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24 de abril de 2010

Nacionalistas somos todos

Billetes económicamente sostenibles, equipaje liviano de precio y, ahora, más acceso al empleo público. La ultraperiferia es la esencia de la política canaria en Europa, un argumento capaz de hacer más corto el océano que separa al Archipiélago del continente, pero también de corromper parte de un sistema de derechos pervertidos. El Gobierno canario está decidido a reservar las listas de sustitutos sólo para residentes canarios. En tiempos dominados por la ley de la selva, los gobiernos se olvidan de la unidad teórica que promulga el Viejo Continente a diestro y siniestro, y optan por recolectar votos inventando ayudas que arrastran incontables damnificados anónimos. Hubo un tiempo en el que inmigrantes llegados de Galicia o el Sur de América decían adiós a sus familias buscando un futuro mejor en unas islas que se observaban demasiado cercanas a África. Matricularon a sus hijos en nuestras escuelas, inyectaron mano de obra imprescindible para construir las infraestructuras que el turismo demandaba, escribieron parte del crecimiento demográfico y engranaron la economía de estas Islas. Hoy, muchos de estos protagonistas recuperan su espíritu viajero y vuelven a los hogares con los que la geografía, la casualidad y el destino, los agasajaron. Otros no hacen el camino de regreso, siguen por aquí, viendo como el concepto de extranjero se redimensiona, como el argelino Sami Naïr hace realidad sus profecías basadas en la sabiduría de una vida dedicada a estudiar los vaivenes de la inmigración: "Recortar los derechos de los inmigrantes es el primer paso para recortar los de todos". Lo dijo a principios de este mes, pero lo ha repetido durante años. Su sentencia cobra mayor sentido cuando uno mira hacia Vic, un territorio que es el paradigma mediático de la criminalización del foráneo. La ley ha hecho que la corporación legal desista en su empeño de no empadronar a los sin papeles. Ahora han encontrado otro mecanismo: informar al Estado puntualmente sobre todo aquel que ose buscarse un futuro por la zona. Este estado policial que pretende crear la corporación viola la Ley de Protección de Datos, según algunos expertos, además de poner en duda algunos pilares de la Constitución. No obstante, son estos mismos eruditos los que detectan en las actuaciones de esta administración catalana un adelanto normativo: la Ley de Extranjería, reformada, permite que la Policía acceda al padrón y agilice así su persecución, advierten. Norma impulsada por el mismo Partido Socialista que tanto puso el grito en el cielo cuando Vic decidió tomarse la justicia por su mano.

Dijo Jerónimo Saavedra hace algunas semanas que el nacionalismo local dejará de tener sentido cuando el PSOE defienda los intereses de los canarios. La política se esta decantando por atrincherarse en barricadas que se erigen con identidades tan volubles como peligrosas. El tiempo dirá si estos errores puntuales, este nacionalismo que va más allá de partidos con nomenclatura explícita, no engendra otra debacle más peligrosa que la económica. Porque, ¿quién velará por la solidaridad de quien no encuentre un grupo al que afiliarse?

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