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20 de marzo de 2012

Los suicidas de este mundo

Quiero contarles la historia de Las Heras. Las Heras es un pueblo argentino situado al norte de Santa Cruz, una provincia que estuvo bajo el mandato de Néstor Kirchner entre 1991 y 2003. Nació en 1911, cuando las obras del ferrocarril patagónico alcanzaron este territorio alejado de la civilización. No se construyeron más vías porque estalló la Primera Guerra Mundial, pero Las Heras ya tenía una parada en el mapa de ferrocarril. Todo volvió a cambiar a partir de los años 60, cuando se descubrió que bajo sus tierras se escondía mucho petróleo. YPF comenzó la explotación, pero al iniciarse la década de los 90 el gobierno argentino se alió con Repsol y optó por la privatización: hubo despidos y crisis, pero esa es otra historia. Lo que quiero contarles es lo que Leila Guerriero se encargó de publicar, en forma de crónica, para que el mundo conociera la tristeza de Las Heras. Empecé a pensar en ese libro cuando el Partido Popular decidió autorizar las prospecciones petrolíferas en aguas cercanas a las islas. O quizás fue mucho antes, porque el relato de Leila no va solo de muertes y petróleo.

Entre 1997 y 1999 una oleada de suicidios sacudió esta pequeña localidad petrolera. Doce jóvenes se quitaron la vida en dos años. Ni siquiera eran los primeros. La periodista Leila Guerriero viajó hasta este desolado paraje y visitó cada rincón del pueblo buscando una explicación (Los suicidas del fin del mundo, Tusquets). Su periplo quedó recogido en 230 páginas, pero no logró resolver el enigma: todavía hoy los suicidios siguen produciéndose en este lugar asediado por el paro y la falta de futuro para los jóvenes. Pero en Buenos Aires, y en el resto del mundo, los diarios siguen sin decir nada de los muertos del Sur. Nadie sabe qué ocurre allí; tampoco que en otros tiempos fue el lugar perfecto para empezar de nuevo. Ofrecía empleo y futuro a foráneos. ¿Les suena?

Las Heras vivió su boom del petróleo al mismo tiempo que las Islas experimentaron su boom del turismo. Pero Canarias siempre ha sido un punto geoestratégico. Su ubicación en el mapa hizo de este Archipiélago un enclave codiciado por grandes potencias a lo largo de los siglos. Fue escala en las rutas comerciales y una plataforma tricontinental desde la que mirar hacia África y Latinoamérica. En las últimas décadas, esta tierra de tradición emigrante creció, le sacó partido a su actual industria motor -el turismo- y se aprovechó de los beneficios de pertenecer a la Unión Europea. Hasta hace bien poco, así era Canarias. Sin embargo, era una realidad endeble: el crecimiento se había sostenido sobre una única industria, el turismo, despreciando todo lo que la sociedad del conocimiento podía ofrecer. Sin el cemento y el ladrillo no habríamos crecido, pero solo con cemento y ladrillo no podíamos crecer eternamente.

Hoy a los canarios les quita el sueño otro debate: decir sí o no al hipotético y futuro boom del petróleo offshore. Es un debate que se parece mucho al que renace cada vez que en este país se habla de energía nuclear, pero esa también es otra historia. No es una obligación estar a favor de que Repsol perfore nuestras entrañas ni estar en contra, lo único que sí debería ser un imperativo es que sepamos definirnos con argumentos, con información. Y, también, que dejemos que algunos se sitúen en medio, apoyándose en un relativismo que a veces es bueno, y otras, no tanto. Yo espero que, entre tanta consigna interesada y tanta desinformación, haya alguien que se dé cuenta de que no podemos volver a olvidarnos del boom que nunca llega: el de la economía del conocimiento. Se trata de que nuestros jóvenes se están marchando, de que esta huida masiva tendrá un impacto catastrófico sobre nuestra demografía, de que eso incidirá en las jubilaciones, las pensiones y los servicios sociales; se trata de que también tenemos que concentrarnos en lo que de verdad importa. Porque, con petróleo o sin él, estas islas lo tienen muy crudo. Ya es hora de que alguien piense en alternativas, de que alguien busque una respuesta a la inevitable pregunta que Canarias está obligada a hacerse: ¿Cómo evitamos el suicidio?

1 comentario:

  1. En tiempos como éstos, cuando las opiniones se forman antes de que se presenten los hechos, cuando las posiciones que unos y otros adoptan en el debate son tan previsibles, cuando las ideologías sustituyen a las ideas y los argumentarios a los argumentos, es muy saludable ver cómo alguien no tiene miedo a expresar sus dudas y a recordarnos lo que cree verdaderamente importante.

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