacados. Al Archipiélago, desde principios de siglo, habían llegado expediciones de varias regiones europeas con ansias de materias primas, esclavos y otras riquezas.

Este interés por Canarias, por la explotación de sus recursos (a pesar de que no tenía oro ni plata) y por su importante posición, generó un proceso de mestizaje humano y cultural. Hasta las Islas llegaron inmigrantes de Europa y también salieron canarios rumbo a América.

La adhesión de Canarias a España se produjo, por tanto, de manera simultánea a la gestación del propio Estado español (en su concepción de Estado moderno). Cuando la comunidad internacional decide abanderar el proceso de independencia de los pueblos no autónomos (1960), Canarias no cumple ninguno de los requisitos necesarios: el territorio fue usurpado bajo el derecho de conquista, no puede acceder a la autonomía ni por la vía del derecho a la autodeterminación (no existe un pueblo diferente y subordinado al que vive en la metrópoli) ni por la de la vulneración de la integridad territorial (caso de Gibraltar).

Es necesario destacar algunos de los hechos de la historia de Canarias una vez que pasó a pertenecer al reino español. A pesar de que se trata de un sentimiento minoritario y hoy con escasa representación en las elecciones autonómicas, el movimiento independentista caló en el Archipiélago. Desde los años 60, Antonio Cubillo, abogado laboralista, empezó a reclamar el derecho de autodeterminación de Canarias. El movimiento condicionó a finales de los 60, y en algunos años de la década de los 70, la política exterior española. Sin embargo, nunca llegó a convertirse en un clamor popular. La vía exigida para lograr la independencia siempre fue el derecho a la libre determinación de un pueblo situado en otro continente y sin raíces españolas. El Comité Descolonizador nunca incluyó a Canarias entre el listado de territorios no autónomos. Bien es cierto que se trata de unas islas ubicadas en otro continente, es decir, se considera un territorio de ultramar como lo es Reunión, Martinica o la Guayana francesa. Esa singularidad hizo que la incorporación de España a las Comunidades Europeas trajera consigo un debate previo sobre cómo debía adherirse un territorio así. El resultado fue que entró a formar parte como un territorio “ultraperiférico”.

Este tratamiento diferenciado ya era habitual: las exenciones fiscales nacieron con la incorporación de Canarias a la Corona de Castilla. Este principio también quedó plasmado en el Régimen de Puertos Francos (1952) y en la Ley del Régimen Económico y Fiscal (REF) aprobada en el franquismo. La Constitución de 1978 también se hace eco de este hecho diferencial y de la necesidad de buscar la equidad en su artículo 138: “El Estado garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad consagrado en artículo 2 de la Constitución, velando por el establecimiento de un equilibrio económico, adecuado y justo entre las diversas partes del territorio español, y atendiendo en particular a las circunstancias del hecho insular”.

“Esta normativa, dictada por la Unión Europea, por el Estado español y por la propia Comunidad Autónoma de Canarias, cuya complejidad y extensión hace preciso sintetizarla en lo fundamental, relativa a los preceptos básicos que configuran el núcleo de la misma, comprende: la Constitución Española de 1978, el Tratado de Adhesión de España y sus disposiciones, concretamente, el artículo 299.2 del tratado de Ámsterdam, la disposición adicional tercera y art. 138 de la Constitución, los arts. 25, 26, 30, 31, 32, 76, 155, 173, 186 y 187 del Acta de Adhesión de España a la Comunidad Europea, de 12 de junio de 1985, y el Protocolo II especial de Canarias, Ceuta y Melilla, anexo al mismo, posteriormente modificado por el Reglamento (CEE) 1911/1991, del Consejo, de 26 de junio de 1991, relativo a la aplicación de las disposiciones del Derecho Comunitario en las Islas Canarias, y la Decisión del Consejo 91/314/CEE, de 26 de junio de 1991, por el que se establece un programa de opciones específicas por la lejanía en insularidad de las Islas Canarias, y la Decisión del Consejo 91/314/CEE, de 26 de junio de 1991, por el que se establece un programa de opciones específicas por la lejanía e insularidad de las islas Canarias (POSEICAN)” .

Por otro lado, si en análisis se centra en el aspecto conceptual, tampoco se sustentan las tesis independentistas. Al menos no las que argumentan que Canarias es una colonia en la actualidad. Según el Diccionario de la Real Academia Española, una colonia es un territorio dominado y administrado por una potencia extranjera. Canarias es hoy una comunidad autónoma con plena representación en el Parlamento español, igual que lo es Andalucía, Cataluña o Galicia.

Sin embargo, para expertos como el licenciado en Derecho Fernando Ríos, que actualmente desempeña las funciones de portavoz del Grupo Mixto (Coalición Canaria, CC) en las comisiones Constitucional, Ciencia, Tecnología y Mixta Congreso-Senado para la Unión Europea, Canarias fue una colonia hasta 1978, fecha en que nació la actual constitución española. “Hasta ese momento, la situación de Canarias era similar a la del Sáhara: los ciudadanos no tenían la posibilidad de participar en la vida política y, además, era -y es- un territorio extracontinental” .

El Sáhara o la distancia entre el derecho y la política
Hasta 1875 la presencia europea en África era muy escasa. Las potencias que habían desembarcado en el continente vecino sólo lo habían hecho en enclaves costeros. A partir del último cuarto del siglo XIX el continente africano empieza a despertar gran interés. Las sociedades geográficas comienzan a promover expediciones con objetivos académicos y se descubren materias primas. Los países ricos ven en estos hallazgos la posibilidad de emprender una nueva revolución industrial. A fin de cuentas, “no hacían falta demasiadas justificaciones para ocupar un territorio. Se consideraba susceptible de ocupación aquel cuyos habitantes no estaban organizados en régimen de Estado. Si lo estaban, se trataba de dar una base legal a la ocupación” . Los problemas surgieron cuando las naciones conquistadoras coincidieron en sus ambiciones expansionistas. Estas confrontaciones dieron como resultado la celebración de la Conferencia de Berlín, que se se llevó a cabo del 15 de noviembre de 1884 al 26 de febrero de 1885, y sentó las bases de un nuevo colonialismo europeo. África, dividida con escuadra y cartabón, comenzaba una historia de tragedias que todavía hoy persiste. Antes de esta cita, España, gracias a los pescadores canarios, ya tenía presencia efectiva en la costa africana más próxima al Archipiélago. Se consideraba que ésta era la vía natural de expansión. Sin embargo, no salió muy contenta de la Conferencia de Berlín, donde obtuvo “una exigua ración de la tarta colonial en la que se incluyen el Protectorado marroquí en el norte, y en el sur (Tarfaya), Ifni, Saguia el Hamra y Río de Oro (Sáhara Occidental) y Guinea Ecuatorial”.

Los problemas para los conquistadores surgieron al concluir la Segunda Guerra Mundial, momento en el que los movimientos independentistas empezaron a generar quebraderos de cabeza a los gobiernos de las metrópolis. España se deshizo de sus últimas posesiones en el continente con la firma de los polémicos Acuerdos de Madrid, en 1975, en pleno ocaso del franquismo, incumpliendo las exigencias internacionales de llevar a cabo la descolonización del Sáhara y dejando la antigua provincia española al antojo de Marruecos. Ya Naciones Unidas, desde que España entrara como miembro de pleno derecho en 1956, le había preguntado al gobierno español si administraba algún territorio no autónomo. Durante dos años las respuestas siempre fueron negativas, pero en 1958 se añadió un nuevo argumento: el ejecutivo español sostuvo entonces que no tenían colonias, sólo provincias. NNUU aún no contaba con un texto legal que regulase el derecho a la libre autodeterminación de los pueblos. Llegaría en 1960, cuando la Asamblea General aprobara -con 89 votos a favor y 9 abstenciones, entre ellas la de España- la Declaración sobre la concesión de Independencia a los países y pueblos coloniales, conocida desde entonces como Resolución 1514 (XV). El texto señalaba con claridad que todos los pueblos tenían derecho a ejercer el derecho a la autodeterminación y advertía de que las carencias políticas, sociales o económicas no podían ser utilizadas como una excusa para retrasar el proceso de independencia (es el motivo por el cual fracasó la descolonización tras la Primera Guerra Mundial).

En esta especie de carta magna de la descolonización, Naciones Unidas recordaba que el ejercicio de este derecho no podía atentar contra la integridad territorial de los países. Estos dos criterios son los que se han usado para argumentar a favor y en contra de la descolonización del Sáhara, un asunto todavía pendiente hoy. Sin embargo, no debería ser motivo de controversia. La opinión consultiva emitida por la Corte Internacional de Justicia (TIJ) en 1975, a petición de Naciones Unidas pero alentada por Marruecos, es clara y determinante. El Tribunal declaró que nunca habían existido vínculos de “soberanía territorial” entre Marruecos y el Sáhara Occidental, ya que no se declaró probado que Marruecos “haya ejercido una actividad estatal efectiva y exclusiva en el Sáhara Occidental”. Según el TIJ, sólo existían vínculos de vasallaje entre “ciertas, pero sólo ciertas” poblaciones nómadas del territorio y el sultán marroquí. Estas declaraciones ponen en evidencia unos vínculos jurídicos entre el territorio y el Reino de Marruecos y Mauritana muy distintos a los alegados por el reino alauí y Mauritania. En opinión del Tribunal, esta relación no implicaba ni soberanía territorial ni co-soberanía ni inclusión territorial en una entidad jurídica .

En segundo lugar, el Tribunal subrayaba que el dictamen -requerido para ayudar a la Asamblea General de Naciones Unidas a pronunciarse sobre la tesis de Marruecos y Mauritania según las cuales uno y otro habrían tenido vínculos jurídicos con el Sáhara Occidental que pondrían en juego la integridad de sus países- no modificaba el derecho de la población saharaui a la autodeterminación. El texto emitido por la Corte es claro: el proceso de descolonización del Sáhara está regido por el reconocimiento del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui porque la descolonización no afecta a la “integridad territorial” de Marruecos. “El pronunciamiento del Tribunal Internacional debe entenderse como res judicata: el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui no puede ser ignorado, ni negado, ni vulnerado de ningún modo, por ningún órgano de Naciones Unidas. Y así, el Consejo de Seguridad en numerosas resoluciones ha reconocido el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui”.

Así y todo, lo cierto es que España, que era la potencia que administraba el territorio, no cumplió con su responsabilidad en ningún momento. Al principio, para sortear a Naciones Unidas, creó “la provincia española del Sáhara el 19 de abril de 1961, que estuvo vigente hasta el 18 de noviembre de 1975. “El régimen local del Sáhara quedaría dibujado con la aprobación del Decreto 3.29/62, que, además del Cabildo, desarrollaba los ayuntamientos, las juntas locales y el consejo de Yemaa de las facciones nómadas, que representan una adaptación a la singularidad de los habitantes del Sáhara (…). La población autóctona quedaba infrarrepresentada en estas instituciones, favoreciendo así un control efectivo por parte del colonizador” .

España estaba empeñada en conservar el Sáhara Occidental a pesar de que gran parte de África ya había accedido a la independencia. ¿Por qué?
La potencialidad económica del Sáhara no era ya un secreto. No existían demasiados estudios al respecto pero sí los suficientes como para engendrar fundadas sospechas de las riquezas que escondía el territorio. A partir de 1960 España concede permisos a distintas compañías petrolíferas para que inicien las prospecciones. Estados Unidos y Alemania, a pesar de estar presentes en Naciones Unidas y exigir a España por esta vía la descolonización, facilitaban recursos a España para mejorar las infraestructuras e iniciar la explotación del territorio. La desproporción entre las riquezas y la escasa población es fundamental para entender lo que ha ocurrido en el Sáhara después de 1962.

Esta situación no cambia hasta que “el representante español en la ONU, Piniés, acepta, el 7 de diciembre de 1963, la aplicación del principio de autodeterminación en el Sáhara. En esta fase varias resoluciones de Naciones Unidas trataron sobre el Ifni y el Sáhara.

Marruecos intentaba que ambos territorios se analizaran conjuntamente. Sin embargo, desde 1966 la ONU les otorgó distinto régimen jurídico: mientras Ifni era considerado como una colonia que afectaba a la integridad territorial de Marruecos y cuya descolonización exigía la retrocesión a Marruecos, el Sáhara era considerado como un problema colonial que no afectaba a la integridad territorial de ningún otro Estado y cuya descolonización exigía un referéndum de autodeterminación. Desde la resolución 2.229 (XXI), de 20 de diciembre de 1966, la Asamblea General de Naciones Unidas viene proclamando sin interrupción que el Sáhara Occidental es un territorio que debe ser descolonizado por medio de un referéndum de autodeterminación por cuanto el mismo no forma parte de la “integridad territorial” 17 marroquí” .

Gibraltar: la colonia ‘eterna’
Gibraltar es un territorio situado en el extremo meridional de la península ibérica, al este de la Bahía de Algeciras, que se extiende sobre la formación geológica del peñón de Gibraltar. Pertenece a Reino Unido desde que en 1713 se firmara el Tratado de Utrecht al término de la Guerra de Secesión española. Se trata de un territorio que debe acceder al proceso descolonizador porque vulnera la integridad territorial de España. La aplicación de los principios recogidos en la carta magna de la Descolonización al supuesto de Gibraltar se tradujo inicialmente en dos resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Res. 2070 (XX), 1965 y Res. 2231 (XXI), 1966), en las que, tras comprobar la existencia de una disputa sobre el territorio, se invitaba a las partes a negociar y recomendaba la aplicación de la Resolución 1514 (XV) en términos generales. Naciones Unidas no ha admitido, en ningún momento, el derecho a la libre determinación de Gibraltar, ni ha solicitado la celebración de un referéndum para que la población decida su futuro. “Resulta muy revelador contrastar las sustanciales diferencias que existen entre las resoluciones que la Asamblea General adopta sobre Gibraltar y las que adopta en relación con el Sáhara, supuesto en el que expresamente declaró el derecho a la libre determinación del pueblo saharaui y solicitó la celebración de una consulta popular por parte de la potencia administradora”.

El caso de Gibraltar es diferente porque se trata de un territorio que, en tiempos pre- coloniales, pertenecía a España. El cambio de estatus provocó la ruptura territorial de un estado soberano. “El Derecho Internacional acepta el concepto del derecho de retrocesión de un territorio en virtud de lazos históricos y reconoce el derecho a la reintegración en los casos de enajenaciones territoriales. Sin embargo, ello no determina de forma irrefutable la aplicación del principio de integridad territorial en el proceso descolonizador, sino que entran en juego un conjunto de factores que hacen referencia a la fuerza, contenido e intensidad de la demanda histórica, así como al hecho de que en dicho territorio no se asiente una población colonial genuina, titular de un derecho a determinar libremente su destino, lo que avala la aplicación del principio de integridad territorial que, así entendido, no chocará con el principio de libre determinación”.

Ello quiere decir que, en definitiva, el derecho a la libre determinación no resulta aplicable a todas las situaciones coloniales, pues para ello ha de identificarse un pueblo titular de tal derecho en el territorio. Si éste no existe, la consulta popular es innecesaria, y no cuenta con el aval jurídico internacional. Sin embargo, la inexistencia de un pueblo titular del derecho a la libre determinación no exime de la necesaria descolonización. “En tales procesos descolonizadores deberán tenerse en cuenta los intereses de la población –al objeto de protegerlos- pero no será determinante su voluntad”.
Prueba de esta última afirmación es la determinación tomada por Naciones Unidas a finales de los años 60. Reino Unido, que no estaba satisfecho con el curso de los acontecimientos, decidió convocar un referéndum en el que la población del territorio tenía que elegir entre si quería vivir bajo soberanía española o mantenerse vinculada al Reino Unido. El resultado fue abrumador: 12.138 votos a favor de seguir bajo el gobierno británico frente a 44 en contra, además de 55 votos nulos. Naciones Unidas tardó apenas tres meses en reaccionar y adoptó la Resolución 2353 (XXII) en la que condenaba el referéndum declarándolo contrario a las resoluciones adoptadas por la Asamblea General sobre la descolonización de Gibraltar.

A pesar de las declaraciones surgidas al calor de la Asamblea General de Naciones Unidas, el caso de Gibraltar no deja de suscitar dudas. A fin de cuentas, fue España quien cedió el territorio para saldar sus deudas de la guerra. Así y todo, el análisis concienzudo del texto jurídico también es complejo y ha suscitado numerosos debates a lo largo de la historia entre los dos países en conflicto. A mediados del siglo XX, este asunto tomó una nueva dimensión gracias al ministro de Exteriores español, Castiella, quien encabezó una nueva y dura etapa de reclamaciones. La ambigüedad terminológica es la que permitió volver a poner en duda la cesión hecha a través del Tratado de Utrecht. Durante siglos, la falta de claridad conceptual ha permitido indistintamente a España y Gran Bretaña justificar sus acciones. “De las palabras empleadas para limitar la cesión sin jurisdicción alguna territorial se ha derivado, en años recientes, un cuestionamiento del propio título de cesión. Durante los siglos XVIII y XIX tanto España como Gran Bretaña estuvieron de acuerdo en que lo que Felipe V cedió fue “la plena y entera propiedad, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre.”. La utilización de la palabra propiedad, entendida en el sentido del Derecho Romano, significaba que Gran Bretaña obtenía la soberanía de Gibraltar y no tan sólo su uso y disfrute”. Sin embargo, “el uso de la palabra propiedad en vez de la palabra soberanía infunde muchas sospechas de que España pretendió hacer una cesión sin que implicase la soberanía del terreno”.

No obstante, esta teoría, defendida por España, es muy diferente a la que sostiene Gran Bretaña. A juicio de los ingleses, que se apoyan en la lógica, España nunca planteó en sus negociaciones una cesión que implicara sólo el uso y disfrute de la Plaza porque Gran Bretaña jamás habría aceptado esa oferta. A fin de cuentas, estaba en la mejor posición para negociar y exigir por la fuerza la soberanía. Parece más factible creer que el tratado entre las partes se llevó a cabo en estos últimos términos. Aceptada esta posibilidad como punto de partida, deben estudiarse también los hechos que se han venido desarrollando a lo largo del tiempo y que han motivado España acuse a Gran Bretaña de “usurpación”. Los gobiernos españoles tuvieron claro siempre que la cesión se refería sólo a todo lo situado dentro de las murallas de la plaza. El resto seguía estando bajo jurisdicción española. Gran Bretaña, en cambio, siempre pretendió ampliar una posesión que le ha permitido intervenir de una manera inmejorable en la política mediterránea. Estas intenciones han quedado recogidas en la correspondencia que mantuvieron los gobiernos de ambos países. En las misivas, España siempre se negó, apoyándose en lo dispuesto en el propio Tratado de Utrecht. Así y todo, el avance es innegable. Lo han conseguido gracias a las diferencias en cuanto a los límites de la cesión. Una vez más, las ambigüedades han marcado el destino. Sin embargo, aunque España hiciera dejación de soberanía en algunos momentos y no reclamara con la misma intensidad todas y cada una de las violaciones del Tratado de Utrecht, “esto no otorga derechos a Gran Bretaña.

Para completar las discrepancias entre las dos partes falta observar lo que ocurre con el asunto del mar. Dice el derecho internacional hoy que las aguas territoriales están bajo la soberanía de los estados costeros. Sin embargo, no era ese mismo derecho el que regía las relaciones entre países cuando se firmó el tratado, por lo que resulta difícil hacer una interpretación unívoca de lo dispuesto en el tratado, concretamente del artículo X. Decidir quién tiene la soberanía de las aguas adyacentes al Peñón, teniendo en cuenta lo que se entendía por puerto de Gibraltar cuando se firmó el acuerdo, es tarea compleja. Una vez más, las interpretaciones han alumbrado dos posiciones enfrentadas. Reino Unido reclama para sí las aguas adyacentes al Peñón en virtud del Derecho Internacional del Mar, que concede a los estados ribereños derechos soberanos sobre las aguas que bañan sus costas. España, por su parte, teniendo como base el propio tratado y lo que en aquella época se consideraba puerto de Gibraltar, niega tajantemente estos derechos a Inglaterra.

A la vista de las problemáticas expuestas, es evidente que la descolonización de este territorio por la vía de la reintegración territorial es una necesidad para España, que recuperaría muchos

14 de mayo de 2014

Contradicciones europeas: el problema de ir en una coalición


En clave nacional y con más abstención que nunca. Dicen los expertos -y lo corroboran los datos de los barómetros- que en España las elecciones del 25 de mayo serán un examen de los dos primeros años de legislatura de Mariano Rajoy. Pocos españoles acudirán a votar, y los que lo hagan decidirán en función de asuntos de política doméstica. En plena debacle de los estados nación, no lucharán por la Europa que quieren para los próximos cinco años. Premiarán o castigarán a un gobierno y a una oposición que cada día tienen las manos más atadas porque se han declarado plenamente europeístas.

A pesar de la desafección, y de la previsible alianza entre socialistas y populares para hacerse con la presidencia del Parlamento, tener presencia o no marca la diferencia en Bruselas y Estrasburgo, pero también en casa. La mayor parte de la legislación de los estados miembros se decide en las instituciones comunitarias. Los partidos regionales cuentan con dificultades añadidas a la hora de ganar protagonismo. España funciona como una circunscripción única, lo que hace que formaciones como Coalición Canaria deban buscar amigos para poder concurrir a las elecciones con posibilidades reales de representación. Por ese motivo, los nacionalistas han presentado su candidatura con PNV, Compromiso por Galicia y Convergencia y Unió en Coalición por Europa. Las encuestas dicen que esta unión solo logrará tres eurodiputados y que Javier Morales (CC), el cuarto de la lista, no obtendrá escaño. La pregunta es obligada: ¿defenderán los vascos o los catalanes las demandas isleñas?

Es difícil tener esperanza. El funcionamiento del sistema hace que Coalición por Europa esté destinada a desaparecer al día siguiente de las elecciones porque ninguno de los tres eurodiputados se adscribirá al mismo grupo parlamentario, tal y como ha ocurrido hasta ahora. Convergencia pertenece al grupo de la Alianza de Liberales y Demócratas por Europa, Unió forma parte del Partido Popular Europeo y el PNV, al Partido Demócrata Europeo.

A eso hay que añadir otra incoherencia. El programa de CC, “el único centrado solo en las Islas”, hace especial hincapié en el ‘no’ al petróleo. No es ninguna sorpresa, igual que no lo es que los catalanes lleven el derecho a decidir en su programa. Sí lo es que hace unos días cuatro de los cinco senadores del PNV optaran por abstenerse en una moción presentada por el PSOE -y apoyada por los populares de Baleares- para paralizar las prospecciones. La candidata vasca, Izaskun Bilbao, en declaraciones a la cadena Ser de Las Palmas, se desvinculó de la demanda para frenar los los sondeos y acabó diciendo: “Respetamos la postura de los canarios”. A los enemigos se les pide respeto; a los amigos, como mínimo, coherencia y apoyo.

30 de abril de 2014

Canarias, ultraperiferia cultural




Menos conciertos y todos en formato acústico. La crisis ha reducido a la mínima expresión el calendario musical en el Archipiélago y ha desterrado de los escenarios las baterías, los bajos y casi todos los teclados. Muy lejos han quedado los tiempos de los macroconciertos -Michael Jackson en la dársena pesquera o el Son Latinos en la playa de Las Vistas-, pero también aquellos días en los que las bandas llenaban la plaza de toros o el recinto ferial de Santa Cruz. Las administraciones, que hace unos años subvencionaban el billete y la tarifa de casi todos los artistas que copaban las radiofórmulas, hoy solo pueden destinar ridículos presupuestos a cultura. Y los empresarios, que en otros tiempos completaban con creces la agenda, hoy se lo piensan mucho antes de embarcarse en una aventura así. No hay dinero para sufragar conciertos y el público no puede, o no quiere, pagar más de 15 euros por espectáculo. El margen para el populismo cultural ha desaparecido y los emprendedores del sector no encuentran subvenciones a las que agarrarse. Así, traer al vocalista es el único reto que, de vez en cuando, se puede asumir.

Uno de los pocos empresarios arriesgados es el dueño del Búho Club en La Laguna. Su apuesta decidida por la música es mucho más que una simple declaración de intenciones. A pesar de las dificultades económicas -que incluso le obligaron hace unos años a suspender la actuación de Christina Rosenvinge porque no vendió entradas suficientes- no ha dejado de programar. Su oferta es discreta, pero constante. Este sábado, Xoel López presentó su primer disco en solitario en un Espacio Aguere abarrotado. También él vino solo, sin sus compañeros de ruta que en la Península siempre le acompañan (en furgoneta), pero fue capaz de llenar la sala. Se armó con dos guitarras diferentes, un ukelele, un teclado, un pedal de percusión y dos micrófonos que transformaban su voz de tal manera que parecía que había más de un músico sobre el escenario del antiguo cine. Fue una de esas noches difíciles de olvidar.

Luego, cuando acabó, llegó el momento de aterrizar en la realidad y asumir una triste certeza: Canarias se está quedando en la ultraperiferia cultural. No es solo un problema musical. Las películas que no están dentro del circuito comercial difícilmente se exhiben en las Islas, el repertorio de recitales es testimonial y las grandes obras de teatro, que escasean menos, se pueden contar con los dedos de las dos manos a lo largo de doce meses. La ausencia de bandas sobre los escenarios es la punta de un iceberg que nos negamos a ver.

24 de abril de 2014

Frases que nunca te dije


La red está plagada de páginas con citas y citas de eminencias de cualquier época y materia. Solo hace falta escribir en Google el nombre de alguna autoridad en literatura, medicina o astrofísica y el buscador hará su trabajo. Encontrará decenas y decenas de enlaces donde leer el mismo listado de frases. Algunas, muy pocas, pertenecen a la obra de su autor; otras, la mayoría, no se sabe de dónde vienen ni en qué momento pasaron a formar parte del legado inmaterial del personaje. Desde Hemingway hasta Ramón y Cajal, pasando por Sartre: la cantidad de frases que circulan por distintas páginas webs es enorme, pero lo que es realmente incalculable es el volumen de citas falsas. Dicen que Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez son los escritores que encabezan el ranking de autores con más atribuciones indebidas. Quién sabe. No hay evidencia empírica, pero lo que sí es cierto es que el fallecimiento del colombiano ha servido para observar una vez más el fenómeno. Nadie ha querido quedarse sin tuitear aquella enseñanza valiosa del premio Nobel. El problema es que para hacerlo no han podido recurrir a la memoria, han tenido que bucear en estas wikipedias cutres que son capaces de asignar a Gabo frases propias de cualquier manual de autoayuda y que en el mejor de los casos podrían ser de Paulo Coelho.

Esa necesidad, que se intensifica con los fallecimientos de la misma manera que las editoriales sacan ediciones especiales a sabiendas del éxito de ventas, es un rasgo característico de nuestra época. No es solo un síntoma de falta de sentido común y de ignorancia hacia el autor, que también; es, sobre todo, un ejemplo de ese afán de hacer todo a nuestra imagen y semejanza. No nos gusta la verdad, nos gusta nuestra verdad. También ocurre en la clase política, donde algunos dirigentes han preferido olvidar el vínculo entre Márquez y Castro y destacar su digna y férrea condena a la violencia en un país tan convulso como el suyo, y otros, en cambio, han optado por ensalzar su relación con el régimen cubano para legitimar el pensamiento propio. Queremos reconocerlo a él, pero sobre todo queremos reconocernos a nosotros mismos.

El mejor homenaje, no obstante, es el que implica acatar la revolución que lideró: esa fue en la literatura latinoamericana y la mejor forma de entenderlo es leyendo todo lo que tenemos pendiente. Así aprenderemos a calibrar la veracidad de las declaraciones y, de paso, descubriremos todo aquello que no cabe en un decálogo en Internet.

19 de abril de 2014

Por qué García Márquez odiaba las entrevistas


A Gabo no le gustaban las entrevistas. Hace años contó por qué. Se dio cuenta de que las entrevistas habían pasado a ser parte absoluta de la ficción, y que en ese camino, además de perder originalidad, se había permitido que aflorara la más burda manipulación. No sé exactamente la fecha, pero sí que han pasado ya más de 30 años desde que el Nobel de Literatura argumentara sus consideraciones acerca de este género informativo. Sus pensamientos sobre este asunto y de otros han quedado recogidos en un maravilloso libro, Notas de prensa. Obra periodística (1961-1984). Detro de él hay dos textos en los que el colombiano reconoce su aversión a las entrevistas. Se titulan ¿Una entrevista? No, gracias y Está bien, hablemos de literatura.

En el primero de ellos insiste en la necesidad de la complicidad, algo que hoy aterra a los periodistas de raza. “El género de la entrevista abandonó hace mucho tiempo los predios rigurosos del periodismo para internarse con patente de corso en los manglares de la ficción. Lo malo es que la mayoría de los entrevistadores lo ignoran, y muchos entrevistados cándidos todavía no lo saben. Unos y otros, por otra parte, no han aprendido aún que las entrevistas son como el amor: se necesitan por lo menos dos personas para hacerlas, y sólo salen bien si esas dos personas se quieren”.

Además, Márquez tenía la convicción de que cada vez que accedía a un encuentro con un redactor -concedió una entrevista al mes durante 12 años- ocurría lo mismo: siempre se repetía la misma entrevista. Él se esforzaba por que eso no fuera así, e incluso ideaba nuevas respuestas para las mismas preguntas. Una vez, cuenta, se quedó pensativo cuando su interlocutor le inquirió sobre su método de trabajo. “Si es muy difícil para usted esta pregunta puedo cambiarla”, dijo. “Al contrario, es una pregunta tan fácil, y tantas veces contestada por mí, que estoy buscando una respuesta distinta”. Al periodista no le hizo ninguna gracia la respuesta. ¿Cómo era posible que pudiera responder de manera diferente? ¿Acaso su rutina laboral cambiaba? ¿Su método de inspiración y materialización de esas ideas variaban?

El escritor, sin embargo, no atribuía el fracaso solo al periodista. “Tal vez los entrevistadores no se den cuenta de hasta qué punto nos duele su fracaso a los entrevistados, pues en la realidad no es un fracaso de ellos solos, sino, sobre todo, un fracaso nuestro. Siempre me quedo con la impresión sobrecogedora de que el domingo próximo, cuando los lectores abran el periódico, se dirán con un gran desencanto, y quizá con una rabia justa, que allí está otra vez la misma entrevista de siempre, del escritor de siempre”.

Hay entrevistas, en cambio, que sí recordó pasados los años. Rememora en Hablemos de Literatura una conversación de cuatro horas que mantuvo con Ron Sheppard, uno de los redactores literarios de la revista Time. Cumplía dos características fundamentales para él: la ausencia de “magnetófono” y que el diálogo se centrara en la literatura.

Es curioso, pero los periodistas tenemos un defecto evidente, y que, igual que muchísimos otros, no hemos sabido reconocer ni remediar. La mayoría de las veces que entrevistamos a un escritor de prestigio tendemos a interrogarle sobre sus preferencias políticas y sobre su capacidad de observar y analizar la realidad. Las preguntas sobre su oficio escasean. Creo sinceramente que lo hacemos por puro desconocimiento, por ignorancia, pero también porque estamos convencidos de que esos escritores que han sabido retratar la esencia del ser humano tienen que iluminar el futuro.

“(…) Sheppard sólo me habló y sólo me hizo hablar de literatura, y demostró, sin el menor asomo de pedantería, que sabe muy bien lo que es. La segunda es que había leído con mucha atención todos mis libros y había estudiado muy bien, no sólo por separado, sino también en su orden y en su conjunto, y además se había tomado el trabajo arduo de leer numerosas entrevistas mías para no recaer en la mismas preguntas de siempre. Este último punto no me interesó tanto por halagar mi vanidad -cosa que, de todos modos, no se puede ni se debe descartar cuando se habla con cualquier escritor, aun con los que parecen más modestos-, sino porque me permitió explicar mejor, con mi experiencia propia, mis concepciones personales del oficio de escribir”.

Por último, además de la repetición y del déficit literario de los encuentros con periodistas, Márquez también había advertido del peligro de la manipulación y así lo dejó escrito en su primer texto, ¿Una entrevista? No, gracias. Para explicarlo tomó como ejemplo una entrevista a Mario Vargas Llosa, del que estuvo alejado durante muchos años tras una mediática pelea.

“(…) me encontré con una entrevista a Mario Vargas Llosa publicada por la revista Cromos, de Bogotá, con el siguiente título: «Gabo publica las sobras de Cien años de soledad». La frase, entre comillas, quiere decir, además, que es una cita literal. Sin embargo, lo que Vargas Llosa dice en su respuesta es lo siguiente: «A mí me impresiona todavía un libro como Cien años de soledad, que es una suma literaria y vital. García Márquez no ha repetido semejante hazaña porque no es fácil repetirla. Todo lo que ha escrito después es una reminiscencia, son las sobras de ese inmenso mundo que él ideó. Pero creo que es injusto criticárselo. Es injusto decir que la Crónica no está bien porque no es como Cien años de sociedad. Es imposible escribir un libro como ése todos los días»”.

Gabriel García Márquez murió el 17 de abril de 2014. El mundo entero ha ensalzado sus virtudes: es una forma muy noble de decir adiós. Los periodistas, que hemos liderado ese reconocimiento, tenemos muchísimo que aprender todavía de él. Seguramente ese es el mejor homenaje.

2 de abril de 2014

La politización de Twitter (o el poco sentido de lo público que tenemos)

Menos política y más políticas. El debate del estado de la nacionalidad canaria se celebró la semana pasada en el Parlamento, pero también en internet. El presidente del Gobierno y los portavoces acudieron al edificio de Teobaldo Power con el mismo objetivo de siempre: convencer a sus acólitos de sus verdades sin matices, de sus luces sin sombras, de que su fe es la correcta. En las redes sociales ocurrió algo parecido. La etiqueta impulsada desde Presidencia del Gobierno para seguir y comentar el debate fue #DNC14 y se utilizó hasta en 4.755 ocasiones, según la empresa especializada MMI Canarias. El hashtag, liderado por Presidencia del Gobierno, fue tendencia en la red social de microblogging. De hecho, se convirtió en trending topic. Pero, ¿quién participó en esa conversación cibernética? Y lo más importante: ¿cómo?

Casi todas las instituciones públicas han entendido que las nuevas tecnologías han transformado profundamente la manera de relacionarse con los ciudadanos. Lo que se han negado a comprender, tanto en la realidad como en el mundo virtual, es que las administraciones públicas existen para prestar servicios y no para actuar como brazos políticos del partido de turno que esté en el poder (y en nuestro caso no hay muchos turnos).

Durante los días que duró el debate, varias consejerías se dedicaron a retuitear (compartir) o a narrar en directo parte del discurso del presidente Paulino Rivero. En el timeline de las consejerías se podían leer mensajes criticando la gestión del gobierno de Mariano Rajoy y la postura de sus compañeros de misión en Canarias, y promesas propias de cualquier campaña electoral. A veces los retuits estaban relacionados con la actividad de la consejerías y otras no.

Esa ignorancia manifiesta sobre el sentido de lo público me ha recordado la sincera denuncia que hacía Antonio Muñoz Molina en Todo lo que era sólido. Decía el escritor que la carrera administrativa desapareció de los programas electorales a finales de los 70 y principios de los 80, época en que se optó por leyes más elásticas bajo la premisa de acabar con la eternización de la burocracia. Al mismo tiempo, sin embargo, se empezaron a suprimir los mecanismos de control que tenían que garantizar la calidad de la democracia. Todavía estamos pagando ese olvido. Twitter es solo un ejemplo, pero cuanto más politizada esté una administración “menos continuidad habrá en proyectos que deberían ser a largo plazo” y menos personas capaces seguirán luchando, porque “quien por integridad personal y por vocación hace bien su trabajo comprende que daría lo mismo que lo hiciera mal, e incluso cumpliendo con su deber se gana el rechazo de los que mandan”.

17 de marzo de 2014

Una injusticia poco rentable

No hay que apelar a la solidaridad o a la justicia social. En tiempos donde proliferan los valores espurios, donde solo los criterios economicistas parecen cumplir con la lógica, basta con hacer cuentas para entender que las ayudas a la educación generan más beneficios que pérdidas, y que todos no son a largo plazo. Lo demuestra el estudio Crisis fiscal, finanzas universitarias y equidad contributiva, la séptima entrega de un proyecto de la Fundación Europea Sociedad y Educación. Las becas no solo garantizan la igualdad de oportunidades sino que son rentables. Los estudiantes que reciben ayudas acaban la carrera dos años antes que el resto de sus compañeros. Ese tiempo no solo se traduce en mejores datos de rendimiento académico y en centros que ocupan puestos más competitivos en los rankings. En un sistema público como el español, donde como mínimo el 82% de la carrera es costeada por el Estado (ese porcentaje de la primera matrícula se financia a través de impuestos), terminar los estudios antes significa un ahorro para todos.

Es comprensible, pero no justo, que sean los alumnos con menos recursos los encargados de mejorar las estadísticas educativas. Sobre ellos recae todo el esfuerzo, especialmente después de que el Ministerio de Educación haya endurecido los criterios para obtener una beca y exija aprobar prácticamente todas las materias para mantener la prestación.

Dicen que así se premia la excelencia, pero no es cierto. En realidad se aplaude la mediocridad: los que tienen más dinero son los que pueden permitirse formalizar segundas, terceras y hasta cuartas matrículas. No son ellos los que abandonarán sus carreras, los que serán incapaces de afrontar las tasas sin una beca o los que se verán obligados a devolver la ayuda si no alcanzan los requisitos. Parece que los únicos que están obligados a hacer un uso eficiente de los recursos públicos son los que menos tienen. El compromiso con la Universidad es solo de los becarios.

No deberíamos olvidar que nuestro estado de bienestar sigue contemplando que la universidad sea subvencionada por todos, pero también que debe ser para todos, no solo para los que hayan nacido en una familia de clase media. Seguir permitiendo esta desigualdad de oportunidades sería patentar una injusticia y, encima, una injusticia poco rentable. No parece una buena idea ni para los defensores del déficit cero.

26 de febrero de 2014

Uno de los nuestros

Al principio sus reportajes parecían demasiado tendenciosos y su actitud propia de aquellos que, a sabiendas de que tienen la verdad aprendida, acuden a donde sea solo para confirmarla. Sus preguntas se anticipaban a las respuestas y su voz delataba ese tono que solo da la superioridad moral. Decían que estaba revolucionando la profesión, devolviéndole la dignidad a un oficio denostado por unos y otros, y demostrando que la información, tratada por profesionales, puede emitirse por televisión en horario de máxima audiencia porque no solo es necesaria, sino rentable. Así, en poco tiempo pasó de ser cómico a hacer periodismo de autor. Su programa llegaba cada domingo a nuestras televisiones y a nuestro Twitter en forma de trending topic. Los temas siempre eran de actualidad y las entrevistas, cada vez más variadas y completas. Seguía siendo un showman, pero de otro tipo.

Todo iba bien hasta que se le ocurrió que una versión de la Operación Luna podía triunfar en España, y decidió atreverse con una parodia del 23-F. Sus seguidores no se lo perdonaron. Algunos consideraron que, como casi dice la canción, treinta años no es nada, y que un hecho tan trágico como el golpe de estado no puede despertar sonrisas y, mucho menos, carcajadas. Otros, simplemente, encontraron insulso y sin gracia el falso documental. La gran mayoría, en cambio, se enfadó profundamente y calificó el programa – “una historia de Jordi Évole”- como una mentira burda. ¿Cómo podía haber mentido así el redentor del periodismo moderno?

Évole no quiso grabar una parodia; lo cierto es que su objetivo declarado fue hacer un experimento. Demostrar a sus hinchas que las noticias, a menudo, llevan el disfraz del rigor y de la multiplicidad de fuentes, pero al final son solo historias falsas. Creo que en eso falló, pero triunfó en algo: muchos nos reímos, y eso es algo que necesita urgentemente este país.

Reconozco el trabajo de Évole, sobre todo a la hora de convertir el periodismo decente en un producto para el consumo de masas. Sigue sin gustarme que lleve puestas las conclusiones a las entrevistas, pero lo que más detesto es que muchos periodistas parecen haber encontrado en él el único ejemplo a seguir y, de paso, una excusa más para seguir analizando la profesión. Estamos tan ensimismados en nosotros mismos que estamos a punto de exigir nuestro propio debate del estado de la nación (periodística). Y ya sabemos para qué sirven esos encuentros: para hablar de todo sin decir nada, para olvidarnos más de la realidad.

5 de febrero de 2014

Estado de exhibicionismo

“Yo soy de las que piensan que las opiniones no deberían ser delito, por muy asquerosas que parezcan”. La frase es de una joven de 21 años que acaba de ser condenada a un año de prisión -que no tendrá que cumplir- y a siete de inhabilitación por un delito de enaltecimiento del terrorismo. “Prometo tatuarme la cara de quien le pegue un tiro en la nuca a Rajoy y otro a De Guindos” o “que vuelvan los GRAPO… necesitamos una limpieza de fachas urgente” fueron algunos de los mensajes que pudieron leer sus 3.183 seguidores en la red social y que alimentaron el argumento de la Audiencia. Los hechos sirvieron a algunos, además, para enredarse en el lícito y saludable debate sobre el alcance de las penas, pero sobre todo para otear los distorsionados límites que la libertad de expresión intenta trazar.

Decía Fernando Rodríguez Lafuente, el director del suplemento cultural del diario ABC, a cuenta de este asunto y del vertedero comunicativo del que somos causa y efecto, que en los últimos tiempos hay mucha opinionitis porque, por fortuna y evolución democrática, existe el derecho a opinar, pero se preguntaba si asumir ese derecho implicaba aceptar que todo vale. El estado de exhibicionismo que se ha conformado con las nuevas tecnologías como aliadas ha dejado al descubierto un escaparate peligroso. Las personas, hoy se llaman usuarios, han encontrado en Internet el placer de ser parte de la masa. Quieren las ventajas de la individualidad, pero sin dejar de sentirse amparados por el falso anonimato de la Red para comportarse como hinchas desalmados en un partido de fútbol. Internet se ha convertido en una especie de ring donde conviven tres perfiles que libran sus peleas. Están quienes apoyan la dictadura de pensamiento: si no opinas como yo estás contra mí; los que consideran que tolerancia es sinónimo de permitir injurias y despropósitos como los de la joven con ansias de justicia: eso sí, siempre que la ideología sea la correcta; y los supervivientes: los que pase lo que pase evitarán tomar partido sobre lo que realmente nos atañe porque, al fin y al cabo, eso es política.

Yo también soy de las que piensa que opinar no debe ser delito -pero la libertad de expresión solo se garantiza si entendemos que no aguanta todo lo que le echen-, que en estos tiempos necesitamos más opiniones que nunca y, sobre todo, que es imprescindible que alguien escriba un elogio de la tibieza. Y es urgente.

22 de enero de 2014

Desahucios hospitalarios

No está muy claro quién hizo el cálculo, pero el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, anunció a principios de esta semana que en los hospitales de las Islas hay 400 camas ocupadas por pacientes que ya han recibido el alta. El dirigente nacionalista, al que automáticamente se le acusó de vincular esa situación con la desastrosa gestión de la sanidad pública, llamó la atención sobre un problema muy grave y que irá empeorando a medida que pasen los años: qué futuro tienen los enfermos crónicos, los dependientes y todos los jubilados que malviven. Es decir, qué hacemos cuando nos hacemos viejos.

Su intervención, más o menos acertada según los gustos, habría salido en medios nacionales de cualquier forma, pero la repercusión tuvo mucho que ver con su definición de esta realidad. “Se trata de un problema cultural y nuevo”, aclaró. Es curioso. Numerosos organismos nacionales y foráneos llevan años alertando de las consecuencias del envejecimiento de la población. Antes de la crisis ya sabíamos que la esperanza de vida no dejaba de aumentar en los países desarrollados mientras descendía vertiginosamente la natalidad. Además, ahora, cinco años después de que la tormenta financiera empezara a descargar, la desigualdad se ha apoderado del debate público. España es el país donde más se empobrecen los pobres, por mucho que Mariano Rajoy dude del coeficiente Gini, el indicador usado internacionalmente para medir la desigualdad. Y esa certeza, corroborada por expertos, no es solo consecuencia de que nuestros bolsillos cada vez están más vacíos: es el resultado del sostenimiento de una determinada estructura económica y de la forma de gestionar esa crisis. Son los efectos de recortar el estado de bienestar.

En un debate reciente entre Irene Lozano, Félix de Azúa y José A. Rojo sobre el papel de los intelectuales publicado en la revista Letras Libres del mes de enero, la escritora decía: “El conocimiento técnico es importante para tomar decisiones. Pero la gran diferencia entre el intelectual y el experto es que el primero te da una visión moral, aunque en estos tiempos suene algo antiguo. No la visión utilitaria, sino las consecuencias que tienen las cosas más allá de lo que es práctico”.
Es interesante reflexionar sobre el papel de intelectuales y expertos. La tragedia, sin embargo, es evidente cuando ni los unos ni están ni se les espera en los puestos de responsabilidad. Y afecta a la infancia, a la juventud y a la vejez.

20 de enero de 2014

Kamikazes en Twitter

Un código de conducta para comportarse en la web. Hay muchos medios de comunicación que ya han ampliado sus guías de estilo y han incorporado directrices para navegar en las redes sociales. ¿Pueden posicionarse políticamente los periodistas en Internet? ¿Cómo se debe contestar a una crítica a una información? ¿Qué hacemos con los usuarios destructivos?

El defensor del lector de El País se hizo públicamente estas preguntas hace unos días, después de que alguien se quejara del trato dispensado por un redactor en la famosa red de microblogging.

Seguramente no era la primera vez que reflexionaba sobre los sinuosos límites de Internet. Explicaba Tomás Declós que los diarios anglosajones son mucho más estrictos y dan menos margen de maniobra a sus trabajadores. En algunas empresas informativas no se permite que los jefes añadan a sus subordinados a su Facebook (siempre ha de ser al revés para evitar la coacción) y la BBC, incluso, obliga a los periodistas a mantener relaciones idénticas con los partidos. Es decir, si un redactor pulsa en Facebook sobre el botón de ‘me gusta’ de la formación laborista también debe hacerlo en el perfil digital de la conservadora. ¿La razón? Evitar dudas sobre su imparcialidad.

El País, a pesar de los problemas que tuvo que atender el defensor, ya cuenta con un código de conducta en la web. Está muy lejos de los diarios ingleses. Solo son dos páginas que constituyen un alegato en favor de la cordura cuando uno se encuentra en el centro de un escaparate como es Twitter. El código está formado por 10 puntos: compromiso con los valores de la empresa, confidencialidad interna, veracidad, legalidad, respeto, corrección gramatical y ortográfica, responsabilidad en la relación con las fuentes, tratamiento de la información, diligencia en la resolución de crisis y sentido común. Hay, además, un apartado específico para los momentos de crisis que cuenta con otros cinco apartados: proporcionalidad, precaución, honestidad, agilidad y, una vez más, sentido común.
La guía establece una manera de relacionarnos con la empresa para la que trabajamos y a la que representamos. Muchos lectores echan de menos, a veces con razón, que los periodistas cumplan con estas directrices. Las pautas, sin embargo, son las mismas que debemos seguir en cualquier relación -del tipo que sea- que estemos dispuestos a mantener. La vida es empatía; Internet no iba a ser menos.

10 de enero de 2014

Una campaña de turismo alternativo: 7 artistas internacionales graban lo mejor de Canarias

Otra forma de exportar la marca Canarias. El Gobierno decidió hace unos meses apostar por una novedosa forma de hacer turismo: traer a siete de los videoartistas internacionales más seguidos en Internet, asignarles un presupuesto a cada uno que rondó los 5.000 euros, encargarles una Isla y pedirles que convirtieran en imágenes todas sus sensaciones. Los trabajos se proyectaron anoche en el Espacio Cultural Aguere con amplia acogida de público y, acto seguido, se colgaron en la plataforma Vimeo.

Rick Mereki, Matty Brown, Juan Rayos, Andro Kajzer, Günter Gherraert, Lea Amiel y Jean-Julien Pous participaron en esta iniciativa que cuenta con la colaboración del videomaker canario Derek Pedrós.


Este es el espectacular resultado:



TENERIFE

Tenerife - Matty Brown for #7stories #IslasCanarias from Canary Islands on Vimeo.

EL HIERRO

El Hierro from Jean-Julien on Vimeo.


GRAN CANARIA

MIRRORLAPSE from Rick Mereki on Vimeo.


LA GOMERA

A volcano in the sea from Juan Rayos on Vimeo.

LANZAROTE

The Lanzarote Effect from Lea et Nicolas Features on Vimeo.

FUERTEVENTURA

7 Stories - This is Fuerteventura from Andro Kajzer on Vimeo.

LA PALMA

Frames of Life from Günther Gheeraert on Vimeo.

8 de enero de 2014

Creer o no creer

“Es muy difícil vivir sin creer. La historia de la humanidad es el relato de los relatos que los hombres inventaron para escapar del horror del vacío, para no resignarse a que las cosas suceden porque sí y que la muerte es el fin de cada vida y que no hay un orden superior. No hay nada más lindo que creer aunque no te paguen, aunque no te amenacen: nada ha justificado más barbaridades que una buena creencia. Porque no hay nada más lindo que creer aunque, para eso, haya que cerrar muy fuerte los ojos y gritar amén más fuerte todavía”. Martín Caparrós, el argentino que practica con maestría un periodismo impertinente, hizo este elogio irónico de la fe hace justo un año en su blog -Pamplinas- cuando intentaba entender el férreo apoyo de algunos artistas de su país al gobierno de Cristina de Kirchner. En su balance de año nuevo ha recuperado un fragmento de este texto que se publicó a cuenta del cruce de cartas entre Ricardo Darín y la presidenta argentina, y en que el que decía que él no creía que el vínculo político de estrellas mediáticas como Fito Páez tuviera mucho que ver con la plata. Es algo que va más allá y que solo se explica si entendemos algo de las pasiones humanas.
Hay muchas listas sobre los acontecimientos más impactantes de este año que acaba de concluir. En todas se habla de la renuncia de Benedicto XVI y del ascenso de un nuevo papa que ha traído aires de cambio al Vaticano. La religión sigue teniendo un protagonismo innegable en el contexto mundial, pero ¿qué queda para quienes son incapaces de aferrarse a un Dios?

Las incertidumbres son mucho más difíciles de aplacar a medida que pasan los años, pero Caparrós tiene una respuesta que a mí me sirve y mucho: “A los que no conseguimos creer en inventos sobrenaturales, la política nos ofreció un remedio: creer en la posibilidad de cambiar radicalmente el mundo. Yo creí en ella -y, de otro modo, que intento hacer menos religioso-, creo todavía”.

Tampoco yo encontré ningún panteón que me convenciera. Solo personas corrientes, algunas que te entusiasman, otras que te defraudan y unas pocas que te molestan profundamente. Lo bueno de que no sean dioses es que no son eternos. El ser humano necesita creer para seguir caminando. Nuestra misión no es solo perfeccionar nuestras creencias, sino intentar ser personas más creíbles. Solo así seguiremos creyendo en algo, aunque ese algo cambie.

2 de enero de 2014

Un propósito incombustible

Las historias de Leila Guerriero suelen ser inusuales. Quizás porque ella tiene una habilidad que es también una rareza: sabe ver lo que otros no ven.  El escritor Jorge Carrión la describió hace unos días para El País Semanal como "una luminosa lectora de realidades". Me pareció la descripción más acertada. Solo así se explica que para escribir su último libro, Guerriero viajara hace dos años hasta un pequeño pueblo del interior de Argentina para contar la historia de un concurso de baile folklórico: el Festival Nacional de Malambo de Laborde. El malambo es un baile tradicional que practican los gauchos argentinos. Pero la historia que ella cuenta va mucho más allá de una competición. Trata sobre los retos y las metas que nos trazamos, sobre la necesidad de marcarnos objetivos y, además, de alcanzarlos con dignidad.

El relato de esta argentina que me deslumbró hace algunos años, y a la que desde entonces sigo con entusiasmo, me hizo pensar en ese ritual de retos y listas que hacemos cada vez que un año llega a su fin. La fecha solo es una excusa, pero me parece muy saludable que exista una fecha que nos obligue a hacer balance. Si no existiera, algunos encontrarían el momento de sentarse frente a la balanza y pensar qué fue de todo aquello que un día deseamos. Yo no sería una de ellos.

Por eso, por fortuna existe el 31 de diciembre. Aunque una llegue a esa despedida con un resfriado cogido a última hora.  Sea el 31, el 30 o el 2 de enero, al final se produce ese viaje en el tiempo, tanto hacia el pasado como hacia el futuro. Esta vez, con todos los fracasos y las sonrisas que también ha traído 2013, he llegado a la conclusión de que mi gran éxito de este año ha vuelto a ser un propósito que me trazo cada fin de año: ser consciente de que siempre tendremos que hacer renuncias, soportar mediocridades, pero que el verdadero éxito es saber dónde está el límite. Hay situaciones que no se deben soportar jamás: ni por una persona, ni por un trabajo, ni por nada. La combinación de ambas certezas es indispensable para no caer en la frustración. Solo así seguiremos encontrando tan luminosos muchos aspectos de nuestras vidas.

Feliz 2014.